La Magia
Dic 4
Es posible que la casualidad, o el azar, tengan mucho que ver con el hecho de que yo fuera este fin de semana al Hocus Pocus, festival de magia que se ha celebrado en Granada, ciudad donde vivo. Y sí, fue el azar, o fue la casualidad las que me hicieron asistir al espectáculo, ya que la magia no es un género (¿un arte?) del que me sienta muy afín, y mucho menos, me considere aficionado. Pero allí estaba yo, preparado para ver varios espectáculos, y al fin y al cabo, preparado para que me sorprendieran, y me engañaran, y claro está, yo intentara descubrir donde estaba el truco.
¿Va de eso la magia, o no?
Lo de la magia, para bien o para mal, no ha cambiado mucho con el paso de los años. El conflicto con el espectador sigue siendo el mismo desde hace siglos. A base de la creación de imágenes, en algunos casos de gran belleza, el mago intenta con sus trucos hacer ver al espectador que lo que ocurre en el escenario es algo sobrenatural, y que transgrede todas las leyes de la naturaleza; en muchos de los casos, el espectador, hipnotizado por lo que ve, por las luces, por los fuegos de artificio, y por el efectismo del espectáculo, no es capaz de ver lo más sencillo de todo, y es que, todo es mentira. Al fin y al cabo, la magia no difiere mucho de otras artes: todas tienen su buena base de mentira, sólo que en muchos casos, a los magos, a los artistas, no se les ve el truco, ni los hilos.
¿Entonces, por qué no me gusta la magia?
Creo, o intuyo, la razón por la que nunca me ha interesado profundizar en el mundo de la magia: la magia se queda en la superficie, en el efecto, en la sorpresa momentánea, que es fugaz, y que, lamentablemente, no deja un poso para la reflexión, base para que las obras de artes perduren en el tiempo.
Si no me gusta la magia, habrá que buscarla.
Preparando esta entrada busco comparativas; ¿En qué se parece la magia al cine, si se parece en algo, o a la literatura, o a la música?. ¿Hay buenos magos en estos campos?
En el cine, la magia me suena a efecto especial, a guión enrevesado, a películas que la mayoría de las veces no iría a ver, pero también, por otro lado, aparece en mi cabeza el nombre de Michel Gondry, y pienso que Gondry, tanto en los videoclips como en el cine, hace magia con la cámara, y es el mejor de los magos, el que más trucos usa, el más efectista, y sin embargo, a la vez, el más efectivo.
Intento buscar la magia en el libro que leo, un libro curioso, de viajes, Historias de Nueva York de Enric González. La magia, en el peor sentido de la palabra, no se encuentra en el libro de Enric. No hay efectos, ni giros complicados, ni historias rocambolescas; la forma de contar de Enric González es clara, concisa, verdadera, y esto es lo que la hace interesante. Enric, sin prisas, a su ritmo, cuenta la Nueva York que él vivió mientras trabajaba para el diario “El País”, lo poco o mucho que le pasó; cuenta su Nueva York, y sin embargo, al contrario que lo que le pasa a muchos otros escritores que intentan contar lo máximo acerca de la ciudad, Enric hace magia, y la muestra completa, sólo y exclusivamente con la sencillez de su escritura, con las pocas historias que comparte con nosotros. Un libro entretenido, ameno, y en el fondo, mágico.
!La encontré!
Quizá ahí radique la verdadera magia, en la sencillez, en el hecho de contar sin parecer que estas contando, en creer que escribir, o rodar una película, o grabar un disco, es algo que todo el mundo puede hacer con maestría, cuando sólo unos privilegiados, los grandes maestros, pueden hacerlo.
Me quedo con estos magos, al fin y al cabo, vivo cada día con ellos, y los conozco, y me divierten, entretienen, y, sí, también me hacen la vida divertida.
¿Para eso sirve la magia, o no?
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