Muchas veces en la vida nos encontramos  con personas con don, “con ángel”.  Suelen ser personas que emanan  una energía   inmensa allá  donde van, personas que desprenden una luz especial a su paso.  No sabría cómo explicarlo, desconozco la razón de este sentimiento,  pero al lado de  esas personas te sientes seguro, feliz, con  calma infinita, inmerso en  una sensación de paz impagable. Sabes que su simple presencia servirá para estar bajo cobijo, para sentirte protegido infinitamente.

Como todas las cosas especiales en la vida, estos no abundan, no es fácil dar con gente así pero os puedo asegurar que estas personas con estrella existen. Mirar  a la cara de  una de estas personas es suficiente para saber que estas ante uno de ellas, esa especial mirada   llena de luz no deja lugar a las dudas.

En el mundo del deporte, como en la vida, también nos encontramos con este tipo de personalidades. Deportistas  tocados por esa varita mágica de la suerte, tipos que cuentan con ese  don que hace que  su sola presencia sirva de amparo para todo un colectivo.

De la misma manera  existen sus inversos, esos deportistas o equipos lacrados históricamente por el mal fario, sensación  de la que cualquier atlético podría escribir toda una tesis. En la vida ocurre lo mismo, personas que se encuentran en el otro lado del espectro, personas que son el equilibrio a estos elegidos.  Personas como Roy Sullivan, que fue alcanzado siete veces por un rayo, o Violet Jessop, quien, a lo largo de su vida, naufragó tres veces, muestran muy a las claras que ese don especial no está al alcance de  todos, personas que como  Elijah Price representaba en el gran film de  M. Night Shyamalan “El protegido”, son el contrapunto a estos iluminados personajes.

El pasado domingo todos pudimos vivir un momento especial, como siempre suele ocurrir cuando nos topamos con uno de estos angelicales tipos. Pudimos observar como un chico con don, con un ángel sobre su cabeza fue capaz de brillar de nuevo en otro  momento decisivo , cuando más  se le echaba en falta.  Y  es que Iker Casillas es uno de esos tipos a los que un día alguien iluminó desde no se sabe dónde, un tipo al que la suerte le sonríe allá por donde va, suerte que recubre todo lo que le rodea.

Cara con facciones eternamente jóvenes, sonrisa tímidamente cercana y  carácter ganador grabado a fuego tras unos guantes que protegen unas manos más cercanas al cielo que a la tierra. Basta con escudriñar  diez segundos en el interior de los ojos de este chico para darte cuenta de que estas  ante uno de ellos, de que fue uno de esos elegidos con estrella infinita.

Su estrella no se ha mostrado esquiva ni tímida. Siempre relució a cielo abierto, ya desde su debut en la temporada 97/98 en Rosenborg , viaje al que fue convocado de urgencia debido  a las bajas de Illgner y Contreras. Un tipo que estando en el instituto es llamado una mañana de clases para debutar en Champions con el Real Madrid tiene que ser uno de ellos, no tengo la menor duda. Desde ese día su carrera y su ángel se han mostrado imparables.

Quien no recuerda aquella final en Glasgow  contra el Bayern Leverkusen, aquella final de la novena madridista.  Todos los que vimos aquel partido sabemos que allí ocurrió algo especial, el destino estaba marcado. Ese” ángel de la guarda” partía desde el banquillo en esa final, a la sombra de un Cesar que se había hecho con la titularidad en la portería. Otra vez la estrella de este chico puso  todo a su favor. Cesar se lesiono durante el encuentro e Iker, tocado por los dioses, saltó al terreno de juego con la tranquilidad de sentirse único. En plena tormenta alemana, cuando el equipo blanco peor lo pasaba, volvieron a aparecer esas manos divinas para alegría y estupor de todo el que lo rodeaba. Un tipo que sale de suplente en una final de Champions y se convierte en el héroe del partido solo puede ser uno de ellos.

Con la selección su leyenda no ha hecho nada más que crecer. Su presencia en el combinado nacional ha coincidido con la época dorada del fútbol español ¿casualidad?.

Basta con analizar los dos últimos torneos internacionales de España para no tener dudas.

Un tipo que es capaz de cargarse de un manotazo la leyenda negra de un país como este tiene que ser especial. Un chico que es capaz de convertirse en el  héroe de  una  tanda de penaltis contra nuestro más odiado rival en unos cuartos que hasta entonces eran fatídicos tiene que tener un don.

Un portero que es capaz de volver a aparecer en unos cuartos de un mundial, mientras la crítica se asomaba  a su ventana, agarrando un penalti cuando todo se ponía negro y consigue ofrecernos  la llave de la puerta que lleva a las semis de un maldito torneo como este  tiene que ser uno de ellos, está claro.

Es  lo que tienen este tipo de personas, que siempre aparecen. Como Superman en camino  de su rescate diario, siempre encuentran una cabina a la vuelta de la esquina para poder realizar su cometido. Para ellos es algo natural, algo que está en su propia existencia y que le da sentido a su vida, para  ellos  es como otro día más en la oficina.

La leyenda de “El protegido” del fútbol español sigue alimentándose. Como ocurría en la película de dicho nombre ,nuestro protagonista, nuestro David Dunn particular, es uno de esos tipos  que parecen  aislados del resto, que viven en su particular estrella, tipos cuya existencia se limita a poner en práctica ese don para beneficio de todo aquel que le rodea. Una existencia más cercana al mundo del cómic y los superhéroes que al mundo real.

Y es que estoy seguro de que estamos ante uno de ellos.