Los vecinos
ago 18
Uno mismo, con los años, termina por admirar a quién está cerca. Familiares y amigos con los que se vive, y de los que a fuerza de conocer, se termina por admirar su forma de ver la vida, sus inquietudes, sus miedos, y como no, sus virtudes: esas que quizá uno mismo no tenga, y que ansia por obtener.
Y si uno admira a sus familiares, a sus amigos, en esa observación tan privada del mundo, también puede llegar a admirar a sus vecinos, esas personas tan cercanas en la vida diaria, y al mismo tiempo tan lejanas. Sin embargo cada uno tiene una idea de sus vecinos; se sabe cuando están bien, o mal, cuando dejan a sus parejas, o cuando van invitados a casa y nos molestan con su música y sus risas. También se puede saber si viven con libertad en sus vidas, o por el contrario se encuentran atados, de pies y manos, como diría Beckett.
No me pierdo, voy a hablar de mis vecinos.
Yo siempre he admirado a mis vecinos. Siempre me ha gustado su cine, su forma de ver la política, tan crítica, sus modas, sus formas y hasta su desprecio. Me gusta también su literatura, me gusta algunos de sus cantantes, y me gusta que ellos mismo se crean liberadores con su revolución de la Europa oprimida. Me gustan sus maneras, su glamour impostado, su cotilleos, y sus ciudades.
Hablo, claro está, de Los Franceses, vecinos de todos los Españoles, y que como digo, yo siempre les he tenido una admiración especial, quizá hasta ahora.
La casualidad de los últimos meses me hace fijarme más detenidamente en ellos: sus políticas de inmigración no van acordes con lo que yo pensaba que era un país plural, y abierto, un país en el que siempre se ha presumido de diversidad, y en donde han intentado acoger al inmigrante con los brazos abiertos…parece que todo ha cambiado, o quizá no.
Quizá no, ya que me llega a mis manos una estupenda crónica de la Segunda Guerra Mundial, escrita por Manuel Chavez Nogales. La crónica se llama “La Agonía de Francia” y hace un recorrido de lo que el escritor vivió en su exilio Francés mientras las tropas Alemanas llegaban a Francia.
Lo que más me confunde de la crónica con respecto al arquetipo francés que yo tenía marcado es su apatía a la hora de defender su País. Según Chaves Nogales al pueblo francés no le importa perder su país, no le importa que invadan sus propiedades si ya todo forma parte del ejército Alemán. Sus soldados no están motivados; su nobleza está harta de que el pueblo llano se refugie en sus castillos; en cierto modo quieren perder la guerra para que todo vuelva a su normalidad, sin importarle la pérdida de derechos, ni de valores, sin importarles que su pueblo muera y nunca se recuerde.
Quizá a veces no miramos bien a nuestros vecinos. Quizá haya que mirar con más detenimiento, al mismo tiempo que nos detenemos en nuestra misma historia. Quizá hay que admirar más al país en el que se vive y dejar de envidiar al de al lado. Al fin y al cabo, nadie es perfecto, y los valores son inmutables, generación tras generación.
Recomiendo el libro de Nogales, imprescindible, y una lectura perfecta en estos días calurosos de verano, donde a veces hay que revisar los principios y los valores, tan importantes para que el mundo y los países puedan seguir avanzando, creciendo, viviendo.










