Cartel 500 dias juntosTom (Joseph Gordon-Levitt), el protagonista, suele ir acompañado del libraco “La arquitectura de la felicidad”, de Alain De Botton, y hasta se lo regala, sin mucho éxito, a su enamorada Summer (Zooey Deschanel). Marc Webb pretende todo lo contrario con su película: una arquitectura, o si se quiere cosmogonía, de la infelicidad. Lo suyo es la crónica de un batacazo anunciado, y Webb pone las cartas sobre la mesa desde el principio, con hallazgos visuales tan certeros como esa pantalla dividida en dos que responde a varias dicotomías: felicidad-infelicidad, expectativas-realidad, Tom-Summer… o simplemente es un juego de la Wii. Sirva esto último como ejemplo de que alguien tan airado como Webb, que comienza su obra con un enorme BITCH, luego no puede ponerse tan sutil y preciosista con la puesta en escena, como si se pretendiese un nuevo Gondry o algo parecido.

Pero modernidad obliga, y Webb desde el principio nos bombardea con pósters de los Pixies y Jesus and Mary Chain a modo de declaración de intenciones. Tiene gracia cómo puede ponerse en plan Jeunet para al momento siguiente recorrer la Nouvelle Vague y a Bergman en una pantalla ficticia o marcarse un número musical con dibujo animado incluido, pero, como hemos señalado ya, su virtuosismo y su camaleonismo -que lo delatan como proveniente del área del video-clip- difícilmente responden al espíritu de su obra. De la originalísima estructura del filme, empero, podríamos decir casi lo contrario: los días que anuncia el título se recorren desordenadamente, al menos en apariencia, y las dicotomías que mencionábamos en el primer párrafo se hacen mucho más patentes, a la vez que punzantes: colocar la efímera dicha al lado del desconsuelo más hondo a Webb le funciona hasta tal punto que nos pone un nudo en la garganta y nos obliga a apartar la vista de las escenas de felicidad, a compadecer a su protagonista masculino y a detestar a su antagonista femenina… aunque luego nos dore la píldora con un desenlace harto convencional, pero bien resuelto.

El que haya llegado hasta aquí, habrá inferido que Tom y Summer no pasan ni por asomo quinientos días juntos, y que se trata una obra de debut llena de luces y sombras, tanto por su desarrollo argumental como por sus logros cinematográficos, aunque en conjunto el balance sea positivo. Recuerda a las muy superiores Separados y Buscando un beso a medianoche, y también a Juno por tratarse de otro título de gran estudio (al menos, distribuido por él) que nos han hecho pasar por indie. No cuela, por muchas canciones de los Smiths que haga sonar.

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Web del autor: Dos para las tres

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