Miserable Rolinera
feb 26
Ese día tenia un compromiso y justamente había salido tarde, me monte en el carro y comencé a conducir, estaba dispuesta a ir lo mas rápido posible para llegar a mi primera clase que comenzaba a las 6 de la tarde, eran las 5 en punto, hora pico en toda la ciudad y había llovido; así que me esperaba un trayecto lleno de estrés por el trafico y la distancia. Sin embargo trate de relajarme y concentrarme en la vía, deseando el milagro de no conseguirme con ningún obstáculo.
La mirada implacable del reloj ubicado en todo el frente del volante, me miraba sin compasión, repitiéndome constantemente… es tarde y creo que no vas a llegar… sorpresivamente comienzo percibir un extraño olor, en seguida pensé, quizás es un carro que me pasó por al lado y tiene un desperfecto, pero que horror que no se de cuenta quien lo maneja… Seguí conduciendo tranquilamente, el olor seguía cada vez más penetrante, comencé a preocuparme así que decidí estacionarme en la primera estación de gasolina que viera, para saber si el olor que salía era mi vehículo. Cuando me bajo observo y efectivamente era el mío, justamente en la rueda que me habían cambiado la rolinera días atrás, salía un humo espantoso; me encontraba en una disyuntiva o me arriesgaba a llegar al destino donde era mi primera clase o me devolvía a mi casa. Con lo testaruda que soy me negaba a perder mi clase, así que decidí continuar; afortunadamente llegué, eran las 6.30; tardé pero dentro de mi orgullo personal por haber tomado semejante riesgo cuando me bajo cierro la puerta, me volteo y le digo al carro como si fuese una persona…vistes que si llegue, tarde pero llegué, me salí con la mía a pesar de tu negativa…
Ya al terminar la clase, me dirijo al carro para irme a la casa, el trayecto lo describo simplemente como agotador, estresante y angustiante, la miserable rolinera ahora no solo olía sino sonaba estrepitosamente aguda, como una discusión muy acalorada de metales triturándose entre sí; , mi velocidad era de 40 km por hora y el trayecto eran 27 kilómetros, mientras manejaba comencé a conversar con el carro como lo había hecho antes, pidiéndole por favor que no se le ocurriera dejarme accidentada en plena autopista de noche y menos aun que se le saliera una rueda. Así anduve por todo el trayecto, todo lo contrario a como me lo había imaginado en la mañana… llegué sana y salvo a mi casa, eso sí a las mil y quinientas horas, por el canal más lento de la autopista con luces las luces intermitentes de emergencia que no se cansaban de repetirme…vistes no te saliste con la tuya.










