La paradoja del personaje
ene 19
Odio las normas, así que, hablemos de ellas.
Es una norma para contar historias que cuanto más se parezca la historia a la vida real, más creíbles sean los diálogos, y más parecidos a arquetipos de la sociedad nuestros personajes, habrá más identificación por parte del espectador, o el lector, y por lo tanto, más se emocionará, que en el fondo, es lo que queremos conseguir.
Norma: El cine se tiene que parecer a la vida.
Tampoco quiere decir que seguir estas normas nos van a dar grandes historias, o alejarse de ellas, que también se hace, nos va a dar malas historias. Todo se puede romper, y no hay por que seguir un camino: al igual que en la vida, también lo podemos romper.
Hay una norma, en el cine, no en la vida, que casi nadie se atreve a romper. Se trata en la creación del personaje principal. La norma dice que el personaje principal tiene que elegir, siempre, tiene que tomar decisiones que lo muevan a través de la historia, tiene que decidir por él mismo de entre todos los conflictos que le serán planteados a lo largo del largometraje.
Norma: El personaje siempre tiene que decidir por él mismo.
Resulta paradójico, que una norma en el cine como ésta, no se acerque a la realidad, ya que, decidir, ya sea en momentos de presión, o estrés, como en momentos de tranquilidad, es una de las cosas más difíciles que se le plantean al ser humano. Quizá la paradoja sea esa, y necesitemos ver a gente decidida en el cine, gente que elige su destino y lo lleva hasta el final, y que no tiene miedo a equivocarse. El otro día me contaban incluso que esto de lo que hablo es una “patología” (no sé si esto es correcto, no soy psicólogo, y aún no los visito) y que, había mucha gente que se trataba exclusivamente para curarla.
Así que la norma se rompería siempre, porque si los guionistas la siguieran, tendrían que estar siempre presentando a gente con la imposibilidad de elegir, o desde luego, con el planteamiento de la duda en su elección. Y esto, que es norma, se vuelve excepción, aunque también las hay.
Norma: El personaje siempre tiene que cambiar al acabar la película.
Uno de mis personajes favoritos de la historia del cine es el que interpreta William Hurt en la estupenda “El turista accidental”, de Lawrence Kasdan. El personaje es un escritor de libros de viajes, que tras la pérdida de su hijo en un accidente, su mujer decide dejarlo, y él va a vivir a casa de sus hermanos. El personaje se mueve en su universo sin decidir nada: una mujer se enamora de él, y lo mueve a quererla, su editor lo mueve laboralmente, e incluso su perro lo traslada al hospital. Sin embargo él nunca cambia, todo gira, excepto él. Preciosa película, y muy recomendable.
Norma: No hacer caso de las normas.
Quizá porque ese personaje me gusta tanto, o porque a mi mismo me cuesta tomar decisiones (quizá debería hacerle una visita al dichoso psicólogo) me interesan muchos éste tipo de caracteres, y los busco en las películas que veo, y cuando los encuentro, las películas me parecen incluso mejores de lo que son.
Estos días, en las carteleras, se encuentra un personaje que no elige, el creado por los hermanos Cohen en “Un tipo Serio”, su última y estupenda película. Es curioso el universo de los Cohen, ya que, son capaces de pasar de películas con un trasfondo tan incómodo como el de No es país para viejos, a hacer una comedia costumbrista sobre una familia judía, y además, crear algo que nunca se había visto antes, al menos, a mi me parece una película diferente.
Norma: No dejes que la realidad te estropee una bonita historia.
Quizá, hay que seguir la norma, o romperla, o escoger lo que más nos interese. No hay respuesta, claro está, porque, para hacer buen cine como el que hacen los Cohen se necesita también del oficio de contar, del que ellos ya van de sobrados. Para los que los seguimos desde hace ya unos añitos, ver sus películas se convierte cada dos años en algo diferente, a veces en una catarsis reflexiva, y otras, en una carcajada absurda, o en un ejercicio de diversión. Lo bueno de tener oficio, es saber que cambiar también es bueno.
Vayan al cine y vean Un tipo serio, y rescaten El turista Accidental, no se arrepentirán de encontrar a personajes tan maravillosos, tan complejos, y con la capacidad de no poder decidir. Nos pasa a muchos.










