Hal9000.

Hal9000.

Soy una persona que se sorprende con facilidad. Con esto quiero decir que quizás a algunos de vosotros os parecerá normal lo que hoy quiero contaros, dado los tiempos que corren. Sin embargo, a mí me ha estremecido descubrirlo. Será que soy un inadaptado de mi tiempo, un hombre desactualizado, un antiguo o un exagerado. Pero el caso es que a mí me sorprende (y mucho) darme cuenta de cómo las peores pesadillas de los autores clásicos de la ciencia ficción, poco a poco, se están haciendo realidad.

Vivimos en una época en que todo cambia tan deprisa que apenas nos damos cuenta de cada nuevo avance tecnológico. El progreso es ya tan trepidante que asumimos cualquier novedad científica sin siquiera parpadear: la clonación, internet, los móviles, el genoma, las células madre, la nanotecnología, los plasmas, la tdt, etc. Lo que hace años se hubiera considerado una revolución es hoy noticia de un día.

Vivimos en una novela de Philip K. Dick y ni nos hemos enterado.

Seguro que alguna vez os habéis encontrado una serie de garabatos que debíais descifrar para poder dejar un comentario en un blog o alguna otra parte. ¿Os habéis preguntado por qué? Pues no, yo tampoco me lo había preguntado nunca. A eso me refería. Pero ahora un desalmado freak ha osado desvelarme el oscuro secreto escondido tras nuestra distópica vida cotidiana, y no puedo sacármelo de la cabeza. Desciframos garabatos todos los días para manejarnos por internet y lo hacemos para demostrar que somos humanos.

Sí, sí, cerrad la boca, dejad de reíros. La mayoría de los espacios de internet en el que se puede dejar un comentario o similar necesitan asegurarse de que están tratando con un ser humano y no con un ordenador. Esa es la realidad. Está sucediendo. Las máquinas son capaces de enviar miles de mensajes publicitarios en pocos segundos y la única manera de prevenir su invasión spam es hacerles preguntas que sólo un ser humano real podría responder.

Blade Runner.

Blade Runner.

Los garabatos (captchas, se llaman) son fáciles de leer para nosotros, pero los no-humanos, tontos ellos, que son tan superiores en tantas cosas, son incapaces de descifrarlos. De igual manera, no saben responder: ¿Cuál es el color del cielo? o reconocer a un perro chihuahua en una serie de varios dibujos (que son otras pruebas de control). Pero las máquinas, todos sabemos, se perfeccionan día a día y pronto, antes de lo que creemos, será ya muy difícil diferenciar a un hombre de un ordenador navegando por internet. Habrá personas que mantengan relaciones amorosas virtuales con malvados ordenadores que les seducirán via online para en realidad terminar vendiéndoles algo. ¡Oh, desdichado destino!

Dentro de poco, demostrar que somos humanos no será suficiente. Tendremos que demostrar que tenemos alma. Así, como en Blade Runner, responderemos a preguntas sobre tortuguitas moribundas en el desierto o sobre nuestra infancia para poder escribir un triste comentario. Finalmente, en el peor de los mundos, llegará un momento en que los máquinas simulen un alma virtual y serán capaces de demostrar una humanidad que muchas personas ni siquiera poseen. Ese día, viviremos un mundo invivible donde la publicidad invadirá sin problema alguno todos los rincones del ciberespacio…

Aunque pensándolo bien… creo que ese momento ya parece haber llegado. Al menos nos queda el oasis de esta isla tuerta.

Ahora ya os podéis reír de mi ingenuidad, vosotros que ya sabíais todo lo que os he contado desde hace tiempo y dadme la bienvenida al mundo real. Los demás seguid boquiabiertos, como yo, cagados de miedo, y empezad a desconfiar del microondas.

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Web del autor: Nihilantropia

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