Trabajo.La mayoría de las veces cuando llegamos a nuestro trabajo, vamos totalmente cronometrados para realizar todos los objetivos que tenemos pensado realizar durante el día; una agenda larga nos espera, muchas veces no sabemos si vamos a culminarla durante la jornada. Nos sentamos plenamente en la silla, nos ponemos cómodos, lo primero que sacamos es la lista de tareas para revisar cuales de las tantas cosas, requieren mayor prioridad, con el bolígrafo a la mano dispuesto a marcar o hacerle algún asterisco, dibujito, rayita, icono de visto, algo que nos indique una señal como recordatorio, que resalte de manera alarmante ante la extensa lista; en mi caso siempre realizo una especie de síntesis gráfica de un pequeño ojo. Luego de tener todo dispuesto y ordenado, es allí donde nos disponemos a trabajar, dejándonos sumergir completamente dentro de los espacios profundos e intensos de la concentración, nos apartamos completamente de toda persona, de todo ser extraño que no tenga nada que ver con el proyecto que se va a realizar.

A medida que vamos avanzando, ante tal estado, no prestamos mucha atención de lo que esta sucediendo alrededor, escuchamos como ecos muy lejanos las conversaciones de los compañeros de oficina, los teléfonos sonando, puertas que abren y cierran; nada tiene que ver con nosotros… cuando inesperadamente de manera aterradora escuchamos un saxofón a máximo volumen que casi nos perfora el tímpano, dando inmediatamente en fracciones de segundos un tremendo salto en la silla, con la mala suerte que por ese hecho, nos hemos convertido sin ninguna intensión en el chiste del momento, dándonos cuenta en ese instante que alguien ha colocado música. Sin embargo para no pasar como antipáticos nos reímos, a pesar del susto que acabamos de recibir y que casi nos caemos del asiento.

Tratamos de concentrarnos de nuevo en lo que estábamos realizando…pero ya no es igual, el dichoso ambiente musical no lo permite, comenzamos a sentir como el sonido penetrante del saxofón nos aturde y envuelve despiadadamente, sin poder entrar dentro de la atmósfera irreal de paz que habíamos creado para terminar con los objetivos, esos que fueron marcados con sumo cuidado en la lista de la mañana; quizás lo peor de todo esto, es que seguramente quien coloco la música fue nuestro jefe, y no podemos decirle absolutamente nada del mal gusto que pueda tener. Seguramente este vídeo nos deje una idea de lo que podamos hacer… ¿A que ustedes no les ha pasado?.

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Web del autor: Sacrebleuu

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