La emoción llega, es la fecha de adquirir los boletos, comprar las mejores entradas y claro, que te alcance porque ellos se presentan justo en el momento de “crisis financieras”, pero sabes que lograrás tu cometido, porque la ilusión de asistir, de escuchar, corear y gritar por más de dos horas, valdrá la pena hasta pedir prestado un poco de dinero.

Falta más de dos meses, y eres de los que compró en preventa, no te arriesgas a llegar a la taquilla o la reventa, eso quedó en experiencias novatas. Has llegado al punto de la experiencia y gusto por el oído más que por pasar un buen rato viendo al artista. Ahora es tener en vivo la emoción y música que has seguido por tiempo.

Ahora sí, viene la parte donde se presentó el “inconveniente” de última hora, ese problema que llegó en el momento equivocado, pero ahí está, esperándote, acaparando tu atención, robándote la ilusión. Dudas de que asistirás, ahora todo se torna difícil y el mal humor prevalece por casi las veinticuatro horas o hasta que resuelves el problema. Tuviste que mentir o llorar, rogar o jurar para que pudieses resolverlo. Pero ahora sí ha llegado el momento de ir, el camino se te hace largo, vas pensando en el set-list.

Has llegado a foro, palacio, teatro o estadio, y ahora si ya aseguraste tu entrada, quedaron atrás los “problemitas” que se presentaron, solo importa estar dentro, poder escuchar y que el sonido sea como se especula desde el inicio de la gira.

Las luces se apagan, y escuchas un solo de guitarra, es el intro de una canción, la cual te imaginabas tocaría, entonces el momento resulta ser objetivo de tu atención, sientes la piel erizarse desde los dedos de los pies hasta la punta del cabello, y el latir del corazón está acelerado, entonces las luces del escenario son las que delatan la fuerza natural de escuchar al que ahora acapara todos tus sentidos, todos los problemas que tuviste que pasar ahora resultan haberse escapado de repente y lo único que disfrutas es la música y coreas a todo pulmón las letras. Eres parte de la masa musical que al igual o peor que tu pasaron por detalles, y hay quienes no pudieron salir de ellos y están en casa lamentando no haber sido parte de esta gran experiencia, pero eso no te importa ahora, sólo quieres que el tiempo sea más lento.

Y cuando termina la emoción aún sigue, lo único que lamentas es que ya se haya terminado, reconoces que ídolo tuvo que salir a petición del público, y que se despidió de tan satisfactoria manera, porque la música y la canción fue la que esperabas. La boca la tienes seca, apenas si emites sonido alguno, tu voz se fue en las canciones.

En el estéreo de tu auto no falta el repertorio que tocó esa noche, la pollera o camisa que compraste la traes puesta desde que comenzó el concierto, pero ahora es un icono de que tuviste la mejor noche.