Jorge Medina

Licenciado en Filología Hispánica y estudiante de dos años de Historia del Cine, su afición por el séptimo arte la tuvo prácticamente desde siempre, aunque no fue hasta hace poco cuando decidió escribir sobre él. Actualmente, y aparte de en La Isla Tuerta 2.0, colabora en la web española de Moviepilot y escribe en su propio blog "Dos para la tres". Melómano empedernido también, actúa como Dj todos los fines de semana en el club Freeway (Madrid).

Pagina Personal: http://dosparalatres.wordpress.com/


Posteos por Jorge Medina

Asistimos al preestreno de LOS DIARIOS DEL RON

LOS DIARIOS DEL RON, de Bruce Robinson: HUNTER S. THOMPSON DE GARRAFÓN

No resultaba fácil llevar un libro como El diario de ron a la pantalla grande. La primera, autobiográfica e inédita hasta hace poco novela del escritor Hunter S. Thompson es, esencialmente, la historia de un fracaso, o de varios. Borracheras, deslealtades, mucha canallesca y un anticlímax final donde la justicia poética se plasma a hostia limpia en una trifulca.

No hay grandes conflictos en El diario del ron, solo un puñado de desventuras narradas con un pulso asombroso. En su debut, Thompson ya se revela como uno de esos contadores de historias natos que han abundado tan poco en la Literatura y que, igual que Sherezade, podrían evitar su propia muerte enlazando unas con otras, aunque en este caso no se trate más que de un cúmulo de peripecias que el creador del “periodismo gonzo” utiliza para definirse: un borracho y un nómada, un tipo capaz de boicotearse a sí mismo cuando tiene ocasión de pasar de la mala vida a la buena.

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Asistimos al preestreno de MARTHA MARCY MAY MARLENE

MARTHA MARCY MAY MARLENE, de Sean Durkin: ELIZABETH OLSEN, ELIZABETH OLSEN, ELIZABETH OLSEN

Queridos lectores: ha nacido otra estrella. Y en el sitio más inesperado: la familia Olsen. La que nos ocupa es su tercera película si contamos aquella que protagonizó en su más tierna infancia y junto a sus ínclitas hermanas, Dos en el Oeste, y una revelación así, de actriz completa y rutilante a pesar de su juventud y su supuesta bisoñez, lo que Tom Wolfe llamaba “el shockkkkkk del reconocimientopero aplicado al cine, no la teníamos desde Elle Fanning.

Y la Olsen, para darse a conocer, no podría haber elegido un filme más tortuoso y punzante. Debut tras la cámara de su director, Sean Durkin, Martha Marcy May Marlene (un título, aunque justificado, bastante difícil de recordar) reincide sobre la moraleja de que uno jamás puede huir de su pasado y que algunos errores suponen un punto de no retorno. La protagonista, Martha –y después todos los demás nombres, pero ante todo Elizabeth-, encuentra refugio en casa de su hermana al escapar de una extraña granja-escuela del odio, cruce entre comuna hippie, secta y congreso de las juventudes hitlerianas tal y como lo vimos en el imperdible El triunfo de la voluntad. Una serie de flash-backs cada vez más perturbadores, a modo de capas de la cebolla, nos explicitan las prácticas de tan particular institución. Y, poco a poco, la opera prima de Durkin se le mete a uno bajo la piel pero, sobre todo, en la punta de los nervios. Acongoja y acojona.

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ASISTIMOS AL PREESTRENO DE TITANIC 3D

TITANIC 3D, de James Cameron: EL NAUFRAGIO MAYORITARIO

Dicen que Titanic es un clásico del cine popular, y estoy de acuerdo. Es una de esas películas espantosas que ha visto y que alaba todo el mundo al que no le gusta el cine. O sea: la mayoría. Y ya sabemos que en la aldea global las mayorías han impuesto su dictadura. Hay, sin embargo, unos cuantos disidentes a los que ni Stieg Larsson nos parece un escritor siquiera pasable, ni Michael Jackson el rey del Pop ni Titanic o Parque Jurásico obras magnas del séptimo arte.

De hecho, recordemos que se trata del único título en la filmografía de James Cameron, hoy en día mayor entertainer de la industria gracias a su obra maestra Avatar, lejos de la ciencia-ficción o la acción, y claro, zapatero a tus zapatos. No importa que un filme como Aliens, el regreso esté poblado de personajes de cartón-piedra, incluso resulta preferible, pero lleva al hundimiento, nunca mejor dicho, a un melodrama romántico de más de tres horas de duración.

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Asistimos al preestreno de EL EXÓTICO HOTEL MARIGOLD

EL EXÓTICO HOTEL MARIGOLD, de John Madden: PASAJE “VIEJUNO”A LA INDIA

A una edad demasiado temprana para poder apreciarla, recuerdo haber visto Pasaje a la India. Aquella aún transcurría en la época colonial, y hoy, en estos ominosos y convulsos albores del siglo XXI, es uno de los nativos, Dev Patel, el que planea una colonización asaz diferente: los nuevos invasores irán a lomos de sillas de ruedas, uniformados con pañales y armados con bastones. Patel pretende externalizar a su país la tercera edad del Reino Unido, y no le podemos negar la gracia a la ocurrencia, aunque esta ya se encontrase en la novela que adapta el director de Shakespeare In Love, o más bien su guionista.

