Odisea en el corazón de las tinieblas
Sep 9
“¡Qué delicia oler napalm por la mañana!”.
Una de las frase míticas de la Historia del Cine fue pronunciada por Robert Duvall, quien encarnaba al teniente coronel Bill Kilgore, el personaje más carismático de “Apocalypse Now”. La película fue estrenada hace 30 años, en 1979, y en el marasmo de imágenes y en la sucesión de escenas impregnadas de paranoia y demencia podemos adivinar el trastorno que podría conducir a la locura al más cuerdo de los seres humanos.
Francis Ford Coppola, quien ya era más que un afamado director tras dirigir las dos primeras partes de “El Padrino”, era el encargado de llevar a la Gran Pantalla un guión basado en la novela de Conrad “El corazón de las tinieblas”. La lectura del libro y la visión de la película ponen más de relieve las diferencias entre una obra y otra. Y no sólo porque Conrad hablara de marfil y África, y Coppola de guerra y Vietnam. Las aventuras del capitán Marlow en su búsqueda del agente comercial Kurtz, relatadas en la novela de Joseph Conrad, contienen una ínfima parte de la acción que desarrolla Coppola en “Apocalypse Now”. Si bien el objeto de “caza y captura” se llama Kurtz tanto en uno como en otro, en la película Marlow es sustituido por un capitán con evidentes desequilibrios en su vida de civil, Benjamin Willard, encarnado por Martin Sheen. Y el excentrico personaje Bill Kilgore es creación propia de John Milius y Francis Ford Coppola, quienes se encargaron de la redacción del guión.
El rodaje contribuyó al mito en sí. No es que se tratara de una odisea la historia que narra la película, sino que el rodaje en sí fue una epopeya: las dieciseis semanas previstas se convirtieron en casi 240 días, y el proyecto tardó tres años en culminarse. El papel protagonista cayó en Martin Sheen casi de casualidad. Diversas estrellas de la época se negaron a interpretar al capitán Willard porque se negaban a permanecer 16 semanas en Manila: Steve McQueen, Al Pacino, Jack Nicholson o Robert Redford fueron algunos de los actores a los que se les ofrecieron “vacaciones pagadas a buen precio en Filipinas”. Harvey Keitel por fin dijo “sí quiero”, pero al poco Coppola señalo: “yo no quiero”… Y así hasta llegar al padre del actor de “Dos hombres y medio”. Las vueltas que da la vida.
Si obviamos el hecho de que, encima, el pobre Martin estuvo a punto de quedarse en el sitio tras sufrir un ataque al corazón durante el rodaje, no menos curiosa fue la actitud de la “estrella entre las estrellas”: Marlon Brando. Pese, o quizás por, a haber trabajado ya con Coppola, en el papel de Vito Corleone, el “chico” de Omaha se presentó al rodaje gordo como una nutra y sin haberse leído la novela de Conrad (y eso que era un libro de ciento y pocas páginas). Estos “detalles” hicieron que el director tuviera que hacer mayores alardes de creatividad: buscar un doble para determinadas escenas, presentar al personaje del coronel Kurtz siempre en planos oscuros (¡resulta que uno de los aspectos técnicos que más dio que hablar entre las críticas estuvo motivado por el sobrepeso de Brando!) y, para rematar la faena, obligó a Francis Ford Coppola a buscar un final alternativa. La gordura de Brando impedía poner en escena los planos iniciales previstos en el guión técnico. ¡Y que alguien dijera algo!
El rodaje supuso una dificultad tan extrema que doce años después, en 1991, se haría una película documental: “Hearts of darkness: a filmmaker´s apocalypse”, en las que se retrataría gran parte de las dificultades que tuvo el equipo durante la grabación. Con Eleanor Coppola, mujer de Francis Ford y co-directora del documental, como principal instigadora y una cámara de 16 mm, cuando se presentó ante la crítica contribuyó a magnificar el mito. El documental incluía una serie de conversaciones privadas entre Eleanor y Francis, del que el director no tenía conocimiento de su grabación. De hecho, a Coppola no le hizo mucha gracia este “anexo”, al menos en un principio.
La versión de 2001, “Apocalipse Now Redux”, vino a completar la cuadratura del círculo. En esta versión, que añade 49 minutos que fueron cortados del original, la odisea del capitán Willard adquiere todavía aspectos más delirantes. La estancia en la casa de los colonos franceses no hacía más que aumentar la confusión en la mente del espectador, logrando de esta manera una mayor empatía con las vivencias de protagonista.
Empiezas a descuartizar la película y ves que prácticamente, como el cerdo, no tiene desperdicio: la habitación de la soledad, el bombardeo de una zona peligrosa para hacer surf, la fiesta “Playboy”, la sucesión de mutilaciones y asesinatos… y el coronel Kurtz, ese personaje que es un fantasma durante la mayor parte del filme y del que se nos va dando información con cuentagotas, generando un interés creciente en el espectador, aspecto éste en el que sí guarda correlación con la obra que inspiró la película: “El corazón de las tinieblas”.
Todo ello sin dar un respiro. Con un ritmo frenético y una sucesión de escenas dispares, que obligatoriamente te traen a la cabeza la obra homérica. Y es que “Apocalypse Now” en su estructura es más fácil de enlazar con las andanzas de Ulises que con la propia novela de Conrad. Aunque el “amor” que le espera al capitán Willard a la finalización de su viaje no sea precisamente el de Penélope; si bien a medida que avanza río arriba, el respeto y la empatía que siente Willard hacia el coronel Kurtz son crecientes.
“¡El horror!”. Ésas eran las últimas palabras del Kurtz de Conrad. El de Coppola no las pronuncia pero el montaje final, ambiguo y violento, viene a plasmar esa idea. Rechazada la posibilidad de que Willard y Kurtz unieran fuerzas para repeler al “enemigo” americano, lo cual hubiera supuesto una concesión a ojos de Coppola. El director se esforzó en que la película fuera un reflejo, como si se tratara de la imagen de un espejo, de la guerra de Vietnam… Y quizás sin darse cuenta, de su propia guerra personal para llevar a buen puerto su particular odisea en el corazón de las tinieblas. “¡Esto es Vietnam!”.
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Web del autor: MSantaella
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Imágenes: Google.com
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