La suerte de la fea, la guapa la desea. Está claro que el refranero español está cargado de sabiduría, pero cuando te queda más patente es cuando oyes a maravillosas mujeres bellas cual modelo de pasarela, quejarse sobre si mismas como si estuvieran cargadas de toda la fealdad del universo.

Pensamiento Positivo.

Pensamiento Positivo.

Mi madre, que es la mujer más sabia que conozco, siempre me dice: “Hija, no hay nada como tener el coco sano”, y a medida que pasan los años me doy cuenta de cuanta razón lleva encerrada una frase tan simple.

De las pocas cosas geniales que te otorga la edad es el conocimiento y dejar atrás la estupidez de la adolescencia. Lo malo es cuando ves mujeres hechas y derechas que aún llevan a sus espaldas ese bagaje de la edad del pavo y que no lo dejan atrás cuando el acné desaparece.

Dicen que hay que quererse a uno mismo para que te quieran los demás y yo añado que hay que gustarse también.

Yo, al igual que el 99% de la raza humana, arrastro las taras genéticas que me dejaron mis antepasados. Ya sea cadera ancha, poco pelo, manos pequeñas o la altura de David el Gnomo, son algunas de las quejas más frecuentes y no lo podemos cambiar. Le sacamos partido a la virtudes e intentamos minimizar los defectos pero no podemos dejar que nos coman la vida.

Lo que me quema es, que mujeres sacadas sin apenas tara alguna, decidan obsesionarse por cualquier estupidez como un gramo más cuando pesan 50 kilos y miden 1,70 o que cambiarse el color del maquillaje va a ser la solución definitiva a sus problemas de belleza, cuando son mujeres de pasarela.¿Qué les pasa? que no se gustan.

Yo lo digo alto y claro: no soy alta, no soy guapa, ni tengo el peso o cuerpo ideal pero me gusto a rabiar. Ahí radica el éxito o fracaso de muchas personas y no pienso caer en un fracaso absurdo porque mi genética me dejó en el 1,63 según mi médico 1,65 según mi memoria. ¿He menguado? pues menos problemas si me quedo encerrada en una cueva.

I love me.

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Web del autor: Lorena Gil

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