Torres más altas han caído
feb 5
Qué poca dignidad hay en las caídas. Da igual la edad, da igual la altura que tengas o desde la que te caigas, el resbalar, tropezar, derrapar o saltar cuando el destino último es el suelo, tiene poco glamour.
Las risas o el susto que suele acompañar a estos infortunados avatares del destino, traen consigo humillación, risa o llanto pero poca clase.
Hace tan sólo un par de días, bajaba con toda normalidad la escalera de mi casa, no creas que estaba intentado emular a Norma Duval, iba a por un simple vaso de agua pero no pisé bien el escalón y caí.
Seamos claros, no es la primera ni la última vez que la escalera o mis pies me traicionan (no sé aún a quien culpar que no sea a mi despiste continuo), pero la sensación de ir a cámara lenta, de saber que hagas lo que hagas ya no hay remedio es muy frustrante.
Te ves caer y sabes que consigo viene el dolor. Lo que desconoces es si la mano que apoyas será la que te salve de seguir cayendo más abajo, si tu espalda, riñones y trasero conseguirán librarse de los cardenales o si es preferible caer de espaldas o de frente. Yo opté por la espalda pese a que mi osteópata tendrá más trabajo cuando volvamos a vernos pero es que partirse la boca implica sangre, que es muy escandalosa, y acababa de fregar. Sé que son segundos, sin embargo, te da tiempo a escoger diversas opciones.
Lo que tuvo de diferente esta ocasión fue, que del susto que me llevé, mi cuerpo reaccionó con una bajada de tensión y una consabida lipotimia. Véase la escena: mi pareja corre al rescate y cual Rhett Butler me recoge de la escalera y me deposita en suelo plano levantando mis piernas y colocándolas en una silla para que volviera en mí.Si ya tenía poca dignidad tras la caída ¿te imaginas la escena de después?
Y
o sólo doy gracias al cielo porque sucedió en mi casa y no en las escaleras del trabajo con todas las personas mirando, porque a ver quien era el guapo que me bajaba. Tu pareja, en estos momentos de tensión, está medio obligada a no reírse y a cargar contigo peses lo que peses, pero un desconocido se parte de risa y nos vamos de boca los dos por lo que se habría convertido en doble tirabuzón carpado con los jueces chinos poniendo una nota baja ante el desastre.
De ese día, para el que le interese, tengo un cardenal con la forma de Asia en mi trasero, la mano la he tenido hinchada durante días y los riñones más que al jérez los tengo ya al bourbon.
Yo sé que todos hemos caído alguna vez y desde pequeña yo he sido propensa, pero nadie te puede quitar la sensación de ridículo e impotencia ante un evento tan común y no hay consuelo aunque pienses que torres más altas han caído.
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