La buena noticia es que El exótico hotel Marigold resulta mucho más entretenida de lo que cabría esperarse; la mala, que no se libra de ser pasto de domingo de sobremesa. Cine, por tanto, afable, digestivo, casi profiláctico y –me temo que no me lo puedo ahorrar- con derecho a una cabezadita o incluso dos, que no se perderá uno gran cosa de la trama ni de la evolución de los personajes.

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Asistimos al preestreno de ESTO ES LA GUERRA

ESTO ES LA GUERRA, de McG: ESPÍA (Y LIGA) COMO PUEDAS

Esto es la guerra viene precedida por su fama internáutica de peor película de lo que llevamos de 2012. Obvio que los que la han calificado como tal no ven cine español, pero se les puede dar la razón en parte, o más bien se la han dado los acontecimientos: después de que el FBI pusiese tanto denuedo en el cierre de Megaupload, ahora va la CIA, tanto monta, con Chris Pine y su colega británico Tom Hardy, y malgasta cientos de miles de dólares del contribuyente en… ¡¡¡que ellos dos se liguen a Reese Witherspoon!!!

Así que, como puesta en solfa de la inteligencia de la Agencia Central de Ídem, el filme funciona muy bien. Otra cosa es que uno acepte la premisa de que se necesitan tantas molestias y recursos públicos para ligar, como si no existieran el Meetic ni la hora de cierre de las discotecas. Ni aunque la chica sea Reese Witherspoon, que entre esta, la que compartió con el vampirete Robert Pattinson (Agua para elefantes) y la tediosa ¿Cómo sabes si…?, lleva una racha que ni siquiera la vimos luciendo modelito en la alfombra roja.

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SHAME, de Steve McQueen: MÁS QUE UNA VERGÜENZA, UNA LÁSTIMA

Uno de los problemas de juzgar películas, o por lo menos algunas de ellas, es que a estas hay que considerarlas en su totalidad y no por partes. Lo cual me lo pone especialmente difícil en este caso: Shame contiene un desenlace especialmente intenso y perturbador, de lo más notable que se ha visto en una sala de cine en este año, pero asimismo un planteamiento y un nudo especialmente torpes, plomizos e infestados de detalles de mal cine.

Por ello, y no por llevar la contraria por sistema, el segundo largometraje de Steve McQueen (que, por cierto, nada tiene que ver con el mítico actor homónimo, igual que Michael Fassbinder, nada con el mítico director del mismo apellido) no me parece el peliculón que ha proclamado casi la totalidad de la crítica. Demasiado irregular y contradictoria, casi confusa. No se puede seguir a un tipo, con esos travellings eternos y ese desprecio por el noble arte de la elipsis y el uso del fuera de campo, al que se le supone un adicto al sexo pero que llega a parecernos nada más que un cenizo y un pelma, para precipitarlo en los últimos veinte minutos al calvario de su propia adicción y del desenlace trágico de los acontecimientos. Dicho de otra manera: en todo el tramo en que McQueen prende la mecha de su clímax, llega a recordar a Tom Ford (Un hombre soltero), por superficial y  plúmbeo, y al Aronofsky pre-Cisne negro por lo tosco y lo inhábil en lo narrativo. Ya en dicho clímax, McQueen se acerca a Schrader y Abel Ferrara.

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MONEYBALL, de Bennett Miller: UNA MENTE MARAVILLOSA… PARA EL BÉISBOL

Estamos en ese tiempo entre los Globos de Oro y los Óscar en que sobreviene todo ese aburrido cine “de prestigio” que a los señores vetustos de la Academia les suele parecer la repanocha. Se cuela con frecuencia una película de deportes yanqui hasta el tuétano y con la moralina de “puedes hacer todo lo que te propongas”, y quizá Moneyball parezca la de 2012. Nada más lejos de la realidad. Moneyball está ambientada en el mundo del béisbol, pero no trata sobre deporte ni (demasiado) sobre el éxito, sino sobre la vieja dialéctica tradición-modernidad, y sobre la necesidad de no ceder ante la presión grupal ni ante la mentalidad imperante.

En ese sentido, el filme de Miller entronca antes con El manantial que con El mejor o Hoosiers, puesto que pone en juego, nunca mejor dicho, el triunfo de la individualidad frente a la colectividad conformista, acrítica y de lo santificado por el uso. Por ello, no es necesario que le gusten a uno los deportes, ni muchísimo menos el béisbol, para disfrutar, o más bien para emocionarse, con lo nuevo del director de Truman Capote y el guionista de La red social.

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