Cuando seas ciudadImagina que todas las calles que llevan a tus piernas estuviesen cortadas y que en el camino hacía tu pelo hubiese una señal de prohibido el paso. Qué los semáforos fuesen tus pupilas dilatadas. Qué me echases de menos a cada pitido o cada frenazo.

Imagina que de repente me perdiese por estas calles que aún desconozco y que estas calles fuesen tu memoria.

Imagina que la lluvia fuese saliva de tu boca y este viento no fuera más que tu aliento provocando escalofríos por todo mi cuerpo.

Que en las papeleras de toda la ciudad se guardara todo lo que ya has olvidado. Y que todas las tiendas de los chinos fuesen los lunares de tu espalda.

Imagina que un día eres ciudad y que entre el bullicio de coches y gente no logras escucharme. Es entonces que consultaría mapas y encendería mi GPRS y le indicaría la dirección hacía tu corazón.

Imagina que camino sin rumbo porque mi GPRS no localiza tu latido y pregunto por la calle de tu nombre y nadie sabe contestarme. Qué dicen no conocerte, cuando en realidad te sienten bajo sus pies cada mañana, cada tarde, cada noche.

Imagina mi desconcierto y mi miedo. Buscaría una comisaría al borde de tus rodillas y allí pediría ayuda juntando mis rodillas a las tuyas.

Sin embargo, aunque esta ciudad fueses tú, sentiría alivio al saber que me sonríes cada día con el sol de tu boca y que cuando cae la noche la luna es un pequeño trozo de tu pecho.

Y si pienso todo esto, esta frenética ciudad me da mucho menos miedo.