Ante todo, considero un deber con los hacedores de La Isla Tuerta, disculparme por la falta de continuidad de mis entradas, pero sucede que –a veces- uno necesita tomarse algo de tiempo para poder ofrecer lo mejor de sí mismo en cada escrito.

Han sido días difíciles y duros en Sudacaland (¡Cuándo no!, dirá Ud., lector.) pero no hablo por falta de costumbre.

Más de una vez uno le pide a sus gobernantes que estén a la altura de las circunstancias, legislando, gobernando para más de un período electoral. Uno les pide que sean estadistas pero – generalmente- no les da.

En otras ocasiones uno se encuentra con agradables sorpresas, como la de esta madrugada, donde la Cámara de Senadores aprobó el matrimonio igualitario en nuestro territorio.

Fueron muchos años de lucha de la Comunidad Homosexual Argentina y otras entidades representativas gay-lésbicas. Un proyecto creado y presentado por la legisladora Vilma Ibarra, que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, a través del INADI (Instituto Nacional contra la discriminación, la xenofobia y el racismo) supo apoyar como nunca otro.

Convertirse en el décimo país en el mundo en legislar por la igualdad completa, el primero en América latina, nos hace sentir un lícito gran orgullo.

Hoy será un día como cualquier otro en Sudacaland, porque si bien nuestros representantes pudieron distinguir esta vez entre urgente e importante, ninguna ley hace que la vida cambie demasiado por su sola existencia.

Sin embargo, muchos de nosotros, nos sentimos orgullosos de ser parte de esta historia. Gracias a todos los que lo hicieron posible.