Mario Albarracín

Artista plástico autodidacta, dibujante. Nacido en la provincia de Tucumán, al Noroeste de Argentina. Explora diferentes técnicas y estilos en su camino de descubrimientos personales en el Arte. El dibujo es su expresión principal para su desarrollo artístico.

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Posteos por Mario Albarracín

Arte digital

Hoy le doy vacaciones a los pinceles.

Si bien son un maravilloso puente suave entre mis ideas y el lienzo, hoy decidí bucear un poco en las mansas y liquidas texturas de mis pinturas. Un viaje sensorial inicia una nueva aventura en mis descubrimientos estéticos por los terrenos de la técnica y sus ilusiones.

Los muros invisibles que la vida construye con el conocimiento limitan a la experiencia “el riesgo intento”.

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Amistad, fútbol y arte

foto 0 - Mario Albarracin - Mural CAT

“¡Los museos están repletos de obras! ¡Hay que sacar el Arte a las calles!”

Las palabras de un viejo artista todavía resuenan en mi memoria inmediata. Si bien los museos son las merecidas pistas de despegue para la elevación de los artistas, creo también que este vuelo debe estar sustentado por otros elementos que forman su universo personal, su vida.

En Latinoamérica, y en Argentina sobre todo, el fútbol forma parte de las emociones de la mayoría de las personas. Las calles se visten con los colores de tu equipo y el clima festivo esparce una contagiosa alegría que se mezcla con el humo de las parrillas que rodean los estadios.

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La paz del museo

Voy escapando del río de gente que invade las calles tucumanas estos días previos a la navidad. El gobierno ha inyectado sus divisas de paz social monetaria y todos salen a gastar las últimas gotas de dinero antes que termine el año. Las calles adornadas con dorado y rojo solo incrementan el calor y los Santa Claus abrigados en los comercios duplican la apuesta de sudor en estas tierras donde el calentamiento global da muestras de ser cierto.

Tuve un día lleno de locura y ansiedad en el trabajo. Necesito sacar la cabeza fuera de esta biosfera de consumismo que parece una enredadera de manos y pies.

Si hay algo bueno en el camino entre mi casa y mi oficina es el Museo Provincial de Bellas Artes. Su arquitectura francesa es realmente bella. Desde sus enormes puertas abiertas, me llama con su silencio.

Dos pesos… y adentro. (Aunque creo que los museos deberían ser de acceso gratuito).

Paz del museo - Mario Albarracin.

El contraste auditivo que se experimenta en su interior es notable, es como si entrara a otra dimensión.

No hay nadie.

Esto ya lo he visto varias veces. Aunque disfruto del atmosférico silencio, se que el precio de esta paz está pagado con años de olvido en la difusión de las Artes Plásticas y que los lugares de esparcimiento y cultura ahora son los Shoppings y los Centros comerciales donde las familias acuden a disfrutar de los avances de la moda y la tecnología, mientras disfrutan de algún cafecito entre miles de mesitas con amigos, mientras reniegan de que este país no avanza.

Las personas han mutado sus necesidades interiores por un materialismo vacío que no les permite pararse en la paz de un museo y emocionarse frente a una obra de Arte.

Seguiré escapando hacia las avenidas interiores del sentimiento. Alguna vez volveremos a mirarnos para adentro de nosotros mismos.

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Vencer el vacío

Meses antes de exponer, en mi cabeza rondaba un mural. Mi apartamento era el límite territorial para cualquier obra que sobrepasara el metro y medio. De todos modos, yo quería hacer un mural.

La sala ya la conocía y una pared curva en su centro se ocupaba de llenarme las noches de imágenes mientras intentaba dormir. Noches blancas durante algunas semanas. Cuando podía, me escapaba hasta la sala para mirar la pared, le había tomado fotografías pero no era lo mismo, necesitaba tocarla. Sentirla. Respirarla. Invadirla.

Soñé esa pared en mis silenciosas caminatas. Sabía que el mural era imposible en cuestiones técnicas y hasta económicas. De todos modos lo haría en mi cabeza y en mis papelitos pequeños, encerraría su alma como al genio de la lámpara.

Dibujé en el papel, pero pensando en la pared y toda esta carga de imposibilidades fue convirtiéndose en una especie de lucha de imágenes que buscaban su libertad en medio de las otras. Dibujé una realidad interior, un cielo esperado y un infierno material de un país estancado. Al final hice un trazado digital en mi computadora y entre los miles de nodos que formaron esta estampida gráfica, emergió mi mural soñado:

“Venga a nosotros tu reino” (así lo titulé).

Mario Albarracin - Sala Mural.

El dibujo digital lo imprimí sobre papel en dos partes de 5 metros y formé mi mural para esa pared que tantos días me había absorbido el sueño y que finalmente pude conquistar.

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Circulo cerrado, corazón abierto

Circulo - Mario Albarracin.

Desde que empiezo a trazar un dibujo en una tela, el universo pone en movimiento miles de engranajes que bombean cantidades enormes de ilusiones. Vidas paralelas surcan los cielos de la rutina sin cruzar sus vuelos. Las calles se llenan de gente, las plazas de pájaros vespertinos, las noches de sueños imposibles.

