En la publicación anterior, mediante un vídeo muy corto, magistralmente resumido y realizado por el astrónomo y divulgador Carl Sagan, pudimos ver cómo utilizando la ciencia como herramienta, la presunción humana puede resultar un ejemplo de humildad.

Richard Dawkins, etólogo británico, teórico evolutivo y escritor de divulgación científica.

Richard Dawkins, etólogo británico, teórico evolutivo y escritor de divulgación científica.

En esta oportunidad, me gustaría profundizar un poco más en esta cuestión, ya que no se trata de un tema menor.

Como ya dijimos la ciencia es, entre otras, una herramienta para la búsqueda de la verdad. Sabemos que no es súper eficiente y que se toma sus tiempos, sin embargo, por su mecanismo de escaneo constante y auto corrección podemos afirmar que es la mejor con la cual contamos, la que más y mejores respuestas nos ha brindado a las personas hasta el día de hoy.

No todo el mundo, a lo largo de la historia, estuvo de acuerdo con este concepto ni aún en la actualidad se llega a consensuar, por más que las evidencias que lo comprueban sean abrumadoras y salten a la vista.

Justamente en ese punto, para mí, es donde está el mayor problema, ya que son muchas las personas que desestiman, en determinados ámbitos, la necesidad de evidencias y, en algunos casos, no sólo la desestiman sino que directamente la eliminan. Generalmente esto ocurre en el entorno fantasmagórico y disipado que ¿conocemos? como nuestro lado espiritual.

Desde hace muchísimo tiempo el ser humano tuvo preguntas con respecto a estas cuestiones y es sabido que para poder vivir todos necesitamos pisar lo más firme que podamos para encontrar seguridad a medida que avanzamos. Tanto el origen como el final de la vida son interrogantes muy difíciles de develar en términos generales, a diferencia del plano individual, que lo que nos preocupa principalmente es lo que pasa al final.

Al no tener respuestas, en un momento remoto, el cerebro humano ya desarrollado, se buscó una solución y la encontró. Una respuesta divina. Pasó por muchas etapas iniciales en su organización, que hoy llamamos religiones populares o paganas. Con el correr de los años éstas se fueron afianzando, propagando y especializando hasta convertirse en grandes instituciones, tal como las conocemos hoy con el nombre de religión, cada una con su “marca”. Más allá de su enorme diversidad alrededor del globo, todas ellas se hicieron de una historia oficial para contar e iniciaron una relación simbiótica con la política para hacerse de más poder. Recordemos que a lo largo de la historia muchas personas acudieron por voluntad propia a la iglesia porque brindaba cierta tranquilidad y respondía las preguntas antes mencionadas, pero muchos no querían saber nada o tenían otras creencias y no sólo le contaban su historia sino que se la inculcaban a través del miedo, a tortura y la muerte. Pero no vamos a interiorizarnos en este tema aquí, lo dejaremos para otra oportunidad. Lo que me gustaría extraer de todo esto es que la religión es en gran medida la responsable de que la mayoría de la gente por ¿voluntad propia? en estas cuestiones descarte todo tipo evidencia como prueba de la verdad.

Ironicé poniendo entre signos de interrogación las palabras “voluntad propia” porque dudo que un niño, en su primeros años de vida, en plena edad de aprendizaje, que es cuando por tradición se le suelen introducir estos conceptos tan complejos, lo haga por propia voluntad.

A tal punto se anula esta exigencia de evidencia, que alcanzan a lograr que a la hora de hablar de ciencia y religión, se inviertan los conceptos calificativos que le podemos adjudicar a cada una de ellas, resultando que la ciencia es arrogante y la religión humilde. Justo al revés de lo que es en realidad. Yo, personalmente, sospecho que el éxito logrado por la religión para conseguir esta confusión se debe a que se adueñó de una de las cualidades humanas más maravillosas, que es la empatía. Pero sin dudas lo hizo valiéndose desde una falsa modestia. Para resumirlo en una frase sería algo más o menos así: Hermano mío ¿No vas a confiar en mí? ¿Me vas a pedir pruebas a mí? No seas malvado e inhumano!!!

Para quien le interese puede encontrar un mayor desarrollo propio de esta inversión de conceptos en el artículo llamado Humildancia y Arrogandad de mi blog.

Ahora, para aquel que no lo conozca, me gustaría compartir este vídeo del etólogo y biólogo evolucionista británico, Richard Dawkins, quién también es un excelente divulgador de ciencia y promotor del pensamiento crítico y la razón. En el nos explica, mediante una conferencia, varios puntos sobre esta temática. Espero que quien lo lea y vea el vídeo, encuentre en él un buena herramienta para reflexionar, mas allá que, como debe ser, esté o no de acuerdo con lo expuesto.

PARTE 1:

PARTE 2:

PARTE 3:

Saludos y hasta un próximo desembarco en la isla.

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Web del autor: El Replicador de Sueños

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