“¿Qué pretende Usted de mí?”1 No tengo cura.  Leo alguna nota y me quedo pensando.  A veces me pasa con alguna reflexión ajena, pero otras, con una propia.  Mi nota anterior (“Desapasionados”) me dejó colgado de la disyuntiva empleo-trabajo.

Isabel Sarli.

Isabel Sarli.

Al ratito de publicarla, como casi todos los días en horarios distintos a cual más incómodo, sonó mi teléfono de línea, atendí y era un telemarketer de Telefónica, para ofrecerme por enésima vez el servicio de Speedorry2.

De nada sirve que les diga una y otra vez que no quiero el servicio.  Ninguna de mis formas (les aseguro que son creativas, a veces) hace mella en el operador de turno.

Mi negativa más creativa fue dejarle sentir al operador que ya tenía conquistada la venta, con preguntas muy atinadas, mostrando interés creciente.  Hasta que le descerrajaba la pregunta mortal: ¿Junto al kit de instalación, me envían una computadora, no?  Porque sino voy a tener que habilitar Speedorry en la licuadora o el mixer…

Pude imaginar (no sin disfrute) la cara de mi anónimo interlocutor.  Se quedó callado un instante que pareció un siglo.  En su cuadrado esquema mental no concebía un hogar donde no hubiese una computadora.  Cuando asimiló la respuesta, me dijo –muy suelto de cuerpo- que cómo no le había dicho que no tenía ordenador.  Le contesté que él no me lo había preguntado, ni él ni ninguno de los 347 que me habían llamado anteriormente por el mismo tema, obteniendo una negativa de mi parte.

Por lo menos sirvió para que durante una semana como mínimo las únicas interrupciones telefónicas indeseables de ese período fuesen de un insistente cementerio privado (sabrán de mí algo que yo desconozco?) y una concesionaria de automóviles que me urgía a aceptar una bonificación especial en la compra de un cero kilómetro bajo el lema de ULTIMO AVISO.

Me quedé pensando en los empleos basura (operadores de call centers y telemarketers, en este caso).

¿Qué pretenden las empresas de mí, de nosotros?  Que pidamos servicios que no queremos, que aceptemos compras y promociones que no necesitamos aunque vayamos a rechazarlas luego, haciendo perder tiempo de trabajo a mí, a Ud. Y a sus empleados?

¿O encajarnos un servicio o producto en forma como mínimo desleal?

Porque como consumidores tenemos derechos, lo saben.  Y podemos accionar.

Los operadores/telemarketers no se la llevan de arriba en este caso, ya que son rechazados por mí y otros cientos de personas en forma diaria.  Algunos con insultos de por medio (la mayoría: hartos como yo de rechazar compras o suscripciones que no pedimos).

Pobres muchachos.  Ellos sólo reciben órdenes y se limitan a cumplirlas con un mínimo libreto estudiado a medias o leído de la pizarra grande que cuelga frente a los insalubres cubículos en los que tratan de cumplir su labor, o bien de post-its pegados alrededor de la pantalla de su estación de trabajo.

Como digo siempre en mi Sudacaland:

No es vida.


1. Mítica frase que se le atribuye a la actriz Isabel Sarli en la película “Carne”, donde es violada dentro de un camión frigorífico por unos cuantos personajes.  Cine erótico-bizarro de los setenta.

2. Llamo Speedorry a Speedy, por el servicio pedorro que brinda. Donde pedorro es la forma vulgar para ineficiente, malo, terrible y siga Ud. (Les dejo un link para leer.)

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