Shutter Island, de Martin Scorsese: El Loco Soy Yo
mar 5
Pues me temo que hay que recordarlo otra vez: a Scorsese el talento se le evaporó –o, más bien, se le escurrió por las rejillas de ‘Al límite’- a finales de los noventa más o menos, igual que a Woody Allen. Desde entonces, ninguno de los dos ha dado pie con bola. Y mira que lo han intentado…
‘Shutter island’ sugiere más bien que el realizador de ‘Taxi driver’ ha tirado la toalla, y que encima lo disfruta.
Al lado de su nuevo actor-fetiche (esta elección nunca me ha resultado fácil de comprender) Leo DiCaprio, se marca un thriller alucinatorio sobre un frenopático insular que a mí me recuerda a ese viejo chiste del director del manicomio, el cual le explica a un visitante cómo según ascienden los pisos de su institución, los locos van estándolo cada vez más. “¿Y en el último piso?”. “Pues ahí está mi despacho”. Lo que ocurre es que, mientras avanza el metraje, uno no sabe si el director del chiste es el personaje de Ben Kingsley, regente de la isla en cuestión y supuesto torturador de pacientes; su colega Max Von Sydow, inevitable ex-nazi y muestra de lo bajo que ha caído el actor sueco; el propio director que, asumiéndose en la sombra de su pretérita grandeza se entrega con frenesí a esta paranoia exasperante o… uno mismo, que aguanta las dos horas y pico con más migrañas que DiCaprio.
Podríamos echarle la culpa de todo a un guión increíble de puro tramposo y caprichoso, donde cada secuencia le niega o le cambia el sentido a la anterior hasta que el respetable se cansa y se amodorra, pero la puesta en escena tiene lo suyo también: psiquiátricos de máxima seguridad clavaditos al cuadro de las escaleras de Escher pero en guarro, enfermos mentales propios de un remake cutre de ‘Hellrasier’, movimientos de cámara de los que ejecutaría un fan casposo de Peter Jackson, etc. Aquí es donde Scorsese nos confiesa subrepticiamente que sabe que no es lo que era, pero que no se resigna a no seguir encandilando a crítica y público, aunque para ello tenga que recurrir a trucos baratos, a gente cubierta de cicatrices y a sustos de sonido, casi como aquel Kubrick de ‘El resplandor’. Esta vez, con la crítica ha colado, pero en las salas se oyen los abucheos al mismo volumen que los sustos.
Par resumir, en ‘Shutter island’ todo va de tortuoso y siniestro sabiéndose falso, vacío y artificial. En esta casa de locos, el mayor sería el que fuera a ver lo próximo de Scorsese. Mejor darse un atracón con los DVD de ‘Casino’, ‘La edad de la inocencia’ o ‘Toro salvaje’: aquel, definitivamente, era un chalado muy distinto.
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http://dosparalatres.blogspot.com Jorge Medina










