MADRES & HIJAS, de Rodrigo García: ¿MATERNIDAD? ¡BANALIDAD!
jul 9
Haciendo un breve y poco exhaustivo repaso al cine de vidas cruzadas, se puede decir que Buñuel sublimó la fórmula hace ya mucho tiempo (El fantasma de la libertad), aunque quienes la trajeron al cine de hoy fueron el optimista Lawrence Kasdan (Grand Canyon) y el pesimista hasta el tuétano Robert Altman (Vidas cruzadas). Desde entonces, el modelo vale igual para un roto que para un descosido, desde la lacerante extrañeza de Egoyan (Exótica) hasta el almíbar comodón de Richard Curtis (Love Actually) o Gary Marshall (Historias de San Valentín). A otros, como Alejandro González Iñárritu (21 gramos), productor a la sazón de esta cinta, y a su director Rodrigo García les sirve, no obstante, para disimular carencias y gordas.
Pero ni aun así. Al ver esta Madres & Hijas, uno se pregunta el motivo de que nos cuenten varias historias sin interés en vez de una o dos, aunque sea para dar menos la tabarra. Rodrigo García, el hijo de Gabriel García Márquez, engaña a muchos con sus castings apañaditos, pero resulta difícil encontrar otro ejemplo actual de director más tibio, torpe, plomizo y sin personalidad.
Hay que reconocerle, no obstante, lo gran creador de atmósferas que es, pero como a la hora de desarrollar un personaje o una historia parece un flan en medio de un tsunami, sólo se las apañaría bien en el formato publicitario, aunque en televisión (A dos metros bajo tierra) dé más o menos el pego. Para colmo, esta vez pretende hablarnos de grandes cuestiones –vida, muerte, lazos familiares, dolor, soledad, etc.- sin conseguir otra cosa que otro tsunami de lugares comunes, vulgaridad y banalidad muy cerca de la nadería. A la postre, tenemos entre manos un somnífero muy potente. ¿Vidas cruzadas? Roncadas más bien.
Por desgracia, no es lo peor que se podría decir de este aborto que va sobre partos. García convierte al John Lee Hancock de The blind side en un subversivo. El retrato de Norteamérica que traza García, que en algunas ocasiones recuerda a un montón de palurdos cantando de la mano Viva la gente delante de un arco iris, irritaría al más acérrimo defensor de las barras y estrellas. Muy chocante, siendo don Rodrigo vástago de quien es.
En esta ocasión ni el reparto sale en su ayuda: Naomi Watts, en algún fotograma que otro, hasta recuerda a una actriz; Anette Bening está mal envejecida y muy sobreactuada; Samuel L. Jackson todavía se preguntará qué coño hacía allí y los demás ponen su oficio sin despuntar ni evitar el naufragio.
Pues he aquí lo peor que he visto en una pantalla en lo que llevamos de 2010.













Pingback: LONDON RIVER, de Rachid Bouchareb: PAÑOS CALIENTES PARA LAS BOMBAS « La Isla Tuerta