Voy escapando del río de gente que invade las calles tucumanas estos días previos a la navidad. El gobierno ha inyectado sus divisas de paz social monetaria y todos salen a gastar las últimas gotas de dinero antes que termine el año. Las calles adornadas con dorado y rojo solo incrementan el calor y los Santa Claus abrigados en los comercios duplican la apuesta de sudor en estas tierras donde el calentamiento global da muestras de ser cierto.

Tuve un día lleno de locura y ansiedad en el trabajo. Necesito sacar la cabeza fuera de esta biosfera de consumismo que parece una enredadera de manos y pies.

Si hay algo bueno en el camino entre mi casa y mi oficina es el Museo Provincial de Bellas Artes. Su arquitectura francesa es realmente bella. Desde sus enormes puertas abiertas, me llama con su silencio.

Dos pesos… y adentro. (Aunque creo que los museos deberían ser de acceso gratuito).

Paz del museo - Mario Albarracin.

El contraste auditivo que se experimenta en su interior es notable, es como si entrara a otra dimensión.

No hay nadie.

Esto ya lo he visto varias veces. Aunque disfruto del atmosférico silencio, se que el precio de esta paz está pagado con años de olvido en la difusión de las Artes Plásticas y que los lugares de esparcimiento y cultura ahora son los Shoppings y los Centros comerciales donde las familias acuden a disfrutar de los avances de la moda y la tecnología, mientras disfrutan de algún cafecito entre miles de mesitas con amigos, mientras reniegan de que este país no avanza.

Las personas han mutado sus necesidades interiores por un materialismo vacío que no les permite pararse en la paz de un museo y emocionarse frente a una obra de Arte.

Seguiré escapando hacia las avenidas interiores del sentimiento. Alguna vez volveremos a mirarnos para adentro de nosotros mismos.

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Web del autor: Mario Albarracín

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Imágenes: Cedidas por el autor.
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