El taxista del corazón
feb 23
Levanté el brazo, al borde de la acera. Empezaba a llover y hacía un frío que te helaba hasta las entrañas. El taxi se detuvo a escasos centímetros de mis pies. Abrí la puerta y me dejé caer sobre el sillón. Me dejé caer, medio empapada y tiritando de frío. El taxista me preguntó sin apenas mirarme a los ojos mi destino. Se lo dije y apretó el acelerador como si de ello dependiera su vida.
Durante el trayecto me iba fijando en el interior del coche. Se trataba de un coche bastante gastado. De asientos descoloridos y tapicería llena de imágenes y recuerdos. Cuando bajé la vista y vi aquel corazón fue inevitable sonreír. Era el molde de un corazón. Un corazón perfecto. Y estaba allí, esperando yo que sé: que alguien depositara unas monedas o un corazón -pensé- imaginándome que los usuarios de ese taxista le pagaban con corazones, y no con dinero.
Entonces, me llevé la mano al pecho, preocupada.
Él se debió de dar cuenta. Sus ojos eran sus espejos. Y me observó todo el rato. No reparé en ello. O sí, pero me daba igual. Él parecía un hombre tranquilo. No sonreía, pero tampoco se veía tristeza en su rostro. Debía de tener 35 años. Pero cuánto más le miraba más intriga me provocaba.
Y fue en un instante, que bajé de nuevo la mirada hacía el corazón perfecto que allí había colocado.
- ¿Te ha gustado el corazón? -me preguntó, sin mirarme-.
Respondí sincera.
- Me gusta mucho. Pero no sé para qué sirve.
Se hizo un silencio, que podría decir, que era agradable. Pero yo esperaba una respuesta. Una sonrisa por su parte. Unas palabras. Sin embargo no obtuve nada.
El trayecto finalizaba. El taxista detuvo el coche cerca de la acera.
- 4,20 -dijo-.
Busqué dinero en mis bolsillos. Y dejé, con mucho cuidado, sobre aquel corazón cinco monedas de euro.
- Quédese con el cambio -le dije, sonriente-.
El hombre me miró como en todo el trayecto no lo había hecho. Incluso podría decir que sonreía. Bajé del coche, diciéndole adiós, y en ese preciso momento el hombre me detuvo con su voz. Así que asomé mi cabeza dentro del coche para ver qué quería.
- Mi hijo necesita un tratamiento en una clínica muy cara, para salvar su vida. Este dinero que tu has dejado “de corazón” se utilizará para pagar ese tratamiento. Muchas gracias.
Saqué mi cabeza del coche, y éste arrancó y desapareció de mi vista.
Quedé pensando en que si yo le hubiese entregado el dinero en la mano, no hubiese conocido esta historia. Ni hubiese podido escribirla hoy.
Espero que su hijo tenga suerte y que mucha gente pague de corazón.
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