CARTA BLANCA, de Peter y Bobby Farrelly: LOS FARRELLY SE HAN VUELTO NORMALES
may 13
Hay quien piensa que los Farrelly no han vuelto a dar pie con bola desde la popularísima Algo pasa con Mary. No podría estar menos de acuerdo: desde aquella y hasta ahora han tenido una trayectoria impecable, con comedias tan radicalmente diferentes y tan conseguidas como Amor ciego o Pegado a ti, que, no obstante, resultaron un fracaso de crítica y de público. Tanto la una como el otro, paradójicamente, empezaron a alabar a los seguidores e imitadores de los Farrelly mientras les negaban el pan y la sal a ellos.
Y puede que este haya sido el problema. Después de que estos hermanos y auteurs se dejasen tanto de ellos mismos en los filmes susodichos y en el posterior Matrimonio compulsivo sin recibir a cambio más que incomprensión e insultos, han decidido domesticarse. Ni deficientes físicos, ni reflexiones lúcidas y amargas sobre el matrimonio. Mejor, una comedia normalita, con gags gamberros pero inofensivos y moraleja pro-familiar, que no están los tiempos como para permitirse llevar a cabo aquel proyecto que sin duda habría sido la obra maestra de los creadores de Dos tontos muy tontos: una farsa sobre los juegos paralímpicos.
Pero se han pasado de la raya. En esta Hall Pass, Peter y Bobby Farrelly apenas parecen ellos. El planteamiento, el tufillo y la moraleja final son tan del Pedro Lazaga de las suecas y Torremolinos que uno espera que en cualquier momento aparezcan por ahí Juanjo Menéndez o López Vázquez en bañador… y ojalá fuera así, porque comparar a esos dos genios de la interpretación con este anodino Jason Sudeikis y un Owen Wilson discretito y probablemente apático es como hacer lo propio con los Galácticos y el equipo de fútbol de tu comunidad vecinal. Lo peor de todo, empero, son los gags que les roban sin pudor a otros cineastas: el estornudo con evacuación sacado directamente de ¿Hacemos una porno?; la eyaculación precoz de Happiness o una persecución final –con todo, de lo más salvable de la cinta- que podría haber rodado un Todd Phillips sin mucha inspiración. Pues eso: de plagiados a plagiadores. Así están las cosas.

Sólo hay una secuencia de toda Carta blanca tan buena como lo de siempre de los Farrelly: la estancia en la discoteca con Richard Jenkins y su forma de catalogar a las mujeres según detalles imperceptibles. ¿Y si hubieran montado la comedia alrededor de este personaje y no de los padres de familia salidorros y tediosos que la copan? O los Farrelly se ponen las pilas o van a parar al baúl de los recuerdos noventeros con viejas glorias como Mike Myers y Kevin Smith. Veremos la siguiente.










