Continuamos con la segunda entrega de la serie de entrevistas realizadas por Salvador Vanjelio a políticos del Congreso de los Diputados.

Hoy hablamos con Santiago Cervera Soto miembro del Grupo Popular.

“Cuando Zapatero llegó a la presidencia, alguna gente perdió el tiempo cavilando si era tonto o malo.”

Santiago Cervera miembro de Grupo Popular.

Santiago Cervera miembro de Grupo Popular.

LA ISLA TUERTA: Santiago Cervera Soto tiene sólo 44 años, pero su carrera política ya ha dado muchas vueltas. Fue concejal en Iruñea con 23 años, senador con 28, y portavoz del Gobierno navarro y consejero de Salud con 31. ¿Podría resumir su larga vida política?

SANTIAGO CERVERA: (Previo: la ciudad de la que fui concejal se llama Pamplona)

El resumen cronográfico se puede consultar en cualquier sitio. Efectivamente, era concejal antes de acabar la carrera de medicina, luego fui senador y más tarde consejero de salud del Gobierno de Navarra. Entonces, en el 2003, decidí dejar la política y estuve trabajando cinco felices años fuera de ella. Volví porque se me propuso encabezar la lista de UPN – PP al Congreso en el 2007. Y aquí estoy, ahora como portavoz adjunto y encargado del área social en el grupo parlamentario.

Pero tal vez el mejor resumen es e otro tipo, más emocional o cualitativo, según se quiera decir. Ahí meto dos cosas. Una, que me han dado muchas oportunidades para aprender qué es esto de la política. Dos, que justo por eso ahora debo ser especialmente responsable en lo que hago. Después de estos años, creo que ahora estoy haciendo lo más importante que me ha tocado en suerte, intentar que termine cuanto antes la era nefasta de Zapatero.

LIT: En algunos medios de comunicación –sobre todo en los blogs, foros y, últimamente, en El País y en la Ser- se pide, a veces de forma clara, la vuelta de un Presidente con autoridad. ¿No es éste un Presidente con autoridad? ¿Esconde algo esta campaña justo ahora?

SC: Cuando Zapatero llegó a la presidencia, alguna gente perdió el tiempo cavilando si era tonto o malo. Es obvio que tiene autoridad, incluso la ha tenido para generar un paradigma político nuevo, que le ha dado éxito. Su capacidad de hacer de la improvisación toda una praxis política, su actitud relativizadora de cualquier cosa, su manejo de las interrelaciones del poder, el modo en que maneja las estrategias de comunicación… todo ello conforma un modelo transgresor que ha tenido éxito en una sociedad como la española. Claro que eso conforma una autoridad, aunque sea una autoridad diferente a la clásica. Pero el modelo de Zapatero está ya agotado. Los mismos socialistas saben que ya nunca más ganará elecciones. Por eso vivimos un momento importante de inflexión social sobre el fenómeno ZP. Y frente a esta realidad social, cualquier supuesta campaña –mediática o política- palidece. La sociedad también va por delante en ello.

LIT: En EEUU cuando Busch hijo invadió Irak los demócratas opusieron una templada resistencia, ahora la agresividad con la que la oposición carga contra la reforma sanitaria del presidente Obama es terrible y a la vez caricaturesca. Salvando las diferencias, en la UE sucede lo mismo ¿Es un problema de derechas e izquierdas?

SC: (Supongo que se refiere la pregunta a Bush)

Eran mayoría los demócratas que apoyaron la intervención en Iraq, que nadie se equivoque. El propio Obama, by the way. Y ahora, en la reforma sanitaria de Obama, la oposición fundamental está en la calle y también en ciertos lobbies. En la Cámara de Representantes y en el Senado americano hay también demócratas que van a ser definitivos para modificar la idea inicial de su presidente. Como verás, me parece que el maniqueismo implícito en la pregunta es contrario a la realidad tal cual se presenta a través de los hechos. Por cierto, ¿cómo sabes que la oposición a la reforma sanitaria es “terrible”? ¿Por un par de fotos raras que han llegado aquí? El tema es bastante más serio, y a mi me encanta ver que una sociedad debate vivamente las cosas que les afectan. Aquí todo se despacharía con un discursillo cursi de Zapatero y la persecución dialéctica de la opinión discrepante. Véase el ejemplo de la energía nuclear o la fiscalidad tipo “que los ricos paguen la crisis”.

LIT: El 03 de septiembre escribe en su blog (refiriéndose a la política del Gobierno): “Es todo pura improvisación, pura inconsistencia. Trilerismo. No admite análisis alguno. Es la causa por la que vamos a la deriva. (…) Vamos directos de la crisis a la ruina.” ¿No le parece que es excesivamente crítico, casi apocalíptico? ¿Lo explica?

SC: Lo explico fácil. Uso Internet para expresarme libremente. Preferiría no escribir que hacerlo restringiendo mi libertad o supeditándola a la “corrección política” que parece debemos asumir por defecto quienes ocupamos un cargo público. También El País tituló en portada “A la deriva”, ¿no? Humildemente, pienso lo mismo, y los hechos parecen darme la razón.

