Un tipo normal, un tipo como cualquiera de nosotros. Un chico que podría ser el vecino con el que nos cruzamos a diario fue el elegido por los dioses de este deporte para abanderar el triunfo de una selección española que se ha erigido en el paladín del nuevo fútbol talentoso y ofensivo. El honor podría haber recaído sobre las espaldas de cualquier otro, todo jugador español habría pagado millones por poder entrar en la historia de la forma que lo hizo el tipo del que os quiero hablar hoy, pero el destino, más sabio que nunca, quiso que ese histórico premio acabase en las manos del número ‘seis’ de ese rojo conjunto que se mueve al servicio del fútbol.

Minuto 117 de partido, prorroga tensa, dura, incierta. La justicia deportiva andaba de camino, nuestro protagonista se estaba mostrando como el mejor jugador sobre el terreno de juego de largo, sobre todo en la el segundo acto del encuentro y en el tiempo extra. Balón que lleva a sus botas ejecutando un tacón imposible, jugada que sigue desde el otro lado del campo y que tras unos segundos, el de ahí arriba se encarga de volver a poner el jabulani a sus pies, balón que controla dentro del área para enganchar el disparo de su vida, chut cruzado a media altura que significaba el comienzo de una nueva era para este bendito deporte. Nadie mejor que este chico para hacer de ecuánime justiciero en este campeonato, un chico que ha conseguido hacer de este triunfo la victoria del fútbol por encima de cualquier otro argumento. El domingo, este tímido y pausado chaval certificó la eficacia del denostado “juego bonito”, juego ofensivo e imaginativo que desde hace 40 años lleva la etiqueta del fracaso mundial tras mundial.

Este bonachón tipo nacido en Fuentealbilla es especial. Y no hablo de sus dotes futboleras, aptitudes que resultan más que evidentes a los ojos de cualquier seguidor de este deporte. Me refiero a algo más importante que todo eso, en mi opinión. Hoy quiero hacer hincapié en la personalidad y el carácter de este advenedizo héroe que crece a pasos agigantados.

El seis de esta selección es un futbolista poco común. Su imagen, carácter y comportamiento se encuentra en las antípodas de todo lo que percibimos en el fútbol de alto nivel en estos días. Nuestro pequeño héroe podría ser cualquiera de nosotros, el hijo del panadero, nuestro compañero de universidad, ese compañero de trabajo del que todo el mundo habla bien. Su luz está al otro lado de los dioses de este deporte. Es fascinante ver como un tipo de su edad y en su privilegiada situación se mantiene al margen de cualquier síntoma de grandeza, apartándose enérgicamente de divismos y “frikadas made in top players”.

Y es que este chico no lleva pendientes, no se peina a la última moda, ni siquiera viste de manera diferente a cualquiera de nosotros. Tipo sin excentricidades en su vida, tranquilo, de humilde discurso y vida familiar, en resumen, todo lo contrario a lo que estamos acostumbrados a ver en este falso mundo. Cuesta tanto encontrar en estos niveles del éxito a deportistas de la grandeza humana de nuestro protagonista que su simple existencia resulta extraña, existencia tan particular que simboliza un enorme soplo de aire fresco en las altas esferas de este putrefacto planeta fútbol. Este personaje es puro oxígeno que nos libera por unos instantes de impostores con ferraris que lucir, de estrellas sin brillo personal alguno, del papel couché que todo lo invade, de fariseos vividores a costa de la ilusión de unos cuantos y de chulos de altas horas amantes de armas y desfase.

Muchas han sido las veces que me he planteado la justicia del sueldo de este gremio, en demasiadas ocasiones he pensado sobre si esta afición merece la pena. Como seguidor de fútbol que soy me he sentido en tantas ocasiones humillado y avergonzado por actitudes de supuestos dioses de esta profesión que me llevaban a valorar a menudo el sentido de mi pasión por este juego. Mil veces me he sentido un simple número en la cuenta de uno de estos “pseudodeportistas”, un mero ignorante más al servicio del ego de estos caníbales de fama y dinero.

Pero con tipos como nuestro pequeño gran héroe todo esto se olvida. Este chaval debe ser el ídolo de toda una nación, es el mejor ejemplo a seguir por todos aquellos jóvenes que idolatran este deporte. Por este tipo merece la pena pagar el precio de la más cara de las entradas, sin duda. Este versátil y talentoso centrocampista deja a los CR, Benzema, Ibra,Beckham y compañía a la altura del betún, un tipo que con su forma de ser desenmascara a tanta mentira escondida tras relucientes camisetas.

Hoy yo quiero ser él. Como a todos, me habría encantado sentir la sensación de patear ese balón con destino al alma de todo un país en el instante en el que las ilusiones se desvanecían y el horizonte comenzaba a difuminarse. A cualquiera le habría gustado sentirse el “rey del mundo” en un instante tan cinematográficamente emocionante como ese, ahora bien, si hoy quiero llegar a ser este chico es sobre todo por sentirme la mitad de buena gente de lo que lo es este albaceteño.

Si hoy tienes dudas acerca de que camiseta comprar, que póster poner en tu habitación o simplemente, a quien imitar, no lo dudes ni un instante, en nuestra selección hay un tipo extraordinario que lleva el numero 6 a la espalda, calvito, de color casi transparente y poca cosa que aparte de jugar a esto como los ángeles nos hace a todos mejores día a día.

Como habréis podido deducir, estoy hablando de DON ANDRÉS INIESTA, un tipo que cuenta con el extraño don de parecer alguien normal dentro de esta absurda burbuja.

Solo me queda darte la enhorabuena, Andrés, te lo mereces. Sin lugar a dudas este deporte necesitaba héroes como tú.