Estatua de Celedón.

Estatua de Celedón.

Celedón es un personaje típico de las fiestas de la Virgen Blanca, en Vitoria (Álava), que empiezan el 5 de agosto, la capital de la comunidad autónoma vasca. Paradójicamente la menos vasca de las provincias que la componen, y elegida por eso, para ser capital de Euzkadi, para integrarla en el sentir euskaldún.

Este personaje lo crearon los blusas (nombre con el que se conoce a los miembros de las cuadrillas que se reúnen para disfrutar de las fiestas) para recordar a Celedonio Alzola, un popular aldeano que, según nos dijeron, era el primero que venía andando desde su villa a Vitoria a celebrar a la patrona, y era también el último que abandonaba el lugar, al acabar los festejos. Amante de la fiesta y del vino, era conocido por todos y hacía de anfitrión para los forasteros, siempre de buen ánimo. Cuando falleció los blusas tuvieron la idea de subir al jardinero municipal a la torre y lanzarle por una tirolina a la plaza. Pero hicieron antes una prueba con un maniquí y como la cuerda se rompió y con ella, al caer, el muñeco, el jardinero asustado se negó y los sustituyeron por otro maniquí. De ahí quedó la costumbre del muñeco, ya que nadie se ha atrevido luego a descolgarse.

Celedón, como el hada niñera de la película de Walt Disney, Mary Poppins , vuela sostenido por un paraguas, desde la torre de la iglesia de San Miguel hasta un balcón, pasando por encima de miles de vitorianos en la plaza de la Virgen Blanca, que le vitorean fumando puros y bebiendo cava (y bañándose en este líquido espumoso). Luego, sale, ya en forma humana del edificio del balcón, para dirigirse, escoltado por blusas, que le facilitan el paso por la plaza abarrotada, a la balconada de la iglesia, donde pronuncia el pregón inaugural de las fiestas. Entonces, durante ese viaje de vuelta a pie, los vitorianos aprovechan para tocarle. Corre la leyenda de que quien consiga tocar a Celedón ligará en las fiestas. Y debe ser algo necesario, pues nos dijeron que las mujeres de Vitoria (y por extensión las vascas) son poco accesibles a los escarceos amorosos y sexuales. Vamos que es casi imposible ligar en el País Vasco (como vemos repetidamente en el programa de EITB “Vaya semanita”). Por lo que todos (es cosa de hombres) buscan la ayuda “mágica” de Celedón. La tradicional imagen de la mujer vasca, fuerte, voluntariosa, dominante, restos del matriarcado del que ya hablaban los historiadores romanos que se daba en estas tierras y otras vecinas del norte peninsular, hace que entre el género masculino se sienta gran temor para acercarse a ellas con intenciones lujuriosas. Y, según parece, el conjuro “celedonio” da a veces resultado.

Plaza de la Virgen Blanca.

Monumento a la Batalla de Vitoria.

La plaza de la Virgen Blanca es un conjunto singular, ya que se sitúa en una parte que se va elevando sobre el resto de la ciudad, ciudad llana, como lo es la provincia en general, a diferencia de las otras dos provincias vascas. Siendo la iglesia la zona más alta, que se resguarda con la balconada donde se hace el pregón. Está rodeada de edificios abiertos por muchas ventanas y balcones con cierres blancos que me recordaron los que jalonan el paseo marítimo de La Coruña. En el centro hay un monumento a la Batalla de Vitoria, durante la Guerra de la Independencia contra los franceses, batalla decisiva para expulsarlos del país. Tiene unas leyendas en el pedestal que dicen, una, “A la batalla de Vitoria” (arriba), y la otra (abajo), “A la independencia de España”. El vandalismo abertzale tiene por costumbre tachar “de España”, para convertirla en un lema independentista vasco, como se ve en la fotografía. Y, aunque se vuelve a limpiar repetidamente, siempre dura íntegra lo mismo que un caramelo a la puerta de un colegio.

Son pocos los vitorianos (cuatro) que han encarnado la figura de Celedón para dar el pregón inaugural. El primero, uno de los blusas creadores de este personaje, fue José Luis Isasi Moltalbán, cuyo rostro está inmortalizado en la escultura que adorna la balconada de la iglesia de San Miguel, en cuya fachada está la Virgen Blanca. Esta escultura nos muestra a Celedón vestido a la usanza tradicional, con txapela, pañuelo, el hatillo (en el suelo) y el sempiterno paraguas, elemento indispensable debido al clima de la zona, que además sirve de bastón. En las fotografías no se ve, pero, otro objeto imprescindible cuelga a la espalda de Celedón, la bota de vino, sin la que no es concebible la fiesta. Aquí el personaje ha quedado inmortalizado y contemplando permanentemente la figura de la virgen, en cuyo honor este hombre pasó sus mejores momentos alentando el placer de la buena vida, degustando los productos del campo, regados siempre con el buen vino de la Rioja alavesa. Nosotros, por si acaso, también le tocamos…que la vida es muy larga.

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Web del autor: Celtibético

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Imágenes: elgatoandaluz.blogspot.com y google.com
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