El orden de los factores sí altera el producto
mar 8
Que gustazo es comer! Cuando uno visita lugares diferentes probar nuevos sabores puede ser emocionante. Eso si, con tal de no ofender a los anfitriones, uno también debe saber poner esa cara neutral cuando le explican que está por comerse algo que considera verdaderamente raro. No vayamos más lejos… la misma cara que uno pone cuando visita a los suegros por primera vez y nos ponen para comer algo que no nos gusta.
En la comida mexicana hay un mito. La comida en sí no es picante. La salsa, que por lo general viene aparte, puede serlo. Cuando uno va a un restaurante, al centro de la mesa hay un cuenco con salsa roja, otro con salsa verde, limones, y tal vez un “pico de gallo” (tomate, cebolla, y chile jalapeño picado). Lo picoso de cada salsa varía… en algunos lugares puede ser más picante que en otros. Por eso es clave probar un poco de la salsa antes de colocarla en los alimentos. Eso mismo le habíamos dicho a M. El, confiado en que en otros restaurantes la salsa no picaba tanto, vertió varias cucharadas de salsa verde en su plato. Para el quinto bocado nos dimos cuenta que empezaba a pronunciar mal las palabras… qué qué??? “badada”?.. ahhhh “patata”. Al pobre se le había dormido la lengua, y para evitar el “te lo dije”, intentaba hablar lo más normal posible.
En el sur de la India la comida si que es verdaderamente picante. No hay forma de separar ese sabor de la comida. Verduras picantes, sopa picante, fruta picante, platos picantes, en fin. Una vez pedí una sopa, y para la tercera cucharada ya estaba “moqueando” (y eso que como buena mexicana creo tolerar el picante). Hay también unos dulces muy graciosos. Los dulces están envueltos como en papel aluminio. Lo lógico es quitarles el papel para comerlos, pero me dijeron que no, que dejara el papel, que se comía así. Y bueno, me lo comí. Podía sentir como rechinaban mis dientes. Se supone que eso es bueno para la salud.
La comida española también tiene lo suyo. Recuerdo muy claramente un septiembre del 97. Entré a la cocina de una amiga de Madrid, y en la encimera vi una… pata? A mi me causó “shock”. Hay que tener en cuenta que el jamón llega al continente americano en lonchas y en su bolsita de plástico. Ver una pata (y para alguien que no come cerdo) puede ser un poco duro. Con el tiempo no sólo le he cogido gusto al jamón, sino que ya bromeo en tener mi propia pata en casa. Eso si, la pata va a tener su “pedicure”.
La comida china me encanta. Pero la comida china a la que estamos acostumbrados no tiene nada que ver con la verdadera comida china. Allá no hay nada de rollitos primavera, ni arroz frito. Y yo por más que busqué el pan de gambas no lo encontré. Eso si… por la calle me tocó ver ranas fritas clavadas en pinchitos a forma de “snack”. La gente comía en lugar de una bolsa de patatas una bolsa de trozos de pescado seco.
En China estaba yo en un restaurante, y ya que mis anfitriones conocían perfectamente el menú, yo dejé que ellos pidieran los platos. Comí una variedad de ensaladas, probé arroz de formas que nunca lo había probado, y me ofrecieron carne en salsas agridulces. Confieso ser algo quisquillosa, y pregunté de qué era la carne. Me contestaron que era un “small pig”… osease un cerdito pequeño (traducción literal). Yo hice un esfuerzo y me lo comí. Los filetitos eran pequeñitos, y muy suaves. Ya de vuelta en casa até los cabos sueltos… “small pig”…. “guinea pig”….”small pig”..”guinea pig”. Claro… me había yo comido una cobaya!!!
En resumen, cuando coman estando de viaje, tengan en cuenta que aquí el orden de los factores si altera el producto, porque no es lo mismo comerse un “pig” en Guinea que un “guinea pig”.