LIT: La proposición de ley, que el PP pretende presentar en el Congreso este mismo mes, incluirá la solicitud de “reducir la edad penal a los 12 años de los menores que sean multirreincidentes o que cometan delitos de especial gravedad como violaciones o asesinatos.” ¿Cree que rebajando la edad penal se solucionaría el problema?

SC: Los problemas sociales complejos no se resuelven escribiendo leyes. Pero la medida puede ayudar a marcar un ámbito de responsabilidad mayor, que es condición necesaria (aunque no suficiente) para que la delincuencia juvenil se reduzca. Por cierto, es la misma edad penal que existe en Holanda, a todas luces tierra de libertades y derechos civiles.

El diputado en un acto público.

El diputado en un acto público.

LIT: Aclara usted: “Somos conscientes de que hay que saber poner en marcha medidas no sólo punitivas, sino también preventivas y rehabilitadoras.” ¿Cuáles?

SC: Varias. Por resumirlo mucho: medidas educativas que favorezcan la formación de la personalidad y el sentido de la responsabilidad, y además determinadas medidas de abordaje médico en los casos en que sea necesario, especialmente en el campo de los llamados comportamientos disruptivos.

LIT: ¿No cree que el papel de la oposición consiste, también, en acercar posiciones y negociar, cediendo incluso en algunas cuestiones concretas, con el Gobierno?

SC: Claro que lo creo. De hecho, esa es la labor cotidiana en un parlamento, aunque no lo parezca. Cualquier tarde se celebra una comisión parlamentaria en la que se transaccionan enmiendas o propuestas en ese estilo de acercamiento al que se hace referencia. Pero también es verdad que en algunos asuntos no es posible. Y más diría yo. En algunos asuntos es incluso inconveniente. No es malo que los ciudadanos tengan referencias de unas ideas y otras, incluso abiertamente contrapuestas, para que puedan elegir. En eso consiste la democracia.

LIT: Una verdad mil veces demostrada: La alternancia en un gobierno es primordial para mantener a una democracia. ¿La forma de llevar la crisis –incluso el Presidente reconoce algunos errores- no es motivo suficiente para ir pensando en una próxima alternancia?

SC: El momento político actual es muy interesante, como decía antes creo que vivimos en un punto de inflexión social (dicho en román paladino, la gente está harta). Poca gente queda ya que confíe en que el gobierno pueda llevar España por un rumbo mejor. Nosotros no debemos perder la oportunidad de liderar a la sociedad en su afán por tener unas perspectivas mejores, económicas y sociales. Incluso los socialistas se han dado cuenta de que con Zapatero ya no volverán a ganar elecciones. Esa es la explicación de algunas de las cosas que están pasando.

LIT:  De todos es conocida la buena relación que tiene usted con la cúpula del PP mientras el partido parece pedir a gritos savia nueva. ¿Qué aportaría usted si hubiera alternancia de Gobierno?

SC: Nada distinto de lo que ya estoy aportando ahora en mi escaño, supongo. Las personas no cambiamos… Siempre me he planteado la política como un reto intelectual, no hay que perder oportunidades de reflexionar sobre las cosas que pasan en la sociedad, sus causas, consecuencias y lo que la política puede influir en todo ello. De manera que me gusta mucho vivir la política en esta parte de la historia humana, con la enorme capacidad que tenemos ahora de comunicarnos e informarnos. Odio la petulancia, el autoritarismo, la hipocresía y la mediocridad. Procuro, por tanto, ponerme en la antítesis de esas actitudes. Alguien le llamaría política 2.0. Puede ser.

LIT: Algunos expertos en la materia, entre ellos Carlos Berzosa, rector de la Universidad Complutense, son partidarios de recortar el gasto militar retirando las tropas de Afganistán. ¿Ahora es el momento?

SC: Sinceramente, no lo sé. No sé qué alcance tienen los compromisos que España ha adoptado en ese asunto, ni las compensaciones que nos pueden llegar por esa vía. Pero si el análisis es exclusivamente económico, tampoco es lo de menos considerar que un mundo más seguro es hipotéticamente también un mundo más eficiente en sus flujos económicos y con mayores oportunidades.

LIT: “Bajar los impuestos es de izquierdas” (Zapatero). “Subir los impuestos también es de izquierdas” (Manuel Chaves). “Subir los impuestos en época de recesión es una barbaridad” (Santiago Cervera, en su blog.). ¿En qué quedamos?

SC: Como corresponde, yo me quedo con lo que yo digo. Creo que en general pagamos muchos impuestos, y que además hay muy poca costumbre de rendir cuentas de manera sincera sobre lo que se hace con ellos, eso que los sajones llaman el “accountability”. Admiro la capacidad que han desarrollado en otras latitudes de contarle los pelos a una gato en materia fiscal, esa conciencia del contribuyente que por aquí no existe. Por aquí se estila más al adocenamiento. Me gusta aquello del “No taxation without representation” de la revolución americana. Me gustaría que se midiera mejor la eficiencia del gasto público y que el gestor político sintiera en su cogote el aliento de tantos millones de contribuyentes.

