Lazarillos
Mar 12
En estos días, revueltos como de costumbre, suene un nombre para darle autoria a el Lazarillo de Tormes: Diego Hurtado de Mendoza. El nombre no dice mucho, y menos nos dirá a los que ya leímos y estudiamos el Lazarillo en la escuela, y que, por lo tanto, lo conocimos como una obra anónima, y por mucho que queramos, siempre quedará así en nuestra curiosa y olvidadiza memoria.
Creo, o pienso, en estos días revueltos como de costumbre, que la obra del Lazarillo de Tormes está infravalorada, y que el género al que perteneció, Los Pícaros, o Picaresca, género por otro lado exportado desde España, está incluso más infravalorado que la misma obra, ya que nos olvidamos que en España la picaresca está a la orden del día, y que los pícaros no son del pasado, sino que habitan entre nosotros; me atrevería a decir que en todo español hay un pícaro dentro, al menos, un pícaro incipiente.
El pícaro roba, casi siempre al rico, con torpe inteligencia, para vivir, o como en los tiempos que corren, para hacerse más rico. El pícaro es listo, y por eso gusta, y por eso se le perdona, también en la actualidad, donde al pícaro se le saca en la televisión, y se le paga porque cuente cómo ha sido su vida picaresca. El pícaro sabe que un día todo acabará, el lucrarse con el dinero ajeno, y por eso se llena rápido los bolsillos, e intenta correr para que nadie le pille. El pícaro es torpe, y a la vez es listo, y sabe que ser pícaro es la única salida que tiene.
Hoy los pícaros están en todos lados; en los Ayuntamientos, donde cada uno intenta llevarse lo que puede, o en las televisiones, donde se usan a los espectadores para sacarles el poco dinero que tienen. También en los Gobiernos, y en miles y millones de empresas que saben aprovecharse de los consumidores. No son algo pícaros las compañías de telefonía Móvil e internet.
Siempre queda la esperanza de que en España haya gente que viva y trabaje honestamente, sin intentar quedarse con nada, y pensando en el bien común, tan denostado y maltratado en los tiempo revueltos que siguen corriendo, pero que, sin duda, será la única salvación para que todos podamos vivir algún día en armonía, sin miedo a que alguien nos pueda robar, o engañar.
España es un país de Lazarillos, y lo peor, es que no sabemos que lo somos, simplemente nos hemos acostumbrado a creer que las cosas se hacen así, y que si le podemos robar un euro al vecino para quedárnoslo nosotros estará bien, porque, así lo hemos aprendido. Así lo hemos creído. Así lo seguiremos haciendo.
Si Diego Hurtado de Mendoza escribió el Lazarillo de Tormes, sin duda, captó el espíritu Español, y supo, con el mayor de los artes, radiografiar a un arquetipo que, desgraciadamente, cada día abunda más.
Y será muy difícil de parar. Esperemos entre todos hacerlo.










































































































