ORIGEN, de Christopher Nolan: NI EN SUEÑOS
ago 20
Lo mejor que se puede decir de este mastodóntico engañabobos es que, efectivamente ha encandilado a la mayoría. Lo peor que se puede decir de él es que supone una burla sangrienta para Buñuel, Dalí, Cocteau, Man Ray y todos los que intentaron plasmar en fotogramas las pulsiones del subconsciente con las irracionales y feroces zarpas del surrealismo. Según esta lumbrera de Christopher Nolan, lo que tenemos en la parte más ingobernable de nuestra mente es puro Hollywood: peleas cuerpo a cuerpo, explosiones a tutiplén y decorados del cine catastrofista.
Tal simpleza no podía menos que travestirse con una gran complejidad narrativa, todo a costa de unos “ladrones de ideas” que se introducen en el subconsciente del más pintado para robarle secretillos o, como en el caso del grueso del metraje, para afianzar ideas en las profundidades de la psique. Esta última ocurrencia ya es para descojonarse: como si los medios de comunicación no bastasen para lavar el cerebro, y sin necesidad de tantas complicaciones.
Porque Nolan fusiona la “realidad” de la película con sueños dentro de sueños dentro de sueños; los superpone, los alterna y nos obliga a estar sin perder comba… si uno quiere seguir el juego, naturalmente, porque de tanto dormirse los personajes, a veces le dan ganas a uno de hacerlo también, sinceramente. Además, el director de Memento enseguida pone los diálogos al nivel de las imágenes oníricas (lo tiene que entender todo el mundo por narices, vamos) y no hay nada peor que un filme que necesita explicar siempre lo que está ocurriendo, por qué es posible que ocurra y lo que tiene que ocurrir a continuación. Eso sí, con disparos y detonaciones de fondo, que hay que robarle público a Los mercenarios.

Los alardes visuales, por tanto, se quedan en pólvora mojada (con la de pólvora que tiene la peliculita…). Los buenos actores como Michael Caine o Tom Berenger no se aprovechan ni se sabe qué pintan. Y en cuanto a Di Caprio, está simplemente insulso en vez de estar, como en la mayoría de ocasiones, inadecuado. No le va a la zaga Ellen Page.

Para ir acabando, Origen todavía cae peor por dárselas de cine prístino, por creerse el no va más, por ir de nueva Matrix cuando al final equivale a cualquier mamotreto de David Fincher tipo The Game. Quien quiera ver en el cine actual lo que nos pasa cuando nos quedamos traspuestos, que se empolle a Gondry, mil veces más divertido y menos aparatoso. En resumen: ¿Origen buena, entretenida o clarividente? Ni en sueños.
Trailer:











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