Circulo - Mario Albarracin.

Desde que empiezo a trazar un dibujo en una tela, el universo pone en movimiento miles de engranajes que bombean cantidades enormes de ilusiones. Vidas paralelas surcan los cielos de la rutina sin cruzar sus vuelos. Las calles se llenan de gente, las plazas de pájaros vespertinos, las noches de sueños imposibles.

Las manos armadas de pinceles prosiguen su tarea sin sentir que en algún lugar, en alguna de esas paralelas vidas, se gesta el final perfecto de su mágica labor.

No lo saben. Ignoran ser parte de lo mismo.

El futuro es un misterio para las soledades concurridas de un artista. Acaricia la tela con colores que descubren su reservado interior, exprime las gotas de su timidez, grita sus mudos pensamientos con trazos ilegibles para muchos.

Termina la pintura. El lienzo late.

Temeroso pedazo de tela envuelto en su capullo de misterio, respira despacito colgado a la pared. Muchos lo miran, lo observan, lo analizan.

Nada parece alterar su destino bidimensional, serial, temporal. Hasta que unos pasos imprevistos estacionan accidentalmente frente a el, unos ojos desconocidos que conectados espiritualmente a sus colores, disparan a su portador rostro los eléctricos comandos que abren como ventanita una tímida sonrisa. Brillante. Silenciosa.

La observación se vuelve un silencioso dialogo espiritual. La obra está completa.

Las paralelas torcieron rectos destinos humanos para cerrar el mágico círculo de unir trazos y pinceladas con un alma ajena. Eso: es un “Milagro”.

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Web del autor: Mario Albarracín

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Imágenes: Cedidas por el autor.
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