Juan Morales
De orígenes granadinos, pero afincado en Cataluña desde su más tierna infancia, este filólogo inglés es un apasionado de la música con mayúsculas, el séptimo arte, las nuevas tecnologías y la buena compañía. Imparte clases de la lengua de Shaskespeare en un instituto olesano y dedica gran parte de su tiempo libre a buscar nuevas sensaciones auditivas y visuales con las que emocionarse.
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Posteos por Juan Morales
Season finale
jul 4
Os lo voy a decir claro: a día de hoy disfruto mucho más viendo series de televisión que películas. Durante los veinte segundos que tarda mi disco duro multimedia en encenderse, pienso en lo que me apetece ver y la mayoría de las veces apunto con el play al último capítulo de la serie que estoy siguiendo y dejo la película para una mejor ocasión. Esto os lo dice un cinéfilo de toda la vida, que desde que jugaba a las canicas solía alimentarse a diario, desde la extinta tele de dos canales, con un menú basado en cine clásico americano posteriormente aderezado con cine asiático, italiano o francés, sin olvidar el postre autóctono, preferiblemente berlanguiano.
Lamentablemente las series facturadas en nuestro suelo no entran en esa exclusiva división que copa el producto anglosajón proveniente del otro lado del atlántico (y si me apuran también del de este lado; la BBC sigue siendo la BBC). Ni internados, físicas y químicas ni hospitales centrales alcanzan los niveles de calidad mínimamente exigibles para que el que esto os escribe decida perder su tiempo con tanto guión chabacano hecho a toda prisa, realización de primer curso de estudios audiovisuales e interpretaciones impostadas de esas que no hay dios que se las crea y permitan algo tan necesario como la empatía con los personajes.
En descargo (muy leve) de nuestra producción, se debe decir que la yanqui cuenta a su favor con la nunca bien ponderada televisión por cable, que con HBO tradicionalmente a la cabeza, una AMC que le pisa últimamente los talones, amén de otras como Showtime o FX, han originado lo que se conoce desde hace ya un tiempo como la edad de oro de la ficción televisiva, a su vez dignamente secundadas por productos lanzados desde las generalistas, como las archiconocidas Lost o House.
Si es bajito y se deja
may 24
Hay un viejo chiste en el que a la pregunta realizada supuestamente en una entrevista de trabajo “¿Domina usted el inglés?” el supuesto candidato contesta “Hombre, si es bajito y se deja”. Como es habitual, la gracia del chiste proviene de un elemento real al cual se le desea sacar punta y en este caso no es otro que la generalizada falta de conocimiento de la lengua anglosajona en nuestro país, en especial si nos comparamos con nuestro entorno europeo.
Como profesor de inglés de secundaria, diríase que me encuentro justo en el meollo del asunto. Por todos es conocido cuán denostado está el sistema educativo español y no pocos estudios avalan (el infame informe Pisa) el paupérrimo nivel de nuestros estudiantes en general y en competencia lingüística en particular. Es este un asunto que siempre está en la palestra y suele utilizarse como arma arrojadiza entre políticos, formando parte del constante toma y daca entre gobierno y oposición a la hora de dirimir cual ha de ser el rumbo adecuado en una próxima ley de educación que acabe finalmente por ser realmente efectiva y consiga una sensible mejora de la situación.
Huelga decir que estas evaluaciones dejan de lado hechos fundamentales cuando establecen baremos comparativos entre países, pues no tienen en cuenta la realidad social particular de cada lugar, el vertiginoso cambio de un sistema de valores en el que conceptos como la cultura del esfuerzo o el tradicional respeto a la figura del profesor se ha casi volatilizado en muchos casos, así como que parte de los presupuestos del estado se dedican a educación. Sin embargo, no es menos cierto, que sea como fuere, los datos no hacen más que demostrar la realidad para todos palpable de que la cosa no esta yendo todo lo bien que debería ir.
Lo llaman talento
may 4
Lo que suele pasar es que un grupo de amigos se unen para formar una banda y comienzan a tocar juntos ilusionados, llenos de energía en estado puro que liberan en pequeños locales de ensayo. Pasado un indeterminado periodo de tiempo consiguen producir una obra que finalmente logran publicar y, mira tú por donde, que recibe la atención de los medios, primero de su entorno más inmediato y después de un espectro más amplio. Entonces, su número de fans comienza a aumentar, ya no son los estrictamente pertenecientes a su círculo social los que se interesan por su música. Las salas donde actúan empiezan a llenarse así como a aumentar sus tiradas de discos. No necesariamente han de convertirse en superventas, en ese caso, al menos en la actualidad, seguramente es más común el grupo prediseñado y vistosamente envuelto por una multinacional discográfica, en lo que no deja de ser un producto más de la industria para el consumo de masas. Sin embargo, consiguen hacerse un nombre y mantener unos estándares artísticos que los mantiene en el candelero durante años.
