Esto serían en muchos casos unas vacaciones deseadas.

Esto serían en muchos casos unas vacaciones deseadas.

El primer incidente se dio a conocer durante la primera parada programada del viaje.

No hubiese hecho falta que aquella gente les hubiera indicado gentilmente la avería para que los propietarios del coche se hubiesen percatado de la preocupante mancha de aceite en expansión que emergía bajo el capó.

Y, por si fuera poco, el origen no podía ser más surrealista: el depósito de aceite se encontraba totalmente abierto, con el tapón justo al lado. La deducción correcta no tardó en salir a la luz: durante la puesta a punto del vehículo, a la hora de cambiar el aceite se había dejado el compartimento de éste abierto, quedando el tapón, para más inri, justo al lado, como si se tratase de una broma pesada de mal gusto. Cómo el coche no se había parado en mitad de la autovía era toda una demostración de lo caprichosa que puede llegar a ser la buena suerte.

Cuando toda la familia se reunió para desayunar en aquel bar de carretera, el cabeza de ésta se levantó de la mesa para anunciar a su hijo mayor: “Venga, vamos a trastear en el motor.” A consecuencia de sus palabras, a su hijo casi produce la incómoda situación al resto de la familia de ver cómo alguien expulsa por la nariz el café con leche. Y, sumado al incidente de la aceite y a las horas del día en las que se encontraban, no era un espectáculo nada agradable.

Su padre añadió que aquello era una tarea de hombres. El joven, por su parte, consideró la posibilidad de anunciar que él siempre se había considerado un nenaza, pero puesto que aquello no le libraría de trastear en el motor, no lo consideró necesario. Apuró el desayuno mientras le dedicaba unas palabras a su hermano pequeño, con la vaga esperanza de que éste, contra todo pronóstico, les ayudase. Y tal y cómo era de esperar, éste le ignoró.

Todos los hombres de la familia habían heredado en mayor o menor medida, la habilidad de abstraerse de todo cuanto les rodeaba, en cuestión de un puñado de segundos. Y se trataba de algo sumamente útil en muchas ocasiones, pese a los inconvenientes que podía acarrear en algún que otro momento inoportuno. El benjamín de la familia era el que mejor dominaba la técnica, que emplea sin pudor alguno en cualquier momento que creyese conveniente. Y eso significaba que pasaba ausente la mayor parte del tiempo. Su hermano mayor, por el contrario, se lamentó de no haber tratado de ignorar las órdenes de su padre, mientras lo seguía y se mentalizaba para realizar lo mejor posible la tarea de limpiar y reponer toda esa aceite perdida.

Tras solucionar el problema, la familia se puso en marcha, no sin antes revisar que el compartimento del aceite estaba perfectamente cerrado. En el asiento trasero, flanqueado por su hermano pequeño y su abuela, el joven se recostó mientras recordaba aquella frase que le había hecho tanta gracia tiempo atrás, y se preguntó, no sin cierto tono de angustia en su mente, hasta qué punto sería cierta:

“¿Y tú, qué tal has pasado las vacaciones, bien o en familia?”

——-

Web del autor: Pasemos del señor Farolillo Rojo

Pincha en las imágenes para verlas en grande.
Imágenes: Google.com
Este blog no se hace responsable de las opiniones expresadas por el autor en este artículo.