Season finale
jul 4
Os lo voy a decir claro: a día de hoy disfruto mucho más viendo series de televisión que películas. Durante los veinte segundos que tarda mi disco duro multimedia en encenderse, pienso en lo que me apetece ver y la mayoría de las veces apunto con el play al último capítulo de la serie que estoy siguiendo y dejo la película para una mejor ocasión. Esto os lo dice un cinéfilo de toda la vida, que desde que jugaba a las canicas solía alimentarse a diario, desde la extinta tele de dos canales, con un menú basado en cine clásico americano posteriormente aderezado con cine asiático, italiano o francés, sin olvidar el postre autóctono, preferiblemente berlanguiano.
Lamentablemente las series facturadas en nuestro suelo no entran en esa exclusiva división que copa el producto anglosajón proveniente del otro lado del atlántico (y si me apuran también del de este lado; la BBC sigue siendo la BBC). Ni internados, físicas y químicas ni hospitales centrales alcanzan los niveles de calidad mínimamente exigibles para que el que esto os escribe decida perder su tiempo con tanto guión chabacano hecho a toda prisa, realización de primer curso de estudios audiovisuales e interpretaciones impostadas de esas que no hay dios que se las crea y permitan algo tan necesario como la empatía con los personajes.
En descargo (muy leve) de nuestra producción, se debe decir que la yanqui cuenta a su favor con la nunca bien ponderada televisión por cable, que con HBO tradicionalmente a la cabeza, una AMC que le pisa últimamente los talones, amén de otras como Showtime o FX, han originado lo que se conoce desde hace ya un tiempo como la edad de oro de la ficción televisiva, a su vez dignamente secundadas por productos lanzados desde las generalistas, como las archiconocidas Lost o House.
En la última década hemos podido disfrutar de series pata negra como Los Soprano, Dos metros bajo tierra, The Wire o la desconocida Carnivàle, todas ellas ya finiquitadas, que han dejado un caldo de cultivo del que ahora se benefician múltiples seriales (que así solían llamarse antiguamente). Tenemos la inmensa suerte de que este mundo tan interconectado nos dé rápido acceso a ellas vía Internet, sin tener que esperar a que las programe alguna de nuestras por lo general burdas y desorientadas televisiones. Esa avidez por ver un producto que prácticamente garantiza un goce superlativo, esa inmediatez que confiere el acceso a la red con la cual puede seguirse una serie al ritmo del país de origen, ha provocado incluso que la proverbial reticencia a ver ficción en su versión original con subtítulos haya en muchos casos desaparecido, particularmente entre las nuevas audiencias. No obstante, todavía falta un largo camino por recorrer cuando se trata de elegir una sala en V.O. en lugar de la que ofrece una copia doblada. Todo se andará.
A estas alturas de año, las series que comenzaron su andadura entre septiembre y octubre del año pasado han llegado a su fin. Sus season finale (final de temporada) nos han dejado en más de una ocasión con un despiadado cliffhanger (dejarnos con el suspense hasta la próxima temporada). Es el caso de la que para mí es, junto con Mad Men, la mejor serie que puede verse ahora mismo en la pequeña pantalla. Me refiero a Breaking Bad, un auténtico placer para los sentidos en la que con infinita mesura y talento a raudales se combinan magistralmente los tres elementos que antes echaba a faltar en nuestras series. A saber:
- Guiones soberbios que presentan situaciones repletas de diálogos para enmarcar, pero que no buscan epatar por la vía fácil del volantazo de guión, al que tanto nos ya ha malacostumbrado Hollywood, sino a través de una combustión lenta en la que existe un constante tira y afloja entre tensión y calma aparente que finalmente acaba explotando y te coge casi siempre desprevenido.
- Una realización impecable que recoge cada mínimo detalle de lo que está aconteciendo, revelando no sólo lo visible sino también lo invisible. Me explico: además de ver lo que le ocurre al personaje, también nos hace partícipes de lo que piensa y siente utilizando elementos mínimos; un encuadre lejano, un primer plano sostenido, el uso de un objeto, un sonido fuera de lugar… Pero que también se atreve con virguerías visuales, buen ejemplo de ello fue el episodio 10 de esta última temporada titulado Fly.
- Y en tercer lugar, el que para mí es su apartado estrella, la soberbia interpretación de unos actores en permanente estado de gracia que, como se suele decir, lo bordan. Tanto Walter White y Jesse Pinkman (los
protagonistas) como los secundarios (el cuñado y el señor Pollo rompen el listón holgadamente) nos ofrecen extraordinarias interpretaciones, sacándole el máximo jugo a sus milimétricamente dibujados personajes. Por favor, que les pasen cualquier capítulo a los alumnos de la escuela de interpretación y de paso se les descontamina de tanta paparruchada patria.
Breaking Bad acabó su tercera temporada el pasado 13 de junio. Ahora tan sólo nos queda esperar a que nos vuelva a alcanzar la luz del otro gran faro de la ficción americana actual, la magnífica Mad Men. Su fecha de estreno es el 25 de julio. Ya hace que cuento los días.
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Eli
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