Universos Paralelos
Oct 5
Siempre sueño en conocer el Louvre, el museo más importante del mundo.
Quince millones de personas lo visitan anualmente. Desde muy temprano el público revolotea en las puertas para sumarse a la estampida inicial que poblará sus famosas salas. Los portales se abrirán y acelerados pasos brotaran entre sus brillantes pisos para llegar a la sala de la dama más visitada de esta monumental casa: “Gioconda”.

Un enjambre de manos y cámaras buscan su espacio entre esta enorme medusa de brazos para aprovechar los pocos segundos que la visita estipula, debido al flujo humano que coagula en toda la sala.
Es sábado.
Del otro lado del mundo me apuro por cruzar rápido la calle, las manitos frías de mis hijos se conectan a las mías, como prolongando las alas que los cuidan de los veloces taxistas tucumanos. En esta ciudad pequeña todos andan apurados, parecen una gran bandada de flamencos persiguiendo primaveras alejadas. Entre tanta inercia corporal las calles parecen las venas de un hipertenso.
Falta menos.
No muy lejos del núcleo central de la ciudad nos espera un pequeño oasis, un latido calmo de este corazón de casas y edificios. La puertita verde no se destaca de las demás puertas de la calle, esconde con disimulo un gran tesoro inmaterial y místico. El timbre interrumpe la paz interior del lugar delatando la nuestra presencia. Seguramente los duendes invisibles que habitan esta casa ya salieron corriendo a ver quien asoma y se enroscan en las piernas del caballero que viene a recibirnos.
El reino de Norita y Ramón
Son dos personas como salidas de un cuento de García Márquez, como dibujos, como pinturas con alma. Realismo mágico puro.

Ramón es un señor, de personalidad alegre y amistosa, pero marcadamente correcto para navegar las aguas de lo justo, gran conocedor de la cultura popular y admirador de la literatura poética nativa argentina. Habla de la música y sus autores como un naufrago al ver un velero en el horizonte, habla con sed, con pasión, habla con sabiduría. Defiende lo nuestro como un guardián, como un caballero.
Cruzamos los pasillos hasta llegar al famoso “Patio de los Veliz”. Bautizado así por la infinidad de poetas, músicos y artistas que se han sentado a la soleada mesa que se enarbola entre las plantas de mandarina y limón. Sus cuerpos abandonaron el lugar, pero los ángeles que los cuidaban, quedaron presos del encanto del lugar.
El Louvre me está quedando distante en el pensamiento.
Seguramente La Gioconda de Leonardo ha de darme alguna cita algún día. Otra dama la eclipsa este mediodía con sus carcajadas casi musicales que se funden en abrazos con el aire.
Norita, monopólica regadora de cariño, arrebata atenciones a su paso, creando efímeros motivos para brindar por la vida, chocando copas en su colorida mesa servida.
Las historias brotan de sus almas como vergeles inagotables. Sacan al sol pinturas y dibujos de amigos pintores que algún día van a colgar en sus paredes. Un quijote con ilustraciones de Dalí pasa de mano en mano, mientras se brinda por la vida.
Ya me olvidé del Louvre.

El quijote de Dalí reposa entre las copas ya vacías de liquido, pero llenas de afecto. El sol se arroja de cabeza sobre los cerros del oeste tucumano, en pocas horas derramará su tinta roja en el horizonte y los duendes de los Veliz reposarán en los rincones esperando que Norita abra las alas de sus manteles y Ramón encienda como un mago las brasas de su parrilla para celebrar la amistad… sublime, inmaterial y pura.
Alguna vez iré al museo de París… ¡y como voy a extrañar el Patio de los Veliz!
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Web del autor: Mario Albarracín
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Imágenes: Cedidas por el autor.
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about 5 months ago
Precioso el post.
saludos
about 5 months ago
Qué cálido post, felicitaciones Mario.
about 5 months ago
Muchas Gracias por las palabras y por pasar de visita.
Mario.
about 3 months ago
grande marito!