NIÑOS GRANDES, de Dennis Dugan: GRAN NIÑERÍA, QUIERO DECIR GILIPOLLEZ
ago 9
Cuando una película resulta distinta de lo que uno esperaba, pocas veces es para bien (mis casos más recientes y notorios, La noche es nuestra y Avatar), pero muy pocas veces es tan para mal como con esta Niños grandes.
Me explico: yo lo creía uno de esos irresponsables y tronchantes alegatos del frat pack sobre la inmadurez tipo Aquellas juergas universitarias, cuando lo que me ponen delante fusiona la comedia de amigos de la infancia con la familiar, aderezándola con toques de la de deportes y un chiste de caídas o de pedos cada tres minutos.
Pues sí, material de desecho, revoltijo veraniego con salmonelosis, cruce entre Reencuentro y Doce en casa, aquella virulenta y reaccionaria apología de la familia de Shawn Levy tan ofensiva para mí como lo es para el público estadounidense de Doce en casa una teta de Janet Jackson en la tele en directo. ¿Recuerda alguien a la Melanie Griffith de Cecil B. Demente? “¡Decir familia es decir censura!”.
Vamos, que nadie necesitaba esta pesadillesca y retrógrada gilipollez… salvo los acreedores de sus intérpretes. Y, hablando de estos últimos, no es que a Adam Sandler le pidamos siempre algo se seso con las risas (Zohan constituye el perfecto ejemplo de comedia descerebrada y desopilante), pero moralejas añejas, tampoco. La tronada Salma Hayek da alipori, y los demás, parecen un hatajo de oligofrénicos intentando hacer reír en vano, cuando el único que alcanza algún nivel de comicidad es… ¡¡¡Rob Schneider!!! Así que lo peor que se puede decir de este filme (?) es que nos haga encontrarle la gracia al protagonista de Gigoló.

Podría seguir sacando defectos hasta aburrir, por ejemplo, que a Dugan siempre se le ve dubitativo con el tono, lo cual empieza en la pintura de los personajes, como si los mismos que nos hacen taparnos la nariz fueran luego a arrancarnos la típica lagrimita, y así todo. No se salva nada en la gran catástrofe, salvo unos segundos de Schneider. Permítaseme rescatar una de las viejas categorías de calificación moral de las películas y ponerle a esta un 4: estimación negativa, desaconsejable.
Un año justo ha tenido que transcurrir para que vea en una pantalla algo que odie tanto como el Anticristo de Von Trier: la anti-comedia Niños grandes.
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