Me había propuesto no escribir sobre política interna de mi país en este blog colectivo, por aquello de que los trapos sucios se lavan en casa, pero creo que las cuestiones centrales que estamos atravesando desde hace ya un tiempo considerable, ameritan un cambio en la rutina.

Quienes busquen información sobre lo que ocurre en Argentina a través de los medios de mayor circulación, no advertidos de la realidad mediática del país, si buscan el más mínimo reflejo de la realidad, deberán realizar algún esfuerzo.

Como en las más oscuras épocas de la dictadura más atroz del siglo pasado, los sufridos argentinos debemos no sólo leer entrelíneas, sino transformarnos en pichones de semiólogos, comparando el tratamiento de una misma noticia en los diferentes medios de comunicación. Y sacar nuestras propias conclusiones.

Para conocer la realidad actual, debemos hacer un poco de historia:

“En 1969, el gobierno de facto encabezado por Juan Carlos Onganía creó el Fondo para el Desarrollo de la Producción de Papel y Celulosa, por medio del decreto ley 18.312, para crear la primera empresa nacional de papel de diario. Con esto, las importaciones de papel de diarios aumentaron un 10% para la construcción de la primera fábrica de papel. Este impuesto duró 10 años. En 1972, el presidente de facto Alejandro Agustín Lanusse acordó con César Augusto Civita, César Doretti, Luis Alberto Rey y Editorial Abril S.A el control del 51% de la compañía, a pesar de hubo una llamada a licitación que quedó desierta.

Al poco tiempo, Papel Prensa pasó a ser controlada casi en su totalidad por Rey que, se sospecha, fue testaferro del banquero David Graiver. A su vez, a Graiver se lo relacionó con la organización Montoneros.

Cuando el banquero falleció en 1976, ‘convencieron’ a su viuda de que firmase el pre-boleto de venta de la planta. En 1977, se firmó el traspaso de Papel Prensa a los diarios Clarín, La Nación y La Razón. Luego, los miembros del Grupo Graiver fueron detenidos y sus bienes, intervenidos. Esto se hizo para que la herencia no perjudicara a los nuevos dueños de la papelera. Además, no recibieron el pago por la venta de la planta.

Debido a la polémica, en mayo de ese año, Clarín aclaró en el artículo “A la opinión pública”, que la compra de la compañía “se celebró a la luz pública y con el consentimiento previo y posterior del Estado”. Según la nota, se resguardaba el abastecimiento de papel para todos los diarios.

En 1986, el entonces titular de la Fiscalía Nacional de Investigaciones Administrativas de la Argentina, Ricardo Molinas, inició una investigación sobre las diversas compras que rodeaban a Papel Prensa. Estableció que la empresa costaba 250 millones, pero la venta a los tres matutinos se realizó en ocho millones.

En el 2000, el diario La Razón se declaró en quiebra y sus acciones, incluidas las que tenía en Papel Prensa, fueron compradas por el Grupo Clarín.” (Gracias, Wikipedia.)

Éste resultó el puntapié inicial del desmesurado crecimiento del Grupo Clarín, combinado con excepciones en la ley de radiodifusión (de la dictadura) obtenidas por obra y gracia del gobierno menemista en los años noventa, para que los diarios pudiesen acceder a medios radio televisivos.

Hoy es tal la maraña de medios controlados por el nefasto pulpo, que se torna casi imposible de creer por parte de cualquier persona con dos dedos de frente o una mínima cuota de sentido común.

Como siempre, lo urgente tapa lo verdaderamente importante.

Esas acciones obtenidas en forma –a todas luces- turbia, entre los gallos y medianoches de la dictadura, son el principio del debate que se viene dando hoy en nuestra maltratada sociedad.

Por esos años, al amparo de la impunidad que le otorgan los dictadores, la cabeza visible del holding, Ernestina Herrera Viuda de Noble, aparece adoptando en forma ilegal a dos niños a los que se les impuso el apellido Noble a pesar de que el portador original del mismo, había fallecido tiempo atrás.

Este es el principio de la historia, que me comprometo a contarles en los próximos posts.

-> Actualidad desde Sudacaland: Segunda Parte.