LIT: ¿Cómo debemos resolver lo de la prostitución? ¿Se regula?, ¿Se prohíbe?

SC: Me impresionó leer hace años un informe del Home Office británico que desmontaba bastantes mitos al respecto. Se llamaba “Paying the price”. Me sirvió para reflexionar sobre el asunto desde una perspectiva liberal, según la entiendo. Tengo escrito que la prostitución hay que respetarla cuando se produzca sin coacciones, fuera de cualquier red delictiva. Y en ese caso, lo adecuado es legalizarla sin ningún tipo de hipocresía.

LIT: La ley de dependencia siempre en el ojo del huracán. ¿Hay alguna forma – o fórmula-para que despegue de una vez?

SC: Esa ley nació mal. Se parió un gran engaño. Recuerdo que cuando Calder la presentó, hizo una rueda de prensa en su ministerio con un cartel detrás que decía “La dependencia, un nuevo derecho”. Hace falta ser zote y demagogo para plantearlo así. La dependencia no es ningún derecho. Si acaso, es un riesgo en el que podemos incurrir –no todos vamos a ser obligadamente dependientes- y al que la solidaridad pública debe dar determinadas soluciones. Pero la ley que hizo Caldera era pretenciosa y a la postre incumplible. Se hizo en los tiempos en que Zapatero surfeaba a sus anchas, los años de la ficticia opulencia económica de España. Y después de haber generado tantísimas expectativas, ahora se ve que es prácticamente inaplicable.

LIT: Leo en la prensa nacional: “El país y la Ser se suman a la campaña mediática del PP contra la política del Gobierno socialista” ¿La política –como el matrimonio- hace extraños compañeros de cama? ¿O son los negocios?

SC: He sido tertuliano de la Ser, con Carles Francino. Y me he sentido siempre absolutamente libre para decir lo que he considerado oportuno en cada momento. La Ser y El País son dos grandes medios de comunicación, que hay que respetar hasta el final, igual que a cualquier otro, porque nuestra democracia se basa en un sistema de opinión pública al que contribuyen los medios. Y ese respeto consiste en aceptar la diversidad de líneas editoriales que puedan existir. Si ahora Prisa le zumba a Zapatero, tiendo a pensar que es porque se lo merece y se han dado cuenta de ello, no que haya necesariamente negocios de por medio.

LIT: Ya sé que hace mucho tiempo desde aquello y que la polvareda que levantó ya se ha asentado, pero, desde una perspectiva distinta, podría explicar qué ocurrió con la marcha suya de UPN.

SC: No me compararé con Churchil, pero tengo la convicción de que tuve que cambiar de partido (de UPN al PP) para seguir defendiendo las mismas cosas. Sufrí una acción caciquil, la de alguien que consideró que le pertenecía la voluntad de los ciudadanos y que yo me iba a limitar a obedecer caprichos e insensateces. Me robaron el proyecto político en el que milité durante 27 años, y pasé al PP, que representa y actualiza mis ideales. Al cabo de un año, UPN se ve más aislado, famélico y desnortado. Yo estoy satisfecho de lo que hice, pero sigo perplejo por lo que pasó.

En pleno día de trabajo.

En pleno día de trabajo.

LIT: El 19 -20 de septiembre hubo un Congreso de juristas católicos en la sede de la Universidad de San Pablo CEU. En su lección magistral monseñor Rouco Varela afirmó que “no se puede legislar en contra de la ley de Dios”. Dos cuestiones. Primera ¿En cualquier democracia qué es más importante, la ley emanada del pueblo o la ley de Dios?

SC: Vaya pregunta. Lo que vale es la ley que emana del pueblo. Y que Rouco diga lo que quiera, que yo también defiendo que hable en los términos que le dé la gana. Y que le escuche también quien quiera y que quien quiera escucharle decida si interpreta esas palabras de una manera u otra.

LIT: Segunda: ¿Cómo se armoniza esta afirmación de Rouco con el concepto de independencia judicial?

SC: La independencia judicial se basa en la conciencia de los jueces que juzgan de acuerdo con la ley, exclusivamente. Forzosamente, la ley emana de la libertad y la conciencia de los hombres. Poca discusión queda entonces, Pero en fin, me da bastante pereza comentar las cosas que diga o haya querido decir Rouco. Él a lo suyo, los demás a lo nuestro. Y todos contentos.

LIT: El presidente de la Sala de lo Contencioso Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, Alfonso Sabán Godoy afirmó en junio de 2007 que “España es un alto semillero de corrupción, abonado por la facilidad con que se acepta la intervención de lo público y el pensamiento sectario”. ¿Qué ha cambiado desde entonces?

SC: En dos años, si han cambiado cosas en esa materia, ha sido a peor. En España existe corrupción, sí. Pública y privada, pecuniaria y actitudinal, franca y oculta. Pero para saber que quiso decir ese señor convendría leer el párrafo entero. Seguro que lo dijo en un determinado contexto. Me interesaré por ello.

Entrevista realizada por Salvador Vanjelio en exclusiva para laislatuerta.org

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Para saber más puedes visitar su web santiagocervera.blogspot.com
Imágenes: Cedidas por el entrevistado.
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