Nosotros, esa manga de urracas
mar 18
En cada mudanza, termino preguntándome sin lograr responderme, sobre esa extraña costumbre que tenemos de acumular tantas cosas.
Juntamos pero sin la idea de acaparar, claro. Pero juntamos. No hablo de los coleccionistas, hablo de nosotros, el común de la gente.
Facturas viejas, por las dudas, programas de cine y teatro, vaya a saber uno el porqué. En mi última mudanza me encontré con la friolera de 4 modems de 56k (Tengo banda ancha desde 2007). Tapitas de plástico que para algo van a servir. Encendedores lindos a la espera de conseguir alguien que me los pueda cargar.
Platitos impares que servirán para colocar debajo de alguna macetita.
Gomas de borrar (¿?) a medio utilizar. Bandas elásticas pegoteadas de puro viejas. Post it con algún teléfono que no ameritó ser pasado a la agenda, pero que igual hay que guardar, por las dudas. Papelitos con números telefónicos sin nombre…
Cubiertos impares de juegos viejos. Clips metálicos (4) y plásticos (7), uno de éstos medio roto. Capuchones de biromes sueltos.
Urracas. Ni más ni menos.
¿O trastorno obsesivo compulsivo?
No sé. ¿Qué quiere que le diga?
Pero cuando llega el momento de mudarse, uno siempre termina necesitando un armario o un ambiente más.
Conozco melómanos que juntan cd’s en tal cantidad que ya o podrían escuchar completos y sin pausa en el resto de vida que les quede.
O libros. Pero este es otro tema.
Yo hablo de los que hacen “stock” de mercaderías, viviendo a tres cuadras del supermercado. O los que juntan decenas de versiones de un mismo tema musical (anótenme entre estas últimas).
¿Pasará por la posesión, por el atesoramiento o simplemente por la propia boludez?
Porque a un coleccionista, se lo entiende.
A quien guarda su primer cuaderno lleno de palotes y silabeos varios, también.
Hace unos días me preguntaba con cierta añoranza que había sido de mis libros de la colección Robin Hood, aquellos con los que disfruté una y otra vez durante mi infancia.
Eran más de doscientos. Que uno no recuerde el paradero de uno o dos libros en particular, vaya y pase. Pero doscientos…
Decía añoranza, pero en realidad se que si estuvieran en mi biblioteca, ya no los leería, pero quizás los cedería a alguna familia con muchos pibes… Pienso en la panzada de Salgaris, Stevensons, Defoes, Allcotts, etc. Y se me hace agua el corazón recordando mis largas mañanas y siestas de verano tirado en la colchoneta leyendo con fruición.
En fin. Se ve que será parte de la condición humana…
Pero a veces me seca un poco el cerebro el encontrar revolviendo en un cajón, por ejemplo una hermosa cajita de madera donde vino aquel traba-corbata que ya no existe. Pienso en tirarla, pero me da no se qué…
Socorro!!!!!!!!
Este blog no se hace responsable de las opiniones expresadas por el autor en este post.
-
http://www.escriboaqui.es eigual
-
http://desdelamediocridad.blogspot.com Claudio G. Alvarez










