Diego S. "El otro Diego"

Ingeniero de profesión y futbolero de vocación, este extremeño de nacimiento y madrileño de adopción ha dedicado su vida a perseguir ese gol con el que muchas noches soñó . Futbolista frustrado, a día de hoy piensa fútbol en "El otro Diego" y desde ya, en vuestra isla. ¿Hay hueco para un par de porterías?

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Un tipo extrañamente normal

Un tipo normal, un tipo como cualquiera de nosotros. Un chico que podría ser el vecino con el que nos cruzamos a diario fue el elegido por los dioses de este deporte para abanderar el triunfo de una selección española que se ha erigido en el paladín del nuevo fútbol talentoso y ofensivo. El honor podría haber recaído sobre las espaldas de cualquier otro, todo jugador español habría pagado millones por poder entrar en la historia de la forma que lo hizo el tipo del que os quiero hablar hoy, pero el destino, más sabio que nunca, quiso que ese histórico premio acabase en las manos del número ‘seis’ de ese rojo conjunto que se mueve al servicio del fútbol.

Minuto 117 de partido, prorroga tensa, dura, incierta. La justicia deportiva andaba de camino, nuestro protagonista se estaba mostrando como el mejor jugador sobre el terreno de juego de largo, sobre todo en la el segundo acto del encuentro y en el tiempo extra. Balón que lleva a sus botas ejecutando un tacón imposible, jugada que sigue desde el otro lado del campo y que tras unos segundos, el de ahí arriba se encarga de volver a poner el jabulani a sus pies, balón que controla dentro del área para enganchar el disparo de su vida, chut cruzado a media altura que significaba el comienzo de una nueva era para este bendito deporte. Nadie mejor que este chico para hacer de ecuánime justiciero en este campeonato, un chico que ha conseguido hacer de este triunfo la victoria del fútbol por encima de cualquier otro argumento. El domingo, este tímido y pausado chaval certificó la eficacia del denostado “juego bonito”, juego ofensivo e imaginativo que desde hace 40 años lleva la etiqueta del fracaso mundial tras mundial.

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El protegido

Muchas veces en la vida nos encontramos  con personas con don, “con ángel”.  Suelen ser personas que emanan  una energía   inmensa allá  donde van, personas que desprenden una luz especial a su paso.  No sabría cómo explicarlo, desconozco la razón de este sentimiento,  pero al lado de  esas personas te sientes seguro, feliz, con  calma infinita, inmerso en  una sensación de paz impagable. Sabes que su simple presencia servirá para estar bajo cobijo, para sentirte protegido infinitamente.

Como todas las cosas especiales en la vida, estos no abundan, no es fácil dar con gente así pero os puedo asegurar que estas personas con estrella existen. Mirar  a la cara de  una de estas personas es suficiente para saber que estas ante uno de ellas, esa especial mirada   llena de luz no deja lugar a las dudas.

En el mundo del deporte, como en la vida, también nos encontramos con este tipo de personalidades. Deportistas  tocados por esa varita mágica de la suerte, tipos que cuentan con ese  don que hace que  su sola presencia sirva de amparo para todo un colectivo.

De la misma manera  existen sus inversos, esos deportistas o equipos lacrados históricamente por el mal fario, sensación  de la que cualquier atlético podría escribir toda una tesis. En la vida ocurre lo mismo, personas que se encuentran en el otro lado del espectro, personas que son el equilibrio a estos elegidos.  Personas como Roy Sullivan, que fue alcanzado siete veces por un rayo, o Violet Jessop, quien, a lo largo de su vida, naufragó tres veces, muestran muy a las claras que ese don especial no está al alcance de  todos, personas que como  Elijah Price representaba en el gran film de  M. Night Shyamalan “El protegido”, son el contrapunto a estos iluminados personajes.

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Muñecos de plástico

Hoy quiero hablar de mi padre, un futbolero de tomo y lomo, y más concretamente de su particular manía de ganar partidos antes de jugarlos, peligrosa costumbre que tenemos muchos en este mundo del fútbol y que más de una vez nos ha costado disgustos y sinsabores.

Desde hace mucho tiempo, en nuestra complicidad futbolística diaria, hay una frase que nos repetimos regularmente y que casi se ha convertido en el latiguillo estrella de nuestras tertulias balompédicas. Mi padre tiene esa maldita costumbre de coger el periódico, ojear calendarios y ganar los partidos en el mismo instante que los está leyendo casi casi por arte de magia. Este gana a este, ese pierde con aquel, el otro se queda con tres puntos y campeones. Sin duda es la representación física de la famosa expresión de la “cuenta de la lechera”.

Debo decir que tiene gracia como lo hace, parece tan claro su razonamiento que a veces tengo que reconocer que llega incluso a convencerme. Ahora bien, en la mayoría de los casos solo puede esbozar una sonrisa y soltar la frase estrella de los últimos tiempos: “Muñecos de plástico”. Exactamente son eso para él, muñecos, simples figuras sin vida que mi padre ve como rivales a defenestrar sin el mas mínimo esfuerzo, imaginándose partidos perfectos en los cuales nuestro equipo del corazón vapulea a un rival sin alma compuesto por esos muñecos de plástico tan fácilmente batibles como un grupo de conos.

Como siempre le digo: “!Ya estamos con los muñecos de plástico!” . Para mi idolatrado padre no existe sorpresa posible, en sus cálculos no entra una formula errónea o mal utilizada, sobre el papel todo es tan perfecto como este universo.

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Maldito pasado, bendito futuro

Bendito sea el mundial con el  que soñamos, bendito  cada jugador que ha sido seleccionado,  benditos los jugones que siempre admiramos, el peso del buen fútbol ,el respeto que nos hemos ganado.

Malditas sean esas tardes dolorosas de verano , maldita la rabia y la injusticia que soportamos, el volvernos a casa con la cabeza baja, las finales que se escaparon y el sentirte  frente al televisor descorazonado.

Bendito el éxtasis general que aplaca dolores, las sonrisas que nos sacan los goles, los gritos que se lanzan al cielo cuando suena el silbato, bendito el sabernos los mejores por un rato.

Malditos  los grupos que nos condenaron al fracaso, los estrenos mundialistas que nos anclaron al pasado, malditos los de negro  que  robaron nuestra innata alegría, los goles fantasmas , los históricos fallos a puerta vacía.

Bendito el  orgullo con el que saltamos al terreno de juego, el pase, el tiki-taka y el ole que saboreamos de nuevo. “El Buitre” durmiendo a  rivales , fintas imposibles, enamorar al mundo entero  con nuestro juego invencible , adorar esa camiseta , demostrar lo que la amamos . Benditos los camareros, los taxistas,  los colegas, el himno sin letra , todo este país unido siguiendo los partidos con la ilusión de ser primeros.

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De profesión: Agente FIFA

Si usted se da una vuelta estos días por los alrededores de cualquier estadio de primera división muy seguramente tendrá la ocasión de cruzarse con  una de las especies más particulares y protegidas de este planeta fútbol, me estoy refiriendo a los representantes de futbolistas, personas que tiene como misión  salvaguardar  el futuro de los profesionales a los cuales representan a cambio de un suculento manjar, traducido en tanto por ciento, y de poner a su servicio parte de sus vidas.

En un mundo tan profesionalizado como lo es el fútbol a día de hoy estos personajes se convierten en un  mal necesario para la mayoría de jugadores y clubes  de alto nivel. Con la cantidad de contratos publicitarios, líneas de negocios, etc, que se mueven alrededor de unos y otros  sería casi imposible centrarse sin tener a uno de estos “Sancho Panzas” del fútbol actual preocupándose por los  problemáticos “molinos” que se pudieran cernir sobre su horizonte.

Bien trajeados, impecables estéticamente, discretos, de carácter serio y profesional, estos auténticos mercaderes del deporte rey son los encargados de velar día y noche por ese futuro mejor que todo deportista desea.

Es en estos calurosos meses  donde este particular grupo de ”Men in Black” hacen su agosto, nunca mejor dicho. Tiempos en los que los rumores se disparan  y las compra-ventas están a la orden del día. Basta con ojear un periódico deportivo en un día de casi verano como este  para darse cuenta del fastuoso mercadeo en el que se convierte el planeta fútbol a nivel mundial. Intereses de uno y otro lado en busca de un mañana mejor para ambos, futuros que al final se retroalimentan y convierten a ambas partes en complementarias y necesarias.

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Color Mundial: Ya es carnaval

Mil  ilusiones me  inundan estos días de espera, muchas son las sensaciones y los sueños que uno va almacenando en la mente en estas vísperas de  fiesta, el Mundial está a la vuelta de la esquina  y la fiesta del fútbol ya casi está entre nosotros.

Que tendrá el fútbol que hace florecer esa infantil sensación de  ilusión sobre todas las cosas. Son semanas  donde las agujas del reloj giran de forma más lenta de lo normal, como si quisieran que tu agonía no tuviera fin y que ese balón no echase a rodar, días en los que asaltan a tu mente una y otra vez históricos momentos que quedaron grabados en tu cabeza para siempre, minutos  en los que sueñas  con  gritar y ser feliz  gracias a ese caprichoso  balón en el que has depositado  todas tus esperanzas.

Me gusta el fútbol, adoro este deporte. Me encantan esos partidos de máxima rivalidad, esas aficiones inundadas de pasión, esos cánticos que unen a una afición alrededor de un sentimiento para muchos no entendible. Me vuelve loco ver esa pelotita rodar por el verde césped, ese balón que separa el éxito del fracaso y del que dependen muchas de nuestras alegrías y penas semanales.

Cada cuatro años la Copa del Mundo nos plasma lo que  este deporte  es en su máxima expresión, cual carnaval futbolístico, el Mundial nos transporta a otra dimensión del  balompié, dimensión en la que las pasiones  se multiplican por mil, los sentimientos se elevan a  infinito  y el amor por este deporte se desborda sin remedio.

Carnaval que nos transporta a una fiesta de colores  que se mezclan con fluida complicidad, donde los amarillos ,rojos  y azules conviven mas deportivamente que nunca, colores a los que seguimos y apoyamos por encima de todas las cosas ,tonos  que nuestra historia vital definió de forma aleatoria pero que  sentimos tan nuestros como nuestra propia existencia. Gradas que  se convierten en otra cosa,  gradas reflejo de un evento  especial, brillante, festivo; algo  tiene esta competición que las hace  incomparables  a cualquier otra platea  futbolística. Mezcla de colores  que  desprende vida y luz a raudales, luz  tan particular como el  sabor de ese carnaval que año tras año muchos celebran como  si fuese el último  día de sus vidas.

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Manuel Pellegrini, mi juicio

20:45 horas, tarde soleada de domingo en la maravillosa ciudad andaluza de Málaga. El equipo de la ciudad  acaba de salir airoso de un duro asalto final en La Rosaleda y la euforia se desborda. Entre tanta alegría una cara llama poderosamente la atención entre todas  las demás, una tez pálida, triste, sin gesto alguno se pierde por el túnel de vestuarios del estadio malacitano. Manuel  Pellegrini, entrenador del Real Madrid hasta la fecha, abandona el banquillo que le ha acogido toda esta temporada y se pierde entre la nada. Lejos queda ese banquillo en el que tanto ha sufrido esta campaña, lejos, tan lejos como los objetivos que el club blanco se marcó  para este curso balompédico.

Es el momento, el día  D para Manuel Pellegrini ha llegado, el día en que tiene que cambiar ese banquillo  que tanto le ha dado a lo largo de su carrera  por el banquillo más incómodo para casi todos, el banquillo de los acusados. Es hora de rendir cuentas, algo así como el día del  juicio final  ,día donde tus actos, buenos y malos, serán valorados por algún “Ser Superior” que decidirá sobre tu  inminente futuro.

Manuel Pellegrini, tan elegante como siempre, con gesto endurecido de tanta batalla, ojos tristes y claros, cansados de tan movido viaje, sentado en ese banquillo acusador  a la espera de ser enjuiciado por este mundo del fútbol tan infinito e injusto como la misma vida.

Ya saben lo que dicen, cada español lleva un entrenador dentro , con sus opiniones, sus formas de ver el juego, sus valoraciones; en mi caso no podía ser menos, así que me convierto en su enésimo juez  , señor Pellegrini, disponiéndome a valorar lo que ha sido una temporada para nada fácil.

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