Las manos armadas de pinceles prosiguen su tarea sin sentir que en algún lugar, en alguna de esas paralelas vidas, se gesta el final perfecto de su mágica labor.

No lo saben. Ignoran ser parte de lo mismo.

El futuro es un misterio para las soledades concurridas de un artista. Acaricia la tela con colores que descubren su reservado interior, exprime las gotas de su timidez, grita sus mudos pensamientos con trazos ilegibles para muchos.

Termina la pintura. El lienzo late.

Temeroso pedazo de tela envuelto en su capullo de misterio, respira despacito colgado a la pared. Muchos lo miran, lo observan, lo analizan.

Nada parece alterar su destino bidimensional, serial, temporal. Hasta que unos pasos imprevistos estacionan accidentalmente frente a el, unos ojos desconocidos que conectados espiritualmente a sus colores, disparan a su portador rostro los eléctricos comandos que abren como ventanita una tímida sonrisa. Brillante. Silenciosa.

La observación se vuelve un silencioso dialogo espiritual. La obra está completa.

Las paralelas torcieron rectos destinos humanos para cerrar el mágico círculo de unir trazos y pinceladas con un alma ajena. Eso: es un “Milagro”.

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Ciudad Infierno

TUCUMAN 44º – “Ciudad Infierno”

Sol

Salir a la calle pasado el medio día es como entrar en una barca al infierno de Dante. El calor del cemento parece abrazar con locura. El aire esta caliente, respirar te llena los pulmones de temperatura asfixiante. El sol esta más blanco, como si Dios hubiese tocado los niveles del “Photoshop” para aumentar la luz en estos paisajes urbanos. Desde lo alto las nubes de tierra se mezclan con los serpenteantes hilos de vapor que hacen parecer lejanos espejismos acuáticos a lo lejos. Camino 3 calles y desde las alturas siento rugir los acondicionadores de aire, son tantos que juntos forman una sinfonía casi fabril, monótona, atemorizante, mecánica, ficticia y hasta triste.

Ya no me preocupa el infierno, lo tengo en estas ardientes esquinas reales. Infiernos interiores se arremolinan en mis pensamientos, comparando estas escenografías con mis coloridas mezclas de memorias y botecitos de pigmentos.

Tus caballos salvajes - Mario Albarracin.

La ropa se pega al cuerpo, húmeda, caliente. Dibuja veloces curvitas de transpiración entre mi respiración y el poco aire que corre en calles. Entrecierro los ojos, las siluetas humanas avanzan como escapando. Lo estético está presente… hasta en este infierno.

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El Cuatrero

El Cuatrero - OCT 2009

“¿Qué es el dibujo? ¿Cómo se puede aprender? Es trabajar a través de un invisible muro de hierro que parece interponerse entre lo que uno siente y lo que uno puede hacer”.

Vincent Van Gogh

(Pintura: Argamonte / Acrílico sobre tela)

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Tanguíneo

Mario Albarracin - Tanguineo.

Para pintar el tango hay que sumergirse en calles oscuras, tratar de entender los puñales que cortan el aire que sopla el sonido de un bandoneón, instrumento que extiende sus suspiros hasta convertirlos en calientes y afilados abrazos del alma.

Quién sabe que fantasmas rodean el cuerpo del músico, que dolores, que alegrías trazan el mapa de las cicatrices que su corazón no muestra.

Belleza, dolor, nostalgia, esperanza. Amor…

El caldo que mezcla las emociones del tango se sirve en cuerpos calientes que bombean su vino rojo entre las venas, como enredaderas que envuelven a los que se atreven a bailarlo.

Tango.

Declarado Patrimonio de la Humanidad / 2009

¿Qué tango hay que cantar?

Rubén Juarez.

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Universos Paralelos

Siempre sueño en conocer el Louvre, el museo más importante del mundo.

Quince millones de personas lo visitan anualmente. Desde muy temprano el público revolotea en las puertas para sumarse a la estampida inicial que poblará sus famosas salas. Los portales se abrirán y acelerados pasos brotaran entre sus brillantes pisos para llegar a la sala de la dama más visitada de esta monumental casa: “Gioconda”.

El patio

Un enjambre de manos y cámaras buscan su espacio entre esta enorme medusa de brazos para aprovechar los pocos segundos que la visita estipula, debido al flujo humano que coagula en toda la sala.

Es sábado.

Del otro lado del mundo me apuro por cruzar rápido la calle, las manitos frías de mis hijos se conectan a las mías, como prolongando las alas que los cuidan de los veloces taxistas tucumanos. En esta ciudad pequeña todos andan apurados, parecen una gran bandada de flamencos persiguiendo primaveras alejadas. Entre tanta inercia corporal las calles parecen las venas de un hipertenso.

Falta menos.

No muy lejos del núcleo central de la ciudad nos espera un pequeño oasis, un latido calmo de este corazón de casas y edificios. La puertita verde no se destaca de las demás puertas de la calle, esconde con disimulo un gran tesoro inmaterial y místico. El timbre interrumpe la paz interior del lugar delatando la nuestra presencia. Seguramente los duendes invisibles que habitan esta casa ya salieron corriendo a ver quien asoma y se enroscan en las piernas del caballero que viene a recibirnos.

El reino de Norita y Ramón

Son dos personas como salidas de un cuento de García Márquez, como dibujos, como pinturas con alma. Realismo mágico puro.

El patio

Ramón es un señor, de personalidad alegre y amistosa, pero marcadamente correcto para navegar las aguas de lo justo, gran conocedor de la cultura popular y admirador de la literatura poética nativa argentina. Habla de la música y sus autores como un naufrago al ver un velero en el horizonte, habla con sed, con pasión, habla con sabiduría. Defiende lo nuestro como un guardián, como un caballero.

Cruzamos los pasillos hasta llegar al famoso “Patio de los Veliz”. Bautizado así por la infinidad de poetas, músicos y artistas que se han sentado a la soleada mesa que se enarbola entre las plantas de mandarina y limón. Sus cuerpos abandonaron el lugar, pero los ángeles que los cuidaban, quedaron presos del encanto del lugar.

El Louvre me está quedando distante en el pensamiento.

Seguramente La Gioconda de Leonardo ha de darme alguna cita algún día. Otra dama la eclipsa este mediodía con sus carcajadas casi musicales que se funden en abrazos con el aire.

Norita, monopólica regadora de cariño, arrebata atenciones a su paso, creando efímeros motivos para brindar por la vida, chocando copas en su colorida mesa servida.

Las historias brotan de sus almas como vergeles inagotables. Sacan al sol pinturas y dibujos de amigos pintores que algún día van a colgar en sus paredes. Un quijote con ilustraciones de Dalí pasa de mano en mano, mientras se brinda por la vida.

Ya me olvidé del Louvre.

El patio

El quijote de Dalí reposa entre las copas ya vacías de liquido, pero llenas de afecto. El sol se arroja de cabeza sobre los cerros del oeste tucumano, en pocas horas derramará su tinta roja en el horizonte y los duendes de los Veliz reposarán en los rincones esperando que Norita abra las alas de sus manteles y Ramón encienda como un mago las brasas de su parrilla para celebrar la amistad… sublime, inmaterial y pura.

Alguna vez iré al museo de París… ¡y como voy a extrañar el Patio de los Veliz!

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Callejeros

Callejero.

Meter los pies en el exterior como si fuera un río, puede ser todo un desafío en las calles de mi ciudad.

Callejeros.

Seres callejeros.

Esta selva urbana cobija una interminable lista de especies que la habitan con diferentes necesidades y esperanzas. El futuro parece muy lejano para los que viven al día, el futuro es una quimera abstracta para los equilibristas del destino. “Carpe Diem” puede ser una filosofía genial, cuando uno la elige, pero cuando la realidad se calza sus lustradas botas de inequidad, patea con fuerza los traseros de los últimos de la fila social.

Las aceras aun transpiran las gotas de sus baños mañaneros y las baldosas sueltas se convierten en húmedas trampas para mujeres poco atentas que ven caer las lágrimas de barro por sus tobillos luego de pisar el flojo mosaico. Esquivar obstáculos es casi natural y evolutivo para todos, una destreza que afina sus cálculos con la edad.

Factores externos aumentan la dificultad de transito fluido. Desde vendedores ambulantes que portan lo último de Hollywood, hasta mágicos ungüentos para los dolores musculares; enormes frutillas que parecen corazones a un precio de liquidación y los molestos folleteros que apuntan sus impresas publicidades como si entregaran una roja braza en sus manos, como arrojar carnadas a este río de almas. A esta biosfera de destinos.

Los motociclistas.

Los motociclistas.

En el asfalto inmediato, otras especies. Centauros con ruedas surcan las saturadas calles: Los motociclistas.

Desde hace unos años, con el aumento del costo de los pasajes en el transporte público, y las facilidades que otorgaban las importaciones chinas, comprar una motocicleta y pagarla en 80 cuotas es más barato que pagar el pasaje mensual en bus. Sumado a esto la falta de trabajo y la deserción escolar, hoy enjambres de jóvenes alejados del estudio viven de hacer trámites y encargos particulares por mínimos pagos a su celeridad responsable.

Así las calles han mutado. Las mismas vías por donde hace 193 años llegaron las carretas de todo el país para declarar la independencia, hoy son pistas para humeantes escapes que apurados cruzan como salvajes estampidas. El tiempo es dinero.

Dueños de los rincones

Hay una especie que detecta estos cambios y emprende su revolución. Guerrilleros cuadrúpedos que militan en los rincones de la ciudad sin leyes humanas e imponiendo sus ideas con ladridos y sus manifiestos caninos. Por las noches atacan las bolsas de basura y durante el día alternan entre dormir en las plazas y sus débiles guerrillas contra las motos. Ellos ladran, nadie los escucha.

Este año aumentaron los accidentes en motos, la mayoría son jóvenes…

“Ladran Sancho… ¿Señal que aceleramos?.

El Boceto.Callejero.

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