Barrio del Raval en Barcelona.

Barrio del Raval en Barcelona.

El jueves pasado, en el Raval de Barcelona, vi a un adolescente pobre desangrarse hasta morir. El argelino apuñalado por otro argelino, ¿os acordáis? Aquello no estaba dentro de mi kilómetro sentimental: diferencia de clase, de cultura. Como no lo está Palestina. No finjo empatía. No soy esa clase de sufridor santurrón. Al cabo de un rato ya estaba con mis amigos culturetas en la plaza del CCCB bebiendo birras y hablando de pelis interesantes, a punto de ver una. Claro que comentamos el suceso, cómo no, pero brevemente. ¡Qué fuerte!, dijo uno de mis amigos. Y luego empezó la peli interesante que habíamos ido a ver.

En la plaza del CCCB en agosto se proyectan películas gratis al aire libre. Los asistentes más avispados ocupan las pocas hileras de tumbonas, y el resto se sienta en sillas o en el suelo. Siempre hay demasiada gente. Muchísima. El recinto se llena de personas como yo, a las que les da igual que el mundo estalle mientras no nos muevan de nuestra tumbona. Así somos los que pertenecemos a esta parte del mundo, y vaya si mataríamos por una tumbona (tic, tac, tic, tac… ¿habéis pillado ya la metáfora?). Este año los organizadores del ciclo de películas en el CCCB han prohibido reservar tumbonas. Pero nosotros pasamos de todo, tan patológico es nuestro egoísmo y nuestra afición al placer. Le echamos morro y reservamos tumbonas para esos amiguetes con los que comentamos entre birra y birra el asesinato de un extranjero marginal ocurrido a pocas calles, para luego volver a nuestra realidad monotemática: cine, conciertos, curro, dinero, fiesta, drogas, vacaciones. También nos complace quejarnos, como siempre, del asco que nos provoca esta ciudad y de nuestra precariedad, un eufemismo de la pobreza light que utilizamos los pobres cool del mileurismo, los adictos a la cooltura, pijos más o menos bohemios, la mayoría de nosotros con una vida desordenada aunque cómoda, instalados en un piso donado por nuestras familias, habituados al viaje frecuente y las vacaciones vía low cost. Barcelona está llena de toda clase de gente, pero sobre todo de gente más o menos como nosotros: artistas, ciclistas, activistas, onegeistas, documentalistas, periodistas, publicistas, fetichistas, buenrollistas, hedonistas. Somos todos la misma mierda.

Todo el planeta vive en Barcelona, y no caben dudas de que la sobrepoblación exige medidas drásticas, pero no es el joven argelino que apuñalaron en el Raval la clase de gente que debe morir para recuperarse el equilibrio. Sobra más de lo otro, de lo nuestro. Las víctimas de un genocidio, pienso cuando ya no le presto la mínima atención a la película interesante que está en la pantalla, deberíamos ser los que estamos en esta plaza de la cultura contemporánea. Todo aquello que se encuentra dentro de mi kilómetro sentimental. Incluido yo.

Asesinos del Instituto Columbine grabados por las cámaras de seguridad.

Asesinos del Instituto Columbine grabados por las cámaras de seguridad.

Este verano los de ETA están muy liados. Por eso me dirijo a esos asesinos natos cuya vocación se está despertando. No me creo que esta ciudad todavía no haya engendrado ningún asesino serial. Quizá de momento sólo sean misántropos solitarios, nihilistas que subliman sus impulsos destructores en fantasías de violencia. Pero si se deciden estoy seguro de que pueden convertirse en los genocidas superguays que Barcelona se merece. Aquí el problema no son los pobres, como insinuaba Malthus, sino los pobres cool. Tomad nota y matadnos a todos. Aprovechad la ira del verano. Entrad como los chicos de Columbine y hacednos saltar de nuestras tumbonas. Cualquier suplemento cultural o publicación de ocio y tendencias, cualquier agenda de festivales y eventos, ya sea con entrada (Sonar, Primavera Sound, Grec, ciclos de cine en la Filmoteca o el CCCB, etc.) o gratuitos (presentaciones de libros, exposiciones, instalaciones, inauguraciones y demás actos con copa de cava y papeo), os servirá como guía para planear vuestras masacres y llevar a cabo poco a poco esta limpieza necesaria. Es importante también que escojáis un corte de pelo actual, armas y bombas de diseño “estiloso” (a vuestras futuras víctimas les encanta esa palabreja), y que os adjudiquéis cada matanza en myspace. Si os sabéis vender, puede que en poco tiempo encontréis una plaza de funcionarios en la Administración, pues no olvidemos que el Estado tiene el monopolio de la violencia. Y no olvidemos que probablemente contribuiréis a una reducción en la tasa del paro, el precio de los alquileres, la solicitud de subvenciones, las aspiraciones artísticas. Siendo el pobre cool una especie mendiga y demandante, la demanda de todo en general bajará mucho una vez mermada su población. Y entonces sí, habrá más tumbonas libres donde sentarse. Al menos para aquellos que sobrevivan a vuestra cólera asesina. Pero cuidado con esos sobrevivientes, porque fijo que después querrán hacer un corto o un documental sobre vuestras hazañas criminales. Y ni ellos sabrán si lo hacen a modo de denuncia o como muestra de fetichismo.

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Web del autor: El Holograma

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Imágenes: Google.com
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