Miro a la cartelera y me encuentro con nombres de películas como “Up” o “Bruno”. Y no puedo dejar de pensar si nosotros, los “lostadictos”, estaremos contribuyendo, con nuestra manía de ver las series en versión original, al empobrecimiento del proceso creativo de traducir al español el nombre de una película.

Ya sé que cualquiera puede decir que, a fin de cuentas, una de las normas básicas del márketing es simplificar. Lo más simple es lo más eficaz, lo más fácil de recordar. Y no digamos lo que mola un titulaco en inglés: “American Pie”, “Million Dolar Baby”, “Titanic”, “Gladiator”, “Trainspotting”, etecé, por decir algunos nombres que se me vienen a la cabeza.

El tema de los derechos de autor, pues también aporta lo suyo. Alguien de producción puede pensar: “A tomar por culo la lluvia de ideas, le llamamos ‘Transformers’ para todo el mundo, y se la damos a Michael Bay o a cualquier director de porno, para que no nos molesten mucho las sociedades de autores de cada país en el cual se va a estrenar la obra maestra”. También lo veo loable. ¡Joder, que estamos en crisis! ¿Con qué presupuesto puede contar una superproducción? ¿10.000, 15.000, 20.000 millones de dólares? Que estamos “mu” apretados y pagarle a la Megan Fox nos va a costar una pastaca.

Pero, y la creatividad del traductor, ¿dónde nos la dejamos? No hay que subestimar el poder deformador-constructivo de cambiarle el título original a una película. ¿Habría sido un éxito la disparatada “Agarralo como puedas” si le hubieran deja el nombre original “Airplane!”? Sinceramente, una peli que se llama “¡Avión!” no creo que llame mucho la atención.

Por no hablar de “Cadena Perpetua” (1994). Tim Robbins, en su papel de Andy Dufresne, nos dejó a todos la cara partida en aquella memorable escena final de su celda… Y no hubiera sido lo mismo si en nuestras mentes estuviéramos pensando en “La Redención de Shawshank” (“The Shawshank Redemption”). El problema es evidente: ¿cómo narices se pronuncia ‘Shawshank’ en español?

En el género cómico es donde podemos detectar que los traductores, a veces, no sólo eran creativos, sino unos auténticos cachondos. Es comprensible: si te pasan una obra del genial Billy Wilder, que tiene como protagonistas nada más y nada menos que a Marilyn Monroe, Tony Curtis y Jack Lemmon, en plena dictadura de Franco y que tiene como cabecera “Some Like It Hot”, ¿realmente qué puedes hacer? Los pobres hombres estarían todo apurados. “Oye, ¿‘hot’ no es ‘caliente’ o ‘cálido’? Igual al tío Paco no le hace gracia que pongamos una película ‘caliente’”. Y el compañero, porque seguro que trabajaban de dos en dos (como la pareja de la Guardia Civil): “Tú tranquilo, tengo en la cabeza un nombre que le viene como anillo al dedo: ‘Con Faldas y a lo Loco’”… Y empezaron a hacer la ola.

Otro caso se dio en 1975. Alguien debió pensar que a los Monty Python no los conocían ni en su casa, y que, por tanto, algo llamado “Los Monty Phyton y el Santo Grial” no podía tener éxito alguno. No sé si acertaron, pero “Los Caballeros de la Mesa Cuadrada y sus Locos Seguidores” se convirtió en un clásico del humor pese o gracias al título. Esa falta de medios y ese tufillo de los sketches del conejo asesino y del guardian del puente de la muerte los podemos establecer como precedentes, entre sus muchos seguidores, de la pandilla chanante.


Sin embargo, donde se movían como pez en el agua los “tituladores” era en las películas más “serias”. Algo tan aséptico como “Sunset Boulevard” pasó a ser “El Crepúsculo de los Dioses” (1950), más acorde a la historia que narraba de una estrella melagómana en decadencia y un guionista que tenía más cara que espalda. Si es que suena hasta poético “crepúsculo”, “dioses” (¿o es pedante?). O ese John Wayne, grande entre los grandes, que en Estados Unidos puede que fuera un “buscador” (“The Searchers”); pero aquí en España se transformó en uno de “Los Centauros del Desierto”. ¡Por dios! ¡Vaya diferencia! Estoy convencido de que hasta John Ford cuando se enteró del nombre que recibió ese filme en España pensó: “¡Mierda! ¿Por qué no se me ocurriría a mí? ¡‘Los Buscadores’! ¿En qué coño estaría pensando?”.

Otra posibilidad era que al traductor, perdón, a la pareja de traductores no le quedara otra que cambiar el título. “Con las Muerte en los Talones”, sí; “North by Northwest”, va a ser que no, por mucho que el director se llame Alfred Hitchcock. El público español se habría quedado con toda la cara de Chuck Norris al ir al cine a ver una película llamada “Norte cerca del Noroeste”. “Y eso por dónde queda, ¿por Blanes?”.

Aunque hay que reconocer que te puede salir el tiro por la culata. En 1988, vimos a ese John McClane, encarnado por ese tío grande de nombre Bruce Willis, enfrentarse, él solito y con un par, a todo un ejército de terroristas que había secuestrado un rascacielos de Los Angeles en plena Navidad (que hay que ser muy retorcido para hacer ese tipo de cosas en fechas tan entrañables). Pues allí estaba el tío, con la ayuda apenas de Carl Winslow (el padre de “Cosas de Casa”) a través de un walkie-talkie, descalzo, en crisis, con dolor de cabeza, demostrando que era un tío “Difícil de Matar” o, si lo preferís, “Duro de Matar” (“Die Hard”). En España, por aquella época, eso era ya demasiado de machito y muy poco “cool”, con lo que evidentemente, en un alarde de ingenio, decidimos que sería “La Jungla de Cristal”. “Brainstorming”: muerte, dificultad, alto, piso, cristal, lucha, pelea, héroe, selva, salvaje, jungla… “Sí, ya lo tenemos, ¿y si le ponemos ‘La Jungla de Cristal’?”. ¡Genial! La lástima fue que sacaran posteriormente otras tres partes, que evidentemente no se desarrollaban en rascacielos. Claro, ¿quién iba a pensar que al mismo tío le fuera a pasar lo mismo tres veces más? “Yipi kay yei, hijo de puta”, debieron pensar los “tituladores” cuando se enteraban de la preproducción de una nueva parte de la saga.

Supongo que ya todo esto está pasado de moda, y que es mejor que una obra se llame “Seven” en cualquier parte del mundo a que se titule originalmente “Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb” y en un país, por ejemplo España, pueda derivar en “¿Teléfono Rojo? Volamos hacia Moscú”, con un porcentaje de 0% de coincidencias en la traducción. Bueno, no nos quejemos, que a fin de cuentas más tela tienen los americanos, que “traducen” la movie al completo (no sólo el título y el guión, sino actores, directores y escenarios): ¿o nos hemos olvidado de “Abre los Ojos”? “Toooooooooom! Toooooom!”.

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Web del autor: MSantaella

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