Cuba y yo
jul 13
Cuando supe que viajaba a Cuba me preparé mentalmente. Si bien es cierto que la isla en si es un paraíso, era consciente de las situaciones duras que podría presenciar. Aun así, con maleta en mano cruce el “charco” para conocer un nuevo lugar. Con la mente muy abierta para poder asimilarlo todo.
Justo al llegar al aeropuerto tuvimos que cambiar nuestro dinero a CUCs. Cabe mencionar que esta es una moneda solo para extranjeros. Los cubanos tienen su propia moneda que son los pesos cubanos. Eso si, los guardias de seguridad nos dejaban ir solo de 1 en 1 a cambiar dinero…muy controlado. Esto de los dos tipos de monedas lo entendí mas adelante cuando las cosas tenían 2 precios, un precio para los cubanos, y otro para los extranjeros.
En el taxi rumbo al hotel la vista de La Habana era algo que sencillamente no me esperaba. Era de noche, y supongo que eso pudo tal vez acrecentar más mi sensación, pero parecía como si la ciudad se hubiera detenido en el tiempo. Para empezar por la calle había muy pocos coches. El bullicio al que uno suele estar acostumbrado no existía. Los coches que había eran en su mayoría taxis con turistas o de los años 50 conducidos por cubanos. Todo en las calles se veía tan sumamente antiguo. Las casas y edificio era como si no se les hubiera dado mantenimiento desde hace mucho tiempo. Al día siguiente, con la luz del sol, se podía percibir que tanto había edificios de color gris como edificios de color.
Nuestro hotel en La Habana estaba muy bien cuidado y se podía ver la majestuosidad con la que había contado desde siempre. Todos los colores que no había en otros edificios a la entrada de la ciudad si estaban presentes en nuestro hotel. En la puerta había un guardia de seguridad, ya que los cubanos tienen la entrada restringida a los hoteles de turistas. A mi me escrutaron de pies a cabeza. Claro, yo podría pasar sin problema por cubana. Por si eso no fuera suficiente, en el ascensor había otro guardia. Eso si, muy amable y con la sonrisa. Nos pregunto a M y a mi que de donde éramos. Contestamos que veníamos de España. Supongo que si tenía dudas sobre mi, mi forma de hablar dejo claro que no era cubana.
Nosotros alquilamos un coche y al día siguiente nos dirigimos a Cayo Santa María. Este lugar es relativamente nuevo, y teníamos grandes expectativas al respecto. Durante nuestro trayecto de casi 3 horas vimos de todo. Para empezar las carreteras estaban desiertas. Los pocos vehículos que había o éramos turistas (fácilmente identificables por los coches de reciente modelo) o eran coches /camiones conducidos por cubanos que ya pasaban de la fecha de jubilación (los coches, no los cubanos). La mayoría de las personas estaba a la orilla de la carretera esperando ver como podría desplazarse al pueblo cercano. Yo estimo que fácilmente unas 100-120 personas nos pidieron que las lleváramos.
A unos kilómetros antes de llegar al Cayo había un control de pasaportes (dentro de la misma isla). Nos preguntaron que a que hotel íbamos, y miraron nuestros documentos. Nuestra suposición era que al área que íbamos era solo para extranjeros. Los hoteles eran preciosos. Edificios sumamente nuevos, con los paquetes de todo incluido, y donde los comidas eran de ensueño. Había de todo….se notaba la diferencia inclusive con el hotel de La Habana. Inclusive el mar era algo espectacular, se notaba que los peces no estaban acostumbrados aún a nosotros, ya que en algún momento, y con el agua a la cintura, había un banco de peces plateados tan grande que era imposible ver el azul del agua.
Cuba es un contraste muy grande. Uno como turista puede tener días maravillosos, y puede inclusive no extrañar nada de casa. Pero esto solo es en los complejos turísticos. Ya en la ciudad, y teniendo trato con gente del lugar uno se da cuenta de lo afortunados que somos. Si bien es cierto que el nivel educativo cubano y el sistema sanitario son magníficos hay otras carencias serias. De lo que mas me sorprendió fue saber que nuestro conductor de taxi (un hombre muy simpático y regordete de unos 50-55 años) tenia un doctorado, sin embargo le iba mejor en la vida de taxista (por las propinas) que ejerciendo su profesión. Al guía de uno de los museos le dimos tal vez unos 3 euros de propina y al hombre se le iluminó la cara. Le dimos casi la tercera parte de lo que ganaba en un mes. Internet y teléfonos móviles eran un lujo. Y uno contestaba con sentimientos encontrados cuando nos preguntaban que como eran las cosas en nuestro país. Una cosa admiro, aun con todos estos factores en contra los cubanos son alegres y ven la vida con optimismo.












