Un lugar donde quedarseCuando se estrenó a principios de este año la fabulosa “Confesiones de una compradora compulsiva”, esa secta, probablemente satánica, que constituyen los críticos de cine la tacharon de inoportuna y hasta de insultante. Los mismos que muy poco antes habían puesto por las nubes “Revolutionary road”, la cual yo encontré el doble de extemporánea. Con la que está cayendo, y Mendes seguía empeñado en demostrarnos que el peor destino posible es ser un estadounidense de clase media, con su trabajo, su casa, su coche y resto de equipamiento de serie. Aquí Mendes acabó de reventarme, pero desde la sobevaloradísima “American Beauty” no lo tragaba. Mi innegable bonhomía me ha llevado a darle otra oportunidad, y no me arrepiento.

Mendes cambia de tono. Como Mike Leigh en “Happy, un cuento sobre la felicidad”, se pone optimista, aunque en la medida de lo que puede, porque hablamos de un individuo quejumbroso y aguafiestas sin remedio. No es que este se ahorre los discursillos sobre la deriva de América y sus habitantes, ni que muchas veces deje de pintar a dichos habitantes como individuos alienados y grotescos, pero compensa la balanza con la pareja protagonista (impagables John Krasinski y Maya Rudolph), cuyo amor parece bastante más sólido que el odio de Mendes por su país de adopción, que ya es decir.

Otra ineludible referencia para esta “Away we go” es Jarmusch. El director y sus guionistas han tomado muy buena nota de “Broken flowers”. Según mi humilde punto de vista, Mendes siempre carecerá de la mirada “superior” del de Ohio, de su lacónica pintura de personajes y de su humor esquinado y compasivo en el fondo, pero para gustos, los colores. Cierto que a algunos de los tipos humanos de “Away we go” los echamos de más por estrambóticos y caricaturescos en exceso, y que ellos provocan que el filme esté descompensado, pero las buenas intenciones de Mendes (básicamente, dejar de ser un cenizo) y el final más redondo que hayamos podido ver en lo que llevamos de este 2009 redimen el filme.

Hay quien lo ha tachado de innecesario en la carrera de su autor, e incluso de precuela de “American beauty”, aunque yo prefiero considerarlo una secuela de “Buscando un beso a medianoche”. Y, como ya he dicho, se trata de lo único que puede soportar de Mendes cualquier anti-mendesiano, como el que suscribe.

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Web del autor: Dos para las tres

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