Hacía un calor sofocante en la explanada sur que desemboca en el pequeño puerto que daba al mar Egeo. En ella se encontraba acompañado de Proartas. Ambos estaban discurriendo una pequeña teoría que habían escuchado por boca del viejo Traercio. Estaban buscando a su vez una mínima sombra que sofocara aquel exasperante calor, pero no aparecía cobijo alguno que rindiera pleitesía a sus sudados cabellos cuando Anaxigoras empezó la diátriba:

Anaxigoras: Entonces, mi buen amigo Proartas, ¿estás de acuerdo con las enseñanzas de Anaxágoras cuando afirma que cada sustancia es a su vez divisible en multitud de partículas?

Proartas: Si, no me cabe duda que cada una de las cosas que nos rodea, inclusive tú y yo estamos compuestos de infinitesimales partículas que nos dan forma. El nombre que reciban esas partículas ya no lo sé, pero lo que no me cabe duda es que no somos lo que vemos, sino que somos más allá de lo que concebimos, ya que la razón humana nos hace comprender más allá de la lógica.

Anaxigoras: En eso te doy la razón, somos racionales y por ello superiores. Sabemos que procedemos de la materia, que nuestra alma está en constante flujo y que los objetos se producen por la unión de los principios opuestos. Estamos tan desarrollados y hemos adquirido tales conocimientos que no hay ni habrá civilización que nos pueda hacer sombra, pues nuestros son el saber militar y nuestros son el saber filosofal.

Proartas: No creo que más allá de nuestra civilización pueda establecerse colonia alguna con nuestra sabiduría, y de ser así, solo pueden pensar de la misma manera que nosotros ya que hemos demostrado que nuestro pensar es el correcto. Nuestros Dioses son los verdaderos y nuestra cultura es la adecuada, de eso no cabe duda. Tras largos siglos de oscurantismo ha llegado el tiempo del saber. Zeus nos dotó del poder de razonar a algunos de nosotros y lo hemos sabido aprovechar. A otros los ha dotado con la fuerza y suyo es el deber de labrar la tierra para alimentarnos. Él proveerá, pues sabe dotar a cada uno con su desempeño.

Anaxigoras: La infinita e inmutable inteligencia con la que Zeus nos ha correspondido nos hace preguntarnos cómo podemos ser más provechosos en cada una de nuestras tareas. Ya no sólo hemos conquistado parte del mundo conocido llevando nuestro legado hasta donde nuestros cartógrafos conocen el litoral, hemos inculcado nuestras creencias y nuestra particular forma de ver el mundo, sino que hemos iluminado sus entelequias con el faro que ilumina el mundo y no es más que la sabiduría. Nos acusan de bárbaros conquistadores y no somos más que nobles portadores del saber a rincones oscuros del mundo. Allá por donde vamos no arrasamos ni diezmamos cosechas ni poblaciones, sino que llevamos la filosofía y el saber griego, la cultura en definitiva.

Proartas: Y pasaran los siglos y pasaremos a la historia como los abanderados del saber que llevamos nuestra cultura donde el hombre ilustrado jamás había puesto un pie. Y si de algo hemos de ser juzgados, será de pensar cómo hemos llegado hasta aquí y cómo podemos llegar allí, pues ese es nuestro cometido, pues ese es nuestro legado.

Y han pasado más de dos mil seiscientos años que el bueno de Anaxigoras tuvo esta conversación con el bueno de Proartas. Y en estos años hemos evolucionado, y hemos aprendido más si cabe, y ha habido más descubrimientos y más guerras y más hambruna y más destrucción y más violaciones de los derechos y más privaciones de las libertades y la cultura se ha ido cada vez extinguiendo más y más y más y más y más y más y más y más y más hasta llegar a unos niveles en los que resulta que no existe la analfabetización pero la gente escribe “haber” en lugar de “a ver”, en los que se duda si escribir “echo” o “hecho” en los que se chatea cada vez  con más asiduidad cometiéndose las más horribles abominaciones lingüísticamente hablando, donde se desconoce la historia básica de un país, los novelistas de más renombre, las obras más significativas, las escuelas filosóficas, el pensamiento  humanista, las corrientes pictóricas o sencillamente los diferentes estilos cinematográficos que existen. Pero no todo se ha ido al garete. Quedamos una serie de románticos convencidos de que la idea del arte y el saber no puede desaparecer así como así, que llegaran generaciones más jóvenes con savia nueva que perpetuarán el conocimiento. Ojalá fuera todo tan sencillo. Uno en su humilde opinión, solo ve que los blogs que tratan de temas más o menos culturales, los llevamos personas que rondamos la misma edad, treinta y muchos años, que los que colaboramos con poesías, relatos, cuentos o diversas publicaciones dentro de esa índole, rondamos esa edad. No me gustaría tener que cerrar los ojos y dejarme engullir por la marea de la senectud en un mundo que prime la ignorancia. Desde mi puesto bloguero y tecleando a diario voy a luchar porque eso no pase. Aunque me cueste sudor, sangre y lágrimas que día a día vaya agregándose un lector más a mi blog. Pero eso que voy ganando cada día. Confío que en un año  las visitas sean más normalitas. Además, tengo mi cita semanal en este blog de relatos. Si me quejo es  de vicio. Thomas Carlyle, pensador, historiador y ensayista inglés tenía una frase que me viene al pelo: “Nunca debe el hombre lamentarse de los tiempos en que vive, pues esto no le servirá de nada. En cambio, en su poder está siempre mejorarlos”.