Desde el apagón
nov 16
Apagamos las luces a las 7:30 de la noche. En esta época del año y con el cambio de horario ya está muy oscuro. Si a eso sumamos que en las calles no siempre hay alumbrado, estamos en la boca del lobo.
Pero nuestra casa es la única que se queda sin luz un par de horas. No fuimos de los que ignoraron el llamado a un apagón nacional en apoyo al Sindicato Mexicano de Electricistas y qué bueno, al menos alguien me contará en qué quedó la telenovela. También pierdo los hielos, se descongela un pollo que guardé para tiempos difíciles y un chocolate de hace tres años en mi congelador se queda solito.
Pero ahora que lo pienso, los apagones nacionales son comunes en tiempo de lluvias o en febrero y marzo por los aironazos, también cuando se hacen reparaciones a alguna subestación y si algún cable se mueve, adiós energía.
También recuerdo la vez que fui a tratar de pagar mi recibo de luz. Entrar a esas oficinas daba miedo, un pasillo frío anunciaba que al final en el mostrador no habría nada bueno. Un malencarado tipo grita, ordena, regaña: “no tengo cambio, siguiente!” y no es que llevara un billete con denominación grande, me quedó la impresión de que fue por flojera que no quiso cobrarme.
Salí, tuve que comprar un chocolate (el que sigue en el congelador) llego a la tienda donde la dependienta me dispara tres golpes a la cara: “no tengo cambio” y ante mi lastimera voz, casi rogando la miro con ojos de venadito a medio morir y accede.
Regreso a la dependencia de Luz y Fuerza y hay que formarse de nuevo. Al costado de la fila están ocho mesas con ocho sillas enfrente a manera de cubículos, sólo divididos por una carpeta con hojas blancas. Son las mesas de atención al cliente, el nombre tan rimbombante es solo para designar el sitio a donde van las quejas y las promesas: el limbo.
Avanzo rápidamente, cosa curiosa seguro el tipo del mostrador ya corrió a otros con la historia de que no tiene cambio, pero no. Por fin me cobra y al ver sellado mi recibo respiro tranquilamente, pero regresaré en los próximos dos meses. Hay historias peores de esas que de verdad asustan, entonces me considero afortunada.
La casa está en silencio y a oscuras me causa gracia pensar lo que estoy dejando de hacer, que en realidad es nada. A estas alturas el noticiario ya me habría dado la nota completa sobre los pros y contras de la marcha, el caos, la barbarie, porque otros calificativos no he oído ni visto aun cuando no debieran usarse en el buen periodismo.
Y en casa apoyamos el movimiento porque el primo de un amigo de otro amigo que era hermano de no sé quien, se quedó sin trabajo y bueno, hay que ser solidarios con los que un día tenían previsto al menos irla pasando y hoy se quedaron con las manos vacías. Podría pasarte a ti, a mí.
A estas alturas en nuestro país la incertidumbre se transpira. Se acerca el bicentenario, se oye el rumor de una lucha muy distinta, de cambios, de guerras civiles, de momentos históricos que en lugar de motivar ahuyentan a los más. Me voy a otro país me dijo David la pregunta es a cuál porque problemas hay en todos lados.
Enciendo un foco y la televisión. No me perdí de mucho, de cualquier modo mañana será otro día.
___
Web del autor: Primeracatarsis
Pincha en las imágenes para verlas en grande.
Imágenes: Google.com
Este blog no se hace responsable de las opiniones expresadas por el autor en este artículo.










