LONDON RIVER, de Rachid Bouchareb: PAÑOS CALIENTES PARA LAS BOMBAS
jul 22
Antes de nada: este medio año cinematográfico, puesto sus películas de género -ya sea en 3D o no- han resultado irrelevantes casi en su totalidad, está presidido por los dramones. Los dramones y las bélicas coparon los Óscar; un dramón es el mejor estreno de esta primera mitad de 2010 (Two Lovers); y hasta las comedias se acercan al drama (An education) o al drama apegado a la coyuntura socioeconómica (Up in the air). Me pregunto si aún no lo estamos pasando lo suficientemente mal como para tener que ir al cine a evadirnos de la mierda que nos cae a diario.
Y suma y sigue: el realismo social prêt-à-porter se sigue estilando (Fish tank) y, por si fuera poco, se nos cuela el “subgénero” de los dos personajes que se hermanan en la desgracia, representado por A good heart, Nothing personal y esta London river. Sin embargo, las dos primeras se distinguen de la que nos ocupa en lo siguiente: London river va de lo general a lo particular focalizando la tragedia colectiva en los dos protagonistas del filme; A good heart y Nothing personal van de lo particular a lo general al contarnos las historias de inadaptados solitarios con los que muchos pueden identificarse.

Y en este planteamiento se atenaza la primera y gran debilidad de la propuesta de Bouchareb: imposible no caer en el reduccionismo al contarnos los atentados de Londres de hace cinco años a través de dos únicas victimas y sus progenitores. No es por enmendarle la plana a nadie, pero si con Madres e hijas mencioné la inconveniencia de aplicar la fórmula de vidas cruzadas, en este caso no habría venido mal.

Hay al frente de la angustiosa peripecia, eso sí, dos actores de una credibilidad que epata: Brenda Blethyn y Sotigui Kouyate. Uno ha de fijarse sólo en sus interpretaciones para desechar el correoso tono crispado, la monotonía narrativa, la fea estética del realismo social y, sobre todo, el maniqueísmo simplista y algo infantiloide: hay musulmanes buenos y malos. Los buenos, por los que merecería la pena la alianza de civilizaciones, se entregan a las “relaciones multiculturales”; los malos, ponen bombas y destruyen a inocentes, incluso a los de su credo.
Así que al final, London River deviene en una interpretación muy pobre y bobalicona de la que nos está cayendo literalmente, un placebo para el sufrimiento, paños calientes para las bombas.
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