Pinceles y fantasmas
Ago 28
El grupo de pinceles que aguarda la llegada de mis dedos inquisidores lleva varios días en su apilado destino. Saben que la obra esta pintándose interiormente como una batalla que se planea a puertas cerradas y en algunos días serán las lanzas que avanzaran sobre la tela vacía, territorio del reino de la nada donde la lucha entre mis límites y sueños cabalgaran abriéndose paso a fuerza de trazos y colores.
Salgo a la calle.
La mañana es fría en las callecitas de Tucumán, la ciudad comienza a estirar sus brazos, el sol se abre camino entre el humo de los cañaverales que la noche anterior fueron un infierno de llamas que dejaron volar negras aves de alas rojas como brazas.

Apuro el paso, no se porque, tal vez porque todos caminan apurados y no quiero parecer un extraño en esta jungla de vidas y destinos. Intento imaginar a donde va tanta gente, que harán con sus vidas, si tienen sueños y si suspiran como yo antes de dejarse devorar por las hambrientas oficinas que digieren sus rutinas diarias.
En dos calles he cruzado los mismos mendigos de todos los días, sus ensayados lamentos se asemejan a las ranas de los charcos que recuerdo de mi infancia, el paisaje humano es variado y casi todos están conectados a algún dispositivo tecnológico que los separa de su pertenencia al mundo, el teléfono móvil es una extremidad más de la anatomía, los perros callejeros cruzan las calles ladrándole a los autos como buscando marcar un territorio que no es de nadie.
Agosto en Tucumán, los lapachos están florecidos.
Enormes árboles inundados de pequeñas flores rosadas y amarillas se adueñan de las calles como la boca de un escenario teatral por donde pasaran miles de actores que quizás no reparen a mirar su mágica y natural escenografía. Los naranjos de las veredas completan la coreografía con su perfume bailarín que juega con el viento. Respiro.
Los dedos me tiemblan, debería llevar un pincel en mis bolsillos para calmar mi ansiedad, la libreta de mi alma anota cada detalle, cada imagen. Pienso en los grandes talleres de los grandes pintores y sueño. Yo no pinto todos los días… pero todos los días tengo ganas de pintar.
Vuelvo a la tarde, cansado. El niño que fui camina a mi lado, sabe de mis límites y mis angustias. Cuando llega la noche mis alas imaginarias han tocado demasiado el suelo y remontar un vuelo se parece más a un salto entre tantos precipicios que la realidad me presenta. El lienzo se presenta como un campo sin fin, como un patio de juegos, las venas que alimentan mi corazón trabajan a doble turno, he pintado sin tocar la tela por varias noches, creo controlar la pintura pero ella me controla a mi.
Los fragmentos anotados en las paredes de mi alma comienzan a ensamblarse para desnudar las cicatrices que me deja este viaje de pintor sin maestros. La batalla esta terminando, los pinceles vuelven a sus trincheras a jugar con los fantasmas que pueblan mis paréntesis entre obra y obra.
Voy a dormir, mañana saldré de nuevo a cazar imágenes que la gente deja sueltas mientras camina apurada.
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Web del autor: Mario Albarracín
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Imágenes: Cedidas por el autor.
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about 6 months ago
hola
muy bello, la entrada, las letras, los sentimientos que se desprenden de ellas…..
un saludo
about 6 months ago
Felicidades Mario! impresionante lo tuyo como siempre…que orgullo es ver como creces en todo lo que haces! besos
about 6 months ago
Mi camarada , hermano en infancia , dibujante de estilos y figuras sueltas , de risas y llantos , tremendo rocio que cae desde sus cuadros . La magia del pincel sigue intacta , se expande , se tiñe y ocupa cada lugarcito disponible .
Saludos desde Tucuman , Argentina . Muy linda pagina
about 6 months ago
Gracias amigos por las palabras. Pasen siempre por la isla, es lindo lugar.
Saludos. Mario.
about 6 months ago
Gracias por dejar que navegue en la belleza que te recorre, desborda e instala en cada palabra, forma y color que te rodea.