La VergüenzaEn la corrosiva y divertida Bruno, el materialista protagonista, el mismo Bruno, un presentador Austriaco gay, se va a África a adoptar un niño, cosa que finalmente consigue al cambiarlo por un Ipod. Bruno, en ese momento de la película quiere ser padre, claro, que ser padre para él es una necesidad vital comparada a la de comprarse unos pantalones de marca, o conseguir lo último.

Todo está exagerado en la película de Bruno, sin embargo, entre esa exageración, sí que existe algo de verdad, y es que, en la sociedad que vivimos, donde lo material prima, nuestra forma de avanzar en la vida cada vez está más asociada a lo que compramos, y podemos enseñar, ya sea un nuevo apartamento, o un flamante televisor de plasma, o un nuevo hijo, sea adoptado en el caso de Bruno, o biológico.

José Antonio Marina ya hacía una reflexión sobre esto en su estupendo ensayo, Las Arquitecturas del deseo. Creemos buscar la felicidad, y en nuestro futuro imaginado para encontrarla, un hijo puede estar también entre nuestros deseos de futuro.

El tema es complejo, y mucho más complicado, así que, yo lo dejo ahí, ya que sólo lo necesito para hablar de una estupenda película, La Vergüenza, de David Planell.

En La Vergüenza, un matrimonio joven en el que ella es estéril, decide acoger a un niño, para más tarde, tener la posibilidad de adoptarlo. El niño además, necesita ayuda especial, ya que es hiperactivo, y varias familias lo han devuelto al no saber cómo educarlo. La presión en la educación del niño, la inmadurez por parte de los padre, e incluso, una trabajadora de servicios sociales que los juzga, hacen un cóctel explosivo, donde las preguntas surgen sin muchas respuestas. ¿Estamos preparados para ser padres, o se nos educa para creer que tenemos que serlos?.

Quizá, como ya digo, todo es más complejo, quizá no, quizá sea todo más sencillo, ya que, para ser padres no hay un manual, al igual que tampoco lo hay para ser hijos. Quizá todavía, como le pasa al protagonista, no hemos abandonado nuestra edad joven, para enfrentarnos a ser padres, o quizá nunca la abandonemos, y criemos a niños siéndolos también nosotros.

La Vergüenza

Os dejo la recomendación, que es interesante, y por desgracia, es una película que no ha visto mucha gente. Vale la pena, al menos, para invitar a la reflexión.