Lamentablemente, nada dura para siempre y a medida que pasa el tiempo, el talento que antaño brotaba sin esfuerzo y el interés que su música despertaba se va disipando y ahora cuesta mantenerse ante el empuje de tanto artista lozano con ganas de comerse el mundo. Es entonces cuando empieza el periodo de vivir de las rentas o, lo que es lo mismo, de sustentarse en el acérrimo seguidor que se compra cada disco que publican como si fuera su marca preferida de detergente, y ni tan siquiera se molesta en valorar si queda algún resquicio de calidad en lo que esta adquiriendo. El artista se aprovecha de este modo del recuerdo colectivo de ajados laureles y toma por desgracia la costumbre de no entregar un disco digno de mención durante lustros. A bote pronto, se me ocurren ejemplos como los de U2, Eric Clapton, Rolling Stones y demás trasnochados dinosaurios que aún pululan por la escena musical para martirio nuestro, en lugar de retirarse y vivir de los jugosos royalties que a buen seguro sus éxitos pretéritos les reportan.
Bienvenidos a Puretalandia
abr 21
Llegada una edad determinada, que en nuestra sociedad actual suele oscilar en torno a la treintena, hay una gran mayoría de personas que abandonan el efímero vergel de la juventud y, a medida que van sumando apuntes a la otrora despreocupada agenda diaria, se adentran en nuevos territorios inexplorados. Son parajes estos, perfectamente señalizados por la avanzadilla del entorno más inmediato, que está ahí para indicar el camino correcto a seguir. En este nuevo lugar plagado de obligaciones, automatismos y responsabilidades conocido como Puretalandia, pasan de página y la juventud acaba formando ya parte del índice de sus vidas, justo a renglón seguido de la infancia.
Entre facturas y pañales se dejan atrás hábitos, relaciones y conexiones varias con la misma facilidad que se cambia uno de gafas. Es el resultado de haber estado expuestos desde siempre a cantos de sirena que abotargan el discernimiento con mensajes que repiten en bucle que es lo que toca, que hay que quemar etapas, que hay que escuchar al reloj biológico, que es una forma de realizarse como persona y demás eslóganes con los que añadir más acólitos a la causa y así se pueda cumplir el patrón social predeterminado.
Música de aquí que parte la pana ahí fuera
abr 1
Jamás os los pondrán en Cadena Dial. No aparecerán en la lista de los 40 principales, ni sonarán en la radiofórmula en general. Tampoco leeréis sobre ellos en gran parte de los medios escritos, ni tan siquiera en algunos especializados en música tipo Rolling Stone. Pero hay una nueva clase de artistas españoles que está cruzando nuestras fronteras y está obteniendo los parabienes de la prensa musical internacional, encaramándose a las listas de recomendaciones en buena parte de las revistas y webs especializadas. Esta pica en Flandes de la que os hablo no tiene nada que ver con Bisbal, Julio Iglesias, un exótico espectáculo flamenco o un nuevo hit facilón al estilo de Los del Río o las Ketchup, sino a una nueva hornada de jóvenes que se han ganado un hueco entre lo más selecto de la hermética y exigente escena musical alternativa anglosajona. Además de haberlo conseguido en campo contrario, lo han hecho utilizando las armas del enemigo; cantan en inglés y, lejos de recurrir al elemento diferencial del flamenco para acabar en las estanterías de la world music (como Ojos de Brujo o Ketama), practican una suerte de pop híbrido universal, excitante y rabiosamente actual, que me tiene a los guiris encandilados.
La ausencia
mar 20
I
Tumbado en el lado derecho de la cama, con la cabeza hundida en la almohada, su cuerpo se mueve bruscamente en busca de una postura más cómoda. La luz se filtra tenuemente por un resquicio de la persiana. Calculo que deben ser sobre las siete, siete y media. Quizás más tarde. Un pequeño reloj con aspecto de ser también despertador, marca con su finísima manecilla cada segundo con un casi imperceptible chasquido. Así lleva haciéndolo desde ya no sé cuanto tiempo. Sin previo aviso, produce uno algo más leve, diferente a todos los anteriores. Una centésima de segundo después, poco más o menos, acontece lo inevitable. Como si pretendiera desahogarse, lanza un agudo y perturbador pitido que no parece querer dar tregua. Tal como me temía, también es despertador.
Lejos del mundanal ruido
mar 10
Lejos, muy lejos del artificio y la fatuidad que envuelve nuestra existencia cotidiana, existe otra realidad bien distinta y paralela en el que la luz que alumbra el mundo en el que habitualmente vivimos, apenas alcanza. Hay grupos de personas, comúnmente conocidas como minorías, que suelen transitar entre ambas realidades, pues tienen la imperiosa necesidad de nutrirse de algo más que de las vacuas emociones epidérmicas que les ofrece un entorno alimentado por el omnipresente hilo musical de radiofórmula, el cine palomitero creado para adolescentes sobrehormonados o el último ramplón best-seller de turno.










