Cuando me mudé a Normandía, Francia me lo advirtieron: “vas a echar de menos el sol”. Nunca en mi vida había estado sin sentir los rayos del sol por tanto tiempo. No sabía yo que 3 largos meses deberían pasar para volver a sentirlo. Mi primera compra no fue ni ropa, ni algún libro…fue un paraguas.

Ruán (en francés Rouen) fue la ciudad donde fui a estudiar un semestre de la universidad. Esta ciudad es encantadora, con sus impresionantes catedrales y abadías estilo gótico. Famosa también porque aquí se juzgó y ejecutó a Juana de Arco. Y cuna del escritor Gustave Flaubert (Madame Bovary).

Nos encontraron un ático en el centro de la ciudad, justo enfrente de la abadía de Saint-Ouen. Subir los 4 niveles del edificio por esas angostas escaleras de caracol fue todo un reto. Las dos maletas de 20 kgs parecían pesar por lo menos 40!!! Al entrar al ático nos sorprendió ver una cantidad considerable de latas, conservas y pastas. Lo primero que pensamos es que otros estudiantes ya estaban viviendo en ese piso y que por error la Universidad nos había dado las llaves. Pues ahí vamos de nuevo hacía abajo por las escaleras de caracol, maletas a cuestas. En la oficina de intercambio nos confirmaron que efectivamente era el piso correcto, y que la comida era un regalo de los estudiantes que normalmente vivían ahí y estaban de erasmus. Pues otra vez escaleras de caracol arriba…

Dada la cercanía a Paris, y que nuestras clases sólo eran de lunes a jueves, mis compañeras de piso y yo aprovechábamos cada fin de semana para viajar en tren a un país distinto: Suiza, Bélgica, Holanda, Inglaterra, y en lugar de acompañarlas a Italia (donde justo acababa de estar unos meses antes)  yo decidí venir a España. Qué iba a saber yo que en ese primer viaje a España quedaría prendada de M y de mi adorada Granada!!!

También aprovechamos nuestro tiempo libre para recorrer Normadia, y así dimos con uno de los lugares más bonitos en los que he estado: Mont Saint-Michel. Esta abadía se encuentra en una “isla” en el pueblo del mismo nombre. Lugar catalogado Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Y donde la magia se encuentra en las mareas del mar que lo rodea. Durante siglos sólo se podía acceder por vía marítima durante la época de marea alta, y por tierra en marea baja. Si la marea era baja los alrededores se convertían en una trampa mortal de fango y arenas movedizas, dándole un toque místico al lugar. Actualmente se puede acceder todo el año por vía terrestre.

Los orígenes de la abadía se remontan al siglo VIII o IX. Cuenta la leyenda que el Arcángel San Miguel se apareció en sueños al Obispo de Avranches pidiéndole que levantara un templo en su honor.  Las construcciones han aguantado inquebrantables los ataques de la Guerra de los Cien años. A causa de la Revolución Francesa los últimos monjes dejan el lugar, y pasa entonces a convertirse en prisión. Esta fue cerrada en 1863 por decreto de Napoleón III. Los laberintos intactos de su interior nos hacen transportarnos en el tiempo y esperar que en cualquier momento nos salga un caballero medieval.

Normandía podrá ser gris, frío y lluvioso. Pero una cosa es innegable: se encuentra llena de magia.