El negocio de la música en las manos de un hombre atormentado
Ago 22

El líder de Radiohead, Thom Yorke.
Thom Yorke tiene la virtud de preocuparnos. Sus declaraciones siempre son graves, él es grave. Es el raro caso de un hombre conflictuado que sin embargo avanza movido por sus conflictos, que además de alguna forma parecen canalizar conflictos colectivos, valores de época. Entonces cuando Thom Yorke habla de su banda, quizás sin quererlo, habla de la música. Por eso cuando dice que Radiohead no va a volver a grabar un disco un grupo importante de humanos temblamos. Los que seguimos a la banda y tenemos una relación de años con el disco como soporte físico de la música que más nos gusta, vemos amenazado una parte de nuestro patrimonio sentimental. La industria ve amenazado su negocio. Es que en los últimos años Radiohead viene probando que el cambio se puede producir desde las bandas y no tanto desde las compañías. Y esta es una amenaza seria. Pero olvidemos por un momento a las compañías de las cuales seguramente ninguno de nosotros forma parte.
La pregunta que tenemos que hacernos es si estamos ante un problema o ante una solución. Y ante la duda lo único que nos queda es una certeza: el cambio es inevitable. Pensemos un poco qué relación mantenemos últimamente con los discos y cómo nos manejamos con otros formatos para ver qué cambió y cuánto cambió. Es cierto que In Rainbows despertó en muchos aquel viejo sentimiento, como se dijo por ahí, de que el lanzamiento de un disco constituía un hecho artístico en sí mismo. Pero que no existan más ¿supone otra relación con la obra? Que tengamos que elegir entre setenta artistas en una mínima pantallita haciendo girar una rueda ¿hace que la música sea menos buena? ¿Escuchamos cosas que no queremos por eso? Tan solo pensarlo es absurdo. Si entendemos los discos como un compilado de nuevas canciones entonces la duración no debería importarnos. Si entendemos los discos como una obra conceptual tampoco. Se puede ser conceptual en una sola canción, en tres o en diez.
Pensemos en otros detalles, ¿no tener en nuestras manos el librito con las letras, nos aleja de sentir lo que sentíamos con las canciones? ¿Enfría la relación con nuestro artista favorito? Es cierto, el librito era un elemento mágico, una parte esencial del descubrimiento y ahora conseguir las letras a veces cuesta y mirarlas en una pantalla no es lo mismo. Pero al mismo tiempo tenemos algo que antes no teníamos, en un minuto encontramos los acordes y las partituras de los temas que nos gustan con solo googlearlos. Todo cambia.

En pleno concierto.
Por supuesto nos quedan y nos quedarán dando vueltas muchas más preguntas.
¿La cantidad de información (bandas) conspira contra el disfrute?
¿Cuál es el negocio de la música, cuál es el del músico y cuál el del oyente?
¿Como consumidores jugamos un papel aún más importante que el de
compradiscos, menos importante o es el mismo?
Por lo pronto Radiohead contesta a todo esto con más música, y la prueba es que acaban de editar un ep con su primera canción grabada en estudios. Pueden escucharla desde aquí.
Esta es nuestra primera columna en este hermoso reducto de palabras, y lo que buscaremos es conectarnos con el lado musical de todos ustedes desde nuestro punto de vista: o sea, está bien que el negocio de la música avance hacia lugares inimaginables, pero a todos nos siguen emocionando esos tres minutos y medio que hasta quizás, terminen salvándonos la vida. Así, cada reflexión terminará con una canción, porque ellas siguen siendo las que mejor explican los grandes misterios de la vida.
Link para escuchar el nuevo single de Radiohead “These Are My Twisted Words”.
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Web del autor: Amo descubrir canciones
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Imágenes: Google